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Alberto Damián Luberta Noy

Los 96 años de la radio y los 78 de la televisión tienen ya un panteón de figuras que forman una estela de luminarias que se recuerdan siempre. De los últimos en llegar, porque estuvo entre nosotros hasta hace poco tiempo, figura Alberto Luberta.

Luberta fue de extraordinaria trayectoria en el humorismo, uno de los géneros de más arraigo popular en el público cubano.

Establecer una valoración de los fecundos de su existencia y de su aporte, sugiere observar que comenzó en los medios cuando era un adolescente que ingresó en la década de los 40s en la poderosa empresa CMQ en la que se desempeñó como copista de guiones y libretos.

Luberta desde edad temprana se distinguió como un gran mecanógrafo y aunque tenía inquietudes y vocación como escritor, prefirieron mantenerlo en la máquina de escribir aunque algunas pequeñas oportunidades le permitieron asomar tenuemente la garra de creador.

Durante la tiranía de los años 50s por sus vínculos con actividades  revolucionarias se vio obligado a un exilio en Venezuela hasta el triunfo de la Revolución. De regreso se produjo su explosión como escritor y lo hizo para la radio y la televisión hasta que a mediados los años 60s la dirección de la emisora Radio Progreso recabó sus servicios. Comenzó así la gran tarea que transformó con su estilo el espacio humorístico ¨Alegrías de Sobremesa¨ hasta convertirlo en el más extraordinario de su género en la Radio Cubana.

Es indiscutible que Luberta acusa un grado de madurez y de concreción que definen un estilo personal y de notable originalidad. Los temas en que se basaban los autores que le precedieron respondían a la circunstancias de la época  en que se trataba de las contradicciones de clases, las figuras políticas.

Los eventos deportivos y acaso la burla contra gentes y hechos sociales de moda. Por sobre todo eso aleteaba la sombra de ¨Liborio¨, el personaje que representaba las desgracias de Cuba y se reflejaba en el choteo, que era la forma popular de enfrentarse a las injusticias y a la impotencia de un pueblo de que se decía que hacia ¨de tripas corazón¨.

El humorismo que aborda Luberta no tiene nada que ver con aquellos argumentos. Él sabe que se enfrenta a situaciones sociales y políticas distintas y por lo tanto busca sus nutrientes en otras fuentes algo así como las relaciones triviales y sencillas que son el cotidiano consumo de la gente. De esta manera alcanza la difícil sencillez de la forma expresiva en personajes creados por su imaginación y que constituyen caricaturas de hechos y personas.

Impulso intuitivo y talento natural tiene presente que los sociólogos definen el humorismo o la vis cómica como la coincidencia en un mismo objeto de dos corrientes simultáneas y contradictorias.

Históricamente el humorismo cubano adoptó como bases estructurales a personajes que eran capaces de producirlos por si solo por una parte y por otra de acuerdo a situaciones forjadas por los creadores. Luberta no elude ambas dimensiones. Las situaciones que forja son  consecuencia de una rigurosa observación de ambientes y de cuanto lo rodea.

Con su desaparición lo hizo también el programa y hubo quejas por ello. La emisora contesto que aquello solo podía escribirlo Alberto Luberta.  Mi opinión es que eso es verdad porque hay que reconocer que con su estilo y su talento ha dado origen a una especie de escuela por lo que quienes quieran seguirlo deben estudiarlo y buscar las vías metodológicas de su actividad creativa.

El crítico español Juan Cuatrecasas refiriéndose a los países de origen hispano dijo:

los pueblos que ríen no necesitan del consuelo metafísico de la tragedia¨. 

Alberto Damián Luberta Noy acreditó esa condición del pueblo cubano creando estímulos notables para hacerlo patente.

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