La familia siempre me ayudó a salir adelante

Recuerdo que cuando yo era un chiquillo y me enfermaba quería que mi abuela viniera para mi casa. Mejoraba con su cariño.

Luego cuando fui creciendo y abriendo puertas, cada vez que tenía un problema o duda, aunque no los compartiera con ellos, o no lo supieran, bastaba para animarme estar un rato en aquella casa de mi abuela en Santos Suárez, siempre colmada de tías con sus esposos y mis primos.

En la foto, mi equipo de radio hoy. Chiqui, Querol y yo. Faltan en la imagen Torga, Manuel, Abraham, Yaima, el Puma y Darío pues algunos pueden trabajar desde sus casas. Hemos acumulado juntos el tiempo y las emociones suficientes como para sentirnos que somos como una familia extra a la sanguínea o de pareja, algo que solo lo logran los años y el mismo gusto por la profesión.

En el país hay cien emisoras. Esa cifra significa que hay miles de familias como ésta laborando a cualquier hora en las cabinas de este archipiélago. El gremio es universal. Así que la cifra se multiplica en todo el mundo, desde Lombardía hasta San Francisco. La radio no es la fuerza que va a derrotar al virus astuto que tiene el planeta en vilo. Al virus solo pueden derrotarlo los ejércitos de científicos, la voluntad de los gobiernos y las conductas responsables de los ciudadanos.

Sin embargo, la radio realiza una contribución colosal en la lucha contra la pandemia. Brinda información científica fiable, orientación oportuna y veraz sobre prevención y destaca actitudes humanistas. Junto a ese caudal de datos, la radio proporciona el entretenimiento que necesitamos aún en los momentos más difíciles: las canciones que preferimos tararear, quizás las melodías que nos recuerdan momentos de dicha, o la música que nos ayuda a dibujar el porvenir.

García Márquez refiriéndose a John Lennon dijo que la nostalgia siempre empieza por la música. Hoy la nostalgia se mueve hacia el futuro. Y quizás algunas canciones vuelven a sonar para recordarnos lo felices que éramos.

Y porque la felicidad nunca puede quedar al margen, llegamos cada día a la emisora y seguimos ilusionándonos cuando se enciende el lumínico EN EL AIRE. Durante la transmisión, cuando observo a Chiqui actuar en la computadora y a Querol anunciar las canciones de nuestras vidas, o los ritmos que estremecen el cuerpo, siento que pertenezco a una familia. Y la familia siempre me ayudó a salir adelante.

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