Rubén Stuart: amo la radio con todas las fuerzas de mi ser

Con esa emotiva frase, se inició este diálogo con el operador de audio, grabador y editor, Rubén Stuart, a quien me unen indisolubles vínculos de índole profesional y afectivo-espiritual.

Stuart, como lo conocemos en la Onda de la Alegría, cursó estudios técnico-profesionales de operador de audio, realización y edición en la emisora provincial Radio Cadena Habana, y al concluirlos satisfactoriamente, se incorporó a Radio Progreso, y con posterioridad, comenzó a simultanear también con Radio Enciclopedia.

¿Cuál fue la motivación fundamental que inclinó su vocación hacia la profesión (operador de audio, grabación y edición), que desempeña en la actualidad, sobre todo en el medio radiofónico?

Desde muchacho, siempre me gustó la radio, me agradaba escuchar los programas que se transmitían: novelas, Nocturno y otros espacios. Después, un amigo —que había cursado estudios en esa especialidad— me avisó para que me integrara a ellos, así lo hice y aquí me encuentro […], en el seno de un gran colectivo de compañeros y pienso finalizar en Progreso mi vida laboral activa.

El finado operador de audio, grabador y editor, Juan Esteban Nápoles en una entrevista que me concediera con motivo del cumpleaños 80 de la Onda de la Alegría, comenzó diciendo: «la profesión que ejerzo con un amor inmenso y un gran sentido de pertenencia y de la responsabilidad tiene un indiscutible componente técnico y otro artístico». ¿Está usted de acuerdo con el planteamiento de su fallecido colega o piensa que deviene el resultado de la pasión que sentía por la meritoria labor profesional desarrollada en vida, en la cabina de transmisión?

Estoy completamente de acuerdo con el criterio sustentado por el desaparecido colega, Juan Esteban Nápoles, ya que nuestro trabajo tiene una base técnica inobjetable, pero el resultado debe —y tiene— que estar signado por un componente estético-artístico por excelencia. No olvidemos la antológica frase del maestro Manolo Ortega, Premio Nacional de Televisión, en que caracteriza a la radio como «sonido para ver», y en esa frase no solo están involucrados los artistas, guionistas, realizadores y directores de programas, sino también los operadores de audio, grabadores y editores.

Como miembro de la gran familia de Radio Progreso, ¿qué significa para usted el hecho de que la Onda de la Alegría haya llegado al nonagésimo aniversario de su salida al éter, y cómo piensa festejar el cumpleaños 90 de la Emisora de la Familia Cubana?

Me siento satisfecho que un medio como Radio Progreso llegue a cumplir 90 años con tanta gloria y sacrificio por parte de muchas personas tan importantes que le han entregado a la Emisora de la Familia Cubana los mejores años de su vida para optimizar su variada parrilla de programación, que es única e irrepetible en nuestra geografía insular y fuera de ella.

Por otra parte, pienso celebrar el nonagésimo aniversario de la salida al aire de la Onda de la Alegría con un trabajo mucho más profesional desde todo punto de vista.

De las anécdotas, vivencias y experiencias acumuladas en el lapso que lleva laborando en Radio Progreso ¿podría relatar alguna que le haya dejado una impronta en su archivo mnémico?

 Hay varias, pero hay dos que recuerdo con mucho afecto, cariño y respeto: la primera es haber trabajado junto a la maestra Lilia Rosa López, Premio Nacional de Radio, y voz que identifica a Radio Habana Cuba, a Radio Progreso, así como al segmento de Salud Mental que usted escribe para la revista dominical RP-105. Da gusto ver la profesionalidad con que Lilia Rosa graba de una vez, y sin equivocarse, los guiones, no solo los suyos, sino los de otros autores que escriben para los diferentes espacios de la emisora. Es un privilegio que todos deseamos tener.

La segunda es la ayuda incondicional que recibí, y todavía recibo, del colega Isbel Acea, quien me apoyó en todo momento, dedicó muchas horas a mi entrenamiento y me fue enseñando los secretos de la profesión que él y yo ejercemos.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?

 Claro que sí, pienso que hay que amar la radio con todas las fuerzas de nuestro ser, y fundamentalmente, tener disciplina, compromiso, ética y responsabilidad; llaves que abren las puertas de ese mundo mágico que contribuye —con creces— a estimular y desarrollar la imaginación humana: el universo radiofónico. 

 

 

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