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La radio y sus públicos

radio-oyentes-radiocubanaradio-oyentes-radiocubanaEn el mundo de la Radio, cada vez que ponemos una idea en marcha pensamos en dos elementos clave: el "qué" y el "cómo". Ambos son inherentes a todo proceso creacional, independientemente de los muy discutidos puntos de vista sobre si la radio es - o no – un producto artísticamente elaborado.

Tras las respuestas a dichas interrogantes se impone caer en la cuenta de cuál va a ser el destinatario, es decir, el público al que dirigimos el producto radial, llámese programa (incluyendo los noticiarios) o mensaje publicitario.

En verdad todo esto – las claves y el conocimiento del destinatario – constituyen procesos simultáneos que únicamente se mencionan por separado como recurso de abstracción para su estudio. Son procesos interdependientes.

Es muy importante conocer el destinatario (o los destinatarios), pues a partir de ese presupuesto se toman en cuenta aspectos como el ritmo de desarrollo del espacio, los tonos de las voces a emplear, su dramaturgia, el tratamiento de fondos musicales – si lo amerita –, así como las producciones musicales mismas, si es que el proyecto concibe la difusión de tales.

Todo lo anterior es válido para lograr coherencia y unidad radial en correspondencia con el proyecto del programa, pero... ¿existe algo más a considerar? Me parece que sí.

El destinatario del programa es, desde el punto de vista corporativo, el público objetivo: el consumidor. Es lo que se denomina en la ciencia organizacional el "target". Un estudio previo y con el mayor rigor científico – en profundidad y sin improvisaciones – puede darnos exactamente esa información como recurso para implementar la acción subsiguiente.

Quizá algunos se molesten con esto que reflexiono, pero a ciencia cierta la puesta en marcha de un proyecto radiofónico constituye, además del desarrollo de una inquietud creativa, el empleo de recursos materiales y humanos que siempre debieran significar inversión, y jamás gasto.

No se trata de llamar a imponer un "economicismo" en la Radio que, lejos de optimizar pudiera tender al simplismo y la mediocridad sacrificando cualquier proyecto loable en aras del "no gastar". El "economicismo" es aberrante; lo válido es el análisis de la viabilidad económica en función del cumplimiento de cada objetivo.

Regresando al tema del "target" o público objetivo, siempre debemos poner luz larga en nuestra relación con el público general; los niveles de realización necesitan que ese público general sea tomado en cuenta. ¿Por qué? Porque siempre se nos escuchará por un público increíblemente más amplio que aquel al cual nos dirigimos en particular.

Si el programa – desde el guion hasta el último detalle – posee atractivo y buen gusto, con certeza ampliaremos el espectro de nuestra radioaudiencia. Además, el público general puede convertirse en un excelente agente de difusión de nuestro producto radial en sectores del "target" que desconocen la existencia de un espacio destinado a ellos. Viene a ser, si la comparación es lícita, nuestra gestión de "marketing" radial.

Es lamentable que en muchas ocasiones se sacrifique – mejor dicho, se ignore de plano – al público general en aras de restringir la realización a un público objetivo.

Apelando a factores psicológicos, no ignoremos que individuos de públicos que no tomamos en cuenta pueden interesarse en nuestros productos radiales. De la misma manera que a gente joven le fascina lo "retro", existen grupos de edades a quienes les interesa lo novedoso, incluso la llamada "new age".

¿Qué hacer entonces? Crear y hacer Radio, estudiar los públicos y sobre todo elaborar programas y mensajes de calidad creciente en función de los intereses y necesidades del mayor número de destinatarios. Tener en cuenta los públicos objetivos – destinatarios específicos – sin olvidar que cuando un programa sale al aire puede recibir aceptación o rechazo por cualquier público, sea o no al que destinamos nuestro quehacer.

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