Radio Revolucionaria en Revolución

Cuando el 16 de noviembre de 1960 todas las radioemisoras cubanas pasaron a manos del pueblo, se consumó un hecho de alcance nacional en la historia de nuestros medios de difusión. Hasta entonces la radio en Cuba, con acontecimientos y avances incuestionables en su contexto latinoamericano y mundial había sido, salvo excepciones, un medio destinado a la propaganda comercial. Parte considerable del tiempo se destinaba a la difusión musical, unida a los anuncios, espacios noticiosos y programas de llamadas telefónicas. Merece reconocimiento el éxito de los programas dramatizados, donde brillaron escritores, directores, actores y actrices que siguen siendo orgullo de nuestro país. Pero, por encima de todo, la llamada radio de servicio público tenía su razón de ser en los anuncios comerciales que sufragaban los costos para las transmisiones y la logística requerida.

En los primeros años de la Revolución Cubana comenzó a forjarse una radio con tendencias y conceptos diferentes, si bien heredera de lo mejor de su quehacer, por tradición y talento de quienes la forjaron, muchos de ellos continuadores en el medio. Más allá del trascendental acontecimiento histórico en sí mismo, se marcó un parteaguas a partir del cual nació una radio inmanentemente revolucionaria.

Hablar de una radio revolucionaria en Cuba es cuestión que asume doble dimensión. En primer lugar, por constituir un medio de difusión que desde entonces centró su principal objetivo en difundir el quehacer de todo un pueblo enfrascado en la forja de su nueva sociedad; en segundo, porque la radio en Cuba se hizo revolucionaria en sí misma a partir de nuevos criterios de realización que maduraron progresivamente, ello como parte de la cotidianidad y las nuevas experiencias, así como por la búsqueda de formas novedosas en el arte de hacer y decir la radio.

En el concepto de una radio revolucionaria interactúan la concepción de un medio que forma parte de un proceso político-económico-social en específico, para lo cual, inspirado en lo mejor de su herencia, partió a la búsqueda de fórmulas nuevas para replantear su labor; fórmulas éstas que han estado en constante interacción dialéctica.

Revolución en la Radio Revolucionaria no constituye una mera frase. Si se estudia la trayectoria de la Radio Cubana desde 1960 a la fecha podrá concluirse que en cada década, por sus cambios generacionales y particularidades históricas dicha radio ha cambiado y cambia siempre en sentido progresivo hacia un desarrollo cuantitativo y cualitativo.

Nuestra radio tuvo un periodo inicial de centralización de los medios. Esto se produjo con las cadenas provinciales de las antiguas seis provincias y una estación por cada región. Luego, con la Nueva División Político Administrativa, se incrementó la cantidad de provincias en el país. Este proceso dinamizó el surgimiento de nuevas radios provinciales. En nuestros días somos testigos y protagonistas de muchas radios municipales y comunitarias que con nuevas tecnologías transmiten en función de prioridades locales específicas.

Actualmente los recursos tecnológicos de punta, fundamentalmente la digitalización, han llegado y siguen llegando para enriquecer las posibilidades de nuestras radioemisoras. La tecnología trajo consigo la especialización, y ésta implica mayor calidad del producto radial terminado desde el punto de vista técnico-artístico, a la par que ha devenido fuente de empleo y posibilidades para nuevos profesionales.

Quedó atrás, en buena medida, el concepto “pone-música” de la radio; quedó atrás también la manipulación para imponer el consumo de productos y servicios. Al dejar de constituir un “negocio” más, nuestra Radio Cubana goza de una dignidad y prestigio ganados como herencia de su mejor tradición y del más denodado esfuerzo de sus realizadores.

Es cierto que no todo es color de rosa, quedan muchas lagunas por vencer y, sobre todo, la concienciación de algunos que, siendo de la radio, no están imbuidos del profesionalismo que el medio y la época histórica reclaman. Junto a una radio meramente “complaciente” debe seguir abriéndose paso otra cada vez más comprometida con su misión educadora, cultural y forjadora de valores, abierta a nuevas realidades. Cada época tiene su signo, y la sabiduría de cada uno consiste en la capacidad de interpretar el signo de su época. Es ese justo medio lo que cabe procurar, y en el que estamos llamados a desarrollar nuestro quehacer de hoy.

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