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Musicalización: Paradigmas en el dramatizado radial cubano (I)

¿Qué sucede cuando Antonio Maceo y otros próceres de la independencia cubana mueren sobre los acordes de la “Fanfarria para un hombre común” de Aaron Copland; o “Manuel García, el rey de los campos de Cuba” cabalga con la música de “Los siete magníficos” y los policías actuales se acompañan de las melodías de “Matrix” o “Misión Imposible”?

Ha sido el desarrollo e imposición paulatina de los medios de comunicación en la sociedad contemporánea quien ha condicionado la validación de una especialidad que tiene raíces tan pretéritas como la existencia humana. Desde la antigüedad, la relación del ser humano con su entorno sonoro y la producción de sonidos, armónicos o no, nos habla de la práctica y evolución que ha hecho nuestra especie para transformarlos y conseguir objetivos precisos. Objetivos encaminados a la producción de sensaciones otras, de producir entornos arquitectónicos, o directamente sonidos que influyan, provoquen, concentren y hasta controlen nuestras emociones.

A través de la historia de la música, de todas las músicas, a través de la historia de la arquitectura, todas las arquitecturas, y el devenir de la creación de espacios urbanísticos y rurales, podemos asistir a buena parte de la historia y evolución humana para producir sensaciones sonoras específicas. Y aunque la música tienda a protagonizar cuando pensamos en elaboración de sonidos, no podemos obviar la importancia de las sonoridades naturales.

Las descargas eléctricas, las variadas interacciones del aire y las aguas en el espacio terrestre, todos acordes a su intensidad y geografía; constituyen ejemplos de sonidos naturales que han signado las emociones humanas en relación a su tono, timbre e intensidad. Los mismos son referente primigenio cuando se pretende elaborar un universo sonoro capaz de provocar variadas sensaciones. A partir de ellos se ha construido un sistema de representación basado en la respuesta humana a las diferentes ondas sonoras.

La musicalización y ambientación encontró en las diversas formas del espectáculo artístico uno de sus sustentos más reconocidos y en las representaciones dramáticas podemos afirmar que encontró su hogar. Por supuesto, es en los medios de comunicación masiva donde se desarrolla y se hace imprescindible.

La historia de la especialidad en la radiodifusión cubana está determinada por una práctica singular. En el caso de los dramatizados, se musicaliza creándose una forma artística de comunicación a partir de diversas condicionantes:

a)  Está inmersa en una producción en serie. Se produce sin pausa, no existe la postproducción, al menos no es lo habitual.

b)  El producto se fabrica en breve espacio de tiempo, donde el musicalizador(a) debe hacer gala de rapidez y precisión, demostrar pericias en la utilización del equipamiento a disposición.

c)  Se preparan los programas haciendo uso de uno o varios archivos de música y sonidos, y como es lógico con los conocimientos acerca de lo que estos contienen.

d)  Se parte de un guión, en el que deben estar plasmados el punto de vista del (la) guionista, asesor(a) y director(a).

e)  Por limitaciones económicas, la contratación de autores e intérpretes que elaboren música original para los programas.

Estas y otras condicionantes más específicas como la formación cultural del musicalizador(a), así como la capacidad, cualidad y posibilidad del entorno creativo en que se desarrolla, van a determinar el uso que este(a) va a hacer de los contenidos archivados. Contenidos susceptibles, representativos de la expresión de identidades y personalidades disímiles en el tiempo y la geografía.

Sin lugar a dudas, los archivos musicales y de ambientación son contenedores de la cultura sonora del mundo a través de la historia. Por las manos de un musicalizador, pasan constantemente estos contenedores culturales.

Desde su quehacer profesional, ellos pueden contribuir a formar estereotipos o a abrir la mirada hacia complejidades humanas. Es por esto que constituye un instrumento de innegable valor educativo, que puede ser utilizado para bien público o no. Si consideramos que su utilización muchas veces implica una descontextualización de los mismos, comprenderemos que al musicalizar estamos asumiendo los riesgos de una praxis controversial.

La descontextualización es una práctica común en la especialidad, que hoy podría hasta ser justificada desde la creatividad. Trabajar con archivos musicales en la producción de dramatizados radiales implica eso: concatenar épocas, lugares, emociones, dinámicas, atmósferas, puntos de vista, con melodías, ritmos, tonalidades, sonidos preexistentes.

La musicalización es una interpretación sonora de los textos, de los secretos que se esconden entre palabra y palabra. Esta labor es posible gracias a que la música y los sonidos constituyen una expresión abstracta en sí mismos. Actúan a partir de una dinámica de elaboración y apropiación de paradigmas, patrones, modelos preestablecidos que evocan  variados significados. Patrones y modelos que se han reiterado e impuesto a través de los años enriqueciendo la comunicación.

Sin embargo, los paradigmas establecen límites que generan incapacidad para resolver problemas de diversa índole. Implican una periódica necesidad de renovación. También gestan la revolución. La necesidad de destruir viejos paradigmas en aras de una identidad creativa.  ¿A qué paradigmas nos estamos refiriendo en el caso de la musicalización?

…Continuará…

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