La radio: sostenible o imaginable

Cuando  surgió la radio,  a inicios del pasado siglo XX, como medio de comunicación masiva lo primero que puso en crisis fue a los medios de comunicación que en esos momentos existían. Pero cuando apareció la televisión  muchos pensaron que en ese instante llegaba el ocaso del medio radiofónico.

A la televisión le han seguido otros medios, los cuales refuerzan el criterio de que ya la radio ha perdido su valía. Son muchos los adelantos tecnológicos que lo certifican. Si quieres oír música - atributo que la radio fue acomodando ante oyentes deslumbrados en esa forma de recreación- ya existen equipos sofisticados  que permiten estar oyendo música con la producción deseada independientemente del orden que tenga la producción original.

Sin entrar en más argumentos de los riesgos que el avance  tecnológico le impone  a la radio, quisiera compartir los compromisos que los propios creadores y directivos incitan a este medio.

Si pensamos que el medio en Cuba transita por una tradición de más de 80 años que lo hace invulnerable por el talento acumulado en sus creadores, lo cual permite su SOSTENIBLE  existencia,  es una afirmación incierta, pues muchos males y vicios ponen a este tradicional medio en riesgo de un retroceso si no se aplican las acciones que demanda esta época.

 Esos tiempos están sustituidos por otros que residen en imitar con los mismos productos comunicativos, violentar los niveles de su alcance, y sustraerse de los oyentes potenciales y hacer diseños para una audiencia hipotética, sin que la sustente ningún rigor científico, con desconocimiento de las características socio-culturales de la región geográfica que debe abarcar la señal, ignorancia   de las necesidades del público y lo que éste espera del medio.

La radio en su objetivo de transmitir mensajes tiene necesariamente que conminar al oyente hacia un cambio de actitud e incrementar el interés por conocer aun más lo que se le ofrece.  Debe utilizar el recurso de seducción,  y  crear la representación ideológica de algo, crearlo en la imaginación del radioescucha.   

La imaginación, elemento clave para el discurso radial, abre múltiples posibilidades para el encuentro diario con el oyente. Entonces, lo mejor es pensar en una estructura de programación flexible y en cada espacio radial emplear  diversas formas para iniciar, saludar y cerrar dichos programas, interrelacionarse con los oyentes, recibir y despedir las intervenciones telefónicas y la presentación de números musicales.

Un recurso utilizado en muchas  emisoras es el relacionado con el saludo a los oyentes. Y más que saludar, lo que se hace es dar lectura fría a una lista de nombres que si  el receptor del mensaje conecta la radio cuando se ha empezado a comunicar no sabe a qué se refiere porque en incontables casos no se reiteran las pretensiones. El argumento que se aduce, es que de esta forma de atiende al oyente como expresión de las relaciones oyente-programa.

Mi apreciación sobre este tema difiere y creo que la atención o relación con los oyentes transita en el modo de servirle con información útil, necesaria, esperada, y orientada a conocer dónde resolver sus problemas y no sólo escuchar la referencia a sus nombres, aunque existen algunos para los que sólo esa es su aspiración.

La estructura para la creación de un espacio radial no puede ser una camisa de fuerza; debe estar pre-establecido el trabajo a realizar. En ello es un factor importante el nivel de preparación que realice el colectivo, y que para cada emisión exista una estrategia y la táctica para cada minuto radiado.

Cuando esto no se observa ponemos en peligro al medio, al programa y es por ello que no pocas veces escuchamos afirmar que ese espacio es igual que otro. Desde luego se incumplen; el principio  de creatividad sostenida, búsqueda constante de elementos interesantes para la audiencia, la ejercitación del criterio de evaluación de cada puesta, y la sustitución o inclusión de aspectos que favorezcan y enriquezcan los contenidos.

A los oyentes de radio todo mensaje que se les transmita debe aportarles credibilidad, favorecida por muchos aspectos a la hora de comunicar: desde la forma en que decimos - donde es fundamental la profesionalidad del comunicador- la claridad del mensaje con lenguaje claro que no induzca burdamente la reacción esperada cuando se escuche;  que tenga implícito un servicio de cualquier índole para el receptor;  empatía con su realidad  circundante, que denote respeto aún cuando se someta a juicio critico desfavorable cualquier  aspecto de la sociedad donde se tenga relación; dejar en el oyente la posibilidad de una reflexión, no hacerla por él y básicamente procurar una relación  recurrente con su entorno.

You have no rights to post comments