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Cuba celebra el Día del Locutor

La locución y la radio son inseparables; ninguna puede prescindir de la otra. Es por eso que en Cuba celebramos cada 1º de diciembre el Día del Locutor. Son las voces de hombres y mujeres que hacen de nuestro recurso telecomunicativo, sea en Radio o Televisión, un medio para la información y la comunicación. Sin locución no existiría la Radio, al menos de la manera como hasta hoy la conocemos.

La locución es una profesión inherente al campo de la Radio; nació con ella. Al surgir la Televisión, el componente principal de ese nuevo medio lo son las imágenes en movimiento, posean o no una voz que las sustente. Un buen programa de televisión, en mi concepto, requiere ser entendido a través de imágenes animadas que prescindan de la voz. Si la historia que se cuenta a través de la televisión es comprendida sólo con imágenes en movimiento y gestos, entonces estamos frente a un producto legítimamente “televisible”. Por eso debemos distinguir entre lo “transmisible” – que lo es todo – y lo “televisible” y lo “radiable”, categorías ambas que dependen del cumplimiento de los códigos propios de cada medio en particular.

En el caso de la televisión, colocar un locutor o locutora, presentadores, entrevistados y entrevistadores frente a las cámaras, sin recursos como la ambientación, gestos y una escenografía adecuada, no es otra cosa que “hacer visible la radio”, aunque admito que pueden decirse cosas muy interesantes. Lo anterior se puede, siempre y cuando esté bien justificado. Un locutor ante las cámaras que da una noticia, no es otra cosa que “radio televisada” si no hay imágenes que la sustenten: ellas son las protagonistas. La Radio, en cambio, descansa cardinalmente en las voces, mientras otros recursos como música y efectos constituyen sonidos de apoyo. Son las voces de sus locutores encargadas principales de sugerir imágenes, y si no lo consiguieran, tampoco en su caso el propósito se cumple.

El Día del Locutor que celebramos este 1º de diciembre es motivo de satisfacción para la Radio Cubana. En estos ya más de 88 años de existencia heredamos talentos de la palabra que justifican nuestro orgullo. Tendríamos muchos que mencionar como Germán Pinelli, Consuelito Vidal, Ibrahim Urbino, Bellita Borges, Dinorah del Real y tantos de ayer y hoy, como otros, aunque menos conocidos a nivel nacional, marcan pautas en municipios y provincias del país.

Hace años que celebramos este día, y la satisfacción crece con la noticia de la reciente creación de la Federación de Locutores Hispanoamericanos, obra en ciernes que declaró el 27 de julio como Día de la Locución Hispanoamericana.

Además del justificado regocijo, la fecha exige aceptar nuevos desafíos. La profesión de locutor debe ser respetada siempre en toda su dignidad, y ese respeto comienza por casa. ¿Por qué? Son los locutores – hombres y mujeres – de hoy los encargados de que sea así. La constancia y el amor a su profesión, así como el afán por superarse son sus divisas fundamentales.

La Radio en Cuba desarrolla desde hace mucho tiempo cursos de habilitación y perfeccionamiento a los cuales se destinan recursos y expertos. Eso es loable, aunque el interés por la superación debe partir siempre de los propios locutores. Es imprescindible desterrar los “protagonismos vocales” y priorizar – para que crezca más – la calidad de la locución, que es buena, pero siempre puede y debe ser mejor. No es mero asunto de insistir o caer atrás para que se asista a conferencias y talleres, sino a la inversa buscarlos y cada día tratar de conocer algo nuevo, además de procurar actualización en todos los campos posibles del saber.

En todo quehacer humano la autocomplacencia daña. Creer que se es “lo máximo” detiene y anquilosa, genera un concepto de autosuficiencia que no existe – a pesar de que erróneamente algunos se refieren a los “autosuficientes suficientes”, calificativo que considero un disparate - pues siempre hay algo por aprender, incluso de los menos conocidos o famosos. La mejor escuela es la vida, la práctica, la superación como tendencia natural, el contacto con la gente que siempre enseña mucho.

No se me señale como hipercrítico, pues no es esa mi intención. Razones suficientes tenemos para enorgullecernos – no sobradas como algunos acostumbran decir, pues la razón, la verdad y lo bueno nunca sobran – y esas razones asumen mayor sentido y legitimidad si en lo profundo descansa la convicción de que cada día podemos lograr una locución cualitativamente mejor.

¡Feliz Día a la locución cubana!
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