Los caminos del dramatizado histórico

Es alentador constatar que la programación dramatizada de perfil histórico en la Radio Cubana ha experimentado, en los últimos quince años (para centrarnos en un tiempo determinado), una revitalización y despegue hacia la búsqueda de una calidad sostenida como amerita entregar a nuestros oyentes, cada vez más exigentes e instruidos,  en tema tan cercano y protagónico en sus propias vidas.

Lo anterior se comprueba cuando se repasa las propuestas radiofónicas de   los más importantes centros productores de dramatizados de producción propia (nacionales y provinciales) en nuestro sistema radial. La Historia asumida con la seriedad que ella conlleva ha marcado excelentes momentos en espacios de emisoras nacionales, como es el caso de Radio Progreso o la Productora Radio Arte, sin olvidarnos de emisoras provinciales ancladas en Santiago de Cuba o Camagüey que han desarrollado en sus planes temáticos en los dramatizados de corte histórico verdaderas obras inolvidables y que merecen quedar en los archivos del medio como ejemplo de buenas realizaciones artísticas.


Lo expresado hasta aquí, sin dudas, nos muestra una mejoría que, por otra parte, no debe llevarnos a valoraciones excesivamente optimistas que  nublen valoraciones necesarias e impostergables en asunto delicado como es el tema histórico en sí mismo.

Comentar este tema requiere, en primer lugar, movernos en torno a determinados conceptos y valoraciones que implica la temática histórica en la Radio a la cual se debe acceder con absoluta imaginación. Y ya la imaginación es un punto de contacto esencial para una propuesta radiofónica  de perfil histórico. Y, por supuesto, la imaginación comienza por la investigación, la idea, el libreto, semilla insoslayable para  que  brote el fruto.

Si se analiza los problemas (debilidades) que ha tenido esta programación en nuestras emisoras en los primeros 36 años, tras el triunfo de la Revolución, se asume una verdad inevitable: mediocridad, trivialidad (virus terrible e inquietante) de enfoques, poca y mala investigación, seria y científica, (claro, hubo excepciones) sobre asuntos históricos que requieren de la más fina puntería en el análisis y posterior dramaturgia radial.

La imaginación fue defectuosa en esos intentos porque prefirió ser solo “copiadora y amplificadora” de defectos ajenos, en múltiples ocasiones  repetidos de generación en generación con la vestidura de lo inamovible. Y ese punto de lo inamovible hizo (y quizás aún hace en determinadas propuestas radiales) un daño vertical y horizontal, creando abismos de comunicación entre emisor y receptor. En repetidas ocasiones se rehusó el análisis de verdaderos valores (referidos a personajes o sucesos históricos) a la luz de los nuevos tiempos propiciando una autocensura intelectual que, en el mejor de los casos, fue reflejo de acomodamiento. Y en esta palabra precisamente se esconde el mayor obstáculo de una propuesta cultural, sea cual fuere.

No obstante, y por suerte, otras producciones radiofónicas de perfil histórico, se han sostenido en medio de tantos avatares e, incluso, como advertíamos más arriba, van consolidando aspectos paradigmáticos dignos de ser considerados.

Apenas unos ejemplos bastarían para  corroborar que ya se buscan  nuevos caminos a través de más acertadas  propuestas dramatúrgicas: novelas históricas producidas por Radio Arte  de 1995 al 2008, y que han marcado un giro hacia la calidad y por ende la aceptación del gran público que las escucha.  A esto habría que añadir  novelas  de reconocida calidad facturadas por Radio Progreso para sus bien diseñados espacios dramatizados en esa especialidad. Y como ya afirmábamos más arriba en las provincias que graban y radian dramatizados también  han incursionado, con más o menos aciertos, en esta temática de la programación.

Mi criterio es que debemos  diseñar encuentros- talleres para debatir sobre programación de perfil histórico en la Radio cubana, donde precisamente se debata aspectos positivos y deficientes de la misma, así como se considere  nuevas ideas que deben sumarse para el logro  de una programación donde la calidad sea el sello que la distinga, y donde no pierda sentido real la búsqueda de nuevos caminos para la dramaturgia.

Es cierto que se ha incrementado la presencia de la programación histórica en  las emisoras del país, elemento importantísimo para el propio desarrollo de la cultura integral de nuestros oyentes. Por ello resulta necesario y urgente reunir a los interesados para verse las caras en la profundización de intercambios que abarquen todas las posibles aristas de la problemática que conduce a la excelencia de la calidad, diana a la que hay que dar en su centro.

Por otra parte,  conviene destacar cómo se aprecia  un rescate de las efemérides y de los temas locales o regionales en cada provincia,  la inclusión de la temática histórica en las páginas Web de cada núcleo radial que las posee, y ello unido a una mejor coordinación con las organizaciones de masas, organismos e instituciones que abordan la disciplina histórica en cada región del país. Son fortalezas indudables que  vienen distinguiendo a nuestra Radio cubana en medio de difíciles momentos históricos que ha tenido que sortear y hacerlo con acierto para bien de la radio audiencia.

Nuestra programación dramatizada, enmarcada en los atributos de la Historia como la conocemos, necesita, en la Radio cubana, de  sostenidos libretos (radionovelas o programas unitarios)  de calidad, y al mismo tiempo de una asesoría  de calidad científica que respete la magia que la Radio en si misma propone y de una dirección apasionada y artística de la propuesta. Los que trabajamos en el medio radial sabemos que  la ausencia de estos factores  han derivado, durante mucho tiempo, en una nefasta opinión de actores, asesores y directores sobre esta especialidad al punto de rechazarla años atrás, y tratar de salir de ella lo más rápido posible, sin ponerle esa “bomba” necesaria que ha


hecho de la Radio un medio de comunicación masiva fabuloso.

Libretos donde no se corresponden contenido y forma, escritores de poca creatividad que reiteran, una y otra vez, parlamentos largos, planos, sin intenciones, de cartón; poca o ninguna búsqueda investigativa sobre personajes o sucesos a tratar, destacando más lo anecdótico que la esencia de lo verdaderamente trascendental de la propuesta, abusando de lo literario en detrimento de lo histórico; musicalización ineficiente (¡qué diría nuestro Alejo Carpentier¡), donde se asume con alevosía  la misma música fúnebre de otros tiempos  proponiéndonos el cansancio de lo mal hecho y por ende un agotamiento mental que no se corresponde con la propuesta cultural a la que nos ha convocado la Revolución y dentro de ella el espacio necesario para captar la atención de los jóvenes.

Tenemos  necesidad de eliminar el maniqueísmo de brindar personajes históricos de voz engolada, artificial, propuestas donde lo humano (tal como eran) se nos esconden en una supuesta producción bonita y sin baches.

La Historia es la Historia, y de ella nadie puede prescindir. Justo es presentarla en la Radio con toda la fuerza de su verdad. Y siempre pensar en el oyente para el cual se debe trabajar. Y no hay dudas que exigirá más y más entrega profesional a través de nuestros programas de perfil histórico. Ello conlleva una mejor atención, además, a los oyentes  infantiles y juveniles, para quienes la Historia es asunto educativo en el más profundo de los conceptos.

Un mejor manejo de las fuentes históricas en la etapa investigativa, un libreto donde se plasme las leyes de la dramaturgia en la propuesta, unitaria o seriada, una asesoría capacitada en esta especialidad, una dirección y un reparto profesional que haga brillar el programa en esa comunicación mágica emisor-receptor, un estudio de horarios para la transmisión de los programas, irán despejando el camino para el logro de nuevas proyecciones en este permanente desafío que suponen los retos radiofónicos en el siglo XXI.

De lo que se trata es de educar, entretener  e informar al oyente, conmoverlo en una propuesta de calidad artística. La calidad en la programación de perfil histórico en nuestra Radio siempre será una propuesta de cultura a la que no debemos renunciar. He ahí el reto y la proyección mayor. Los tiempos que corren no permiten desmayar en esta faena a la que estamos convocados los radialistas.

 

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