La comunicación interactiva

Desde hace algún tiempo se está hablando en los medios de comunicación de la importancia que en la conformación de los contenidos estén presentes los públicos como hacederos y no como simplemente consumidores de los productos comunicativos.

Estudiando las diferentes formas en que en la radio se emplea el modelo de la comunicación interactiva, especialmente en América Latina, nos damos cuenta la simpleza de algunos de los contenidos abordados y la manera en que los públicos son partícipes en la elaboración de los contenidos.

Es necesario saber con mayor precisión como hacer que los diferentes públicos participen en la elaboración de programas radiales interesantes, llamativos y donde se les proporcione conocimientos, experiencias y se generalicen temas  de utilidad para los diferentes públicos.

Es requisito imprescindible un alto nivel de preparación del equipo de realización, saber que profesionales están en condiciones de llevar con éxitos estos propósitos, ser muy rigurosos  en los temas a seleccionar   y entrenar al público seleccionado.

Si tomamos en cuenta una de las definiciones de la comunicación interactiva podemos apreciar que el receptor puede ser un ente activo y a la vez estará en mejores condiciones de codificar el flujo de la información. Esta capacidad para tomar decisiones depende de la estructuración de la información proporcionada por el medio. La revolución tecnológica ha contribuido en este nuevo modelo de comunicación desarrollado principalmente en Internet, cuya característica más importante y que lo diferencia de los medios de comunicación tradicionales es la interactividad entre emisor y receptor.

La radio cubana,  de una manera u otra, ha estado experimentando este modelo sin que se nombrara explícitamente. Para ilustrar mejor es necesario comprender que cuando se asume la participación del público en la preparación y elaboración del contenido de un programa queda claro que el equipo de realización domina el medio y además advierte como encarar el modelo. Mientras el público participante  se entrega con sus conocimientos  a la creación de un producto nuevo, compresible, interesante y motivador para el resto de la audiencia.

Un ejemplo logrado lo constituye la integración de músicos y  creadores radiales donde el arte no es llevado a la antena tal y como lo hace en sus discos o conciertos sino que con la participación de otros invitados crean una muestra distinta, irrepetible porque solo es hecha para la radio, específicamente para un programa.

Ambos equipos trabajan de conjunto sin prevalecía de protagonismo sino que se convierten en un colectivo  creativo. Este es un ejercicio de creación  en el cual todos requieren de un alto nivel de preparación y donde el oyente no debe sentir diferencias entre uno u otro de los integrantes.

Este no es modelo que se puede llegar al estudio o escenario a improvisar, la comunicación debe fluir espontánea, locuaz, dialógica.   Por tal razón los contenidos deben perseguir  una línea en la que trata de integrar todo lo indicado anteriormente con lo cultural, con el interés de convertirse en un medio de cultura social amplia, no elitista.

Nos aproximamos a un cambio de sentido del entretenimiento radiofónico. Ya no se trata del concurso o del espectáculo montado en los estudios. Lo que produce un auténtico espectáculo en el aire es cuando se logra la  participación de la audiencia en concursos, temas especializados y debates de temas sensibles a la sociedad. La radio debe reflejar la situación humano actual, pero conservar el optimismo, la alegría, la amistad eufórica de siempre, sin desaliento. Los conductores no deben malgastar  el tiempo en resaltar aspectos personales o en frivolidades.

La radio debe acentuar aun más la cultura del entorno de convivencia del oyente y reflejarlo con toda su complejidad y problemas. También debe aprovechar la referencia oportuna de la relación del tema con lo más significativo que se realiza en el mundo y donde el oyente pueda encontrar puntos de contactos o no. Una cultura que comprenda la cultura de la memoria histórica, cultura creativa de la sociedad contemporánea y cultura viva del momento. La radio las asume previa transformación y adecuación al lenguaje propio, es decir, a una cultura sonora que enlaza con la más antigua y originaria del hombre: la oral.

Para este empeño radial el modelo de comunicación interactiva puede obtener resultados alentadores.  La radio con esto dará un nuevo impulso al medio y sus relaciones con los públicos. El atractivo y el reto a la imaginación que la palabra dicha encierra en el ánimo de quien la pronuncia hasta el momento mismo en que alguien la percibe es la fórmula que debe aspirar todo producto radiofónico.

Los límites de la comunicación en el medio radial está dado por la técnica que se emplee, donde la función esencial de complementar,  de conducir conocimientos sociales y  formas de comportamiento culturales que no pueden  lograrse  por experiencia directa pero que los humanos  necesitan para  vivir pueden estar presente en los contenidos de los programas.

La radio permite conocer la evolución del entorno, ofrece informaciones sobre los acontecimientos, las instituciones y los protagonistas sociales, lo que constituye una importante vía para la socialización, el aprendizaje y adaptación de las actitudes y de los sistemas de valores y de las normas sociales, facilita el acceso a la formación de opiniones de los  públicos. La radio moviliza, entretiene, acompaña, ofrece pautas de consumo cultural, de ahorro, complementa el tiempo libre y  se convierte en  una fuente de consulta  constante.

Este modelo debe ser el reto que los creadores radiales deben imprimirle su sabiduría y llevarlo a planos de impacto no solo por su forma sino por los temas que logren sedimentar huellas en los oyentes.
También hoy se dispone como nunca antes de una tecnología digital apoyada por Internet para lo que utilizando sus posibilidades debe permitir productos radiofónicos de alto nivel de realización y sus contenidos estarán a la misma altura que los recursos tecnológicos. Ambos, tecnología y contenidos, deben reducir el espacio que los separa en la realización radiofónica no en pocos lugares.

La radio tiene que producir en consonancia con los tiempos, dedicar espacios a reflejar la actualidad y la problemática social,  siempre proponiendo  la integración de intereses entre los posibles a recibir soluciones  y los que protagonizan la potencial tramitación.

Cuando se logra en la composición interactiva que asistan ambos públicos bajo la conducción  del equipo de realización radial se garantiza una mayor fluidez y comprensión del tema a debate, la exposición o simplemente la traducción de las inquietudes encarnadas en los que requieren la orientación, la información necesaria y donde es posible la generalización de temas sensibles.

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