La Radio Cubana se honra al tener en su equipo a Fidel

Instalada con virtud en el alma de la nación, la radio navega con Cuba. Su entereza, vocación de servicio y dimensión creativa han resistido la turbulencia de los tiempos más enconados.

De ese sonido patrio, que aviva el optimismo acerado en tantas batallas, conversó Fidel con radialistas el 24 de febrero de 1994, donde ponderó cuánta riqueza tenía el país en nuestro medio de comunicación, al que calificó como un arma decisiva y un instrumento tremendo. "A mí siempre me gustó la radio", confesó entonces.

Galoparon en sus evocaciones las proezas guerrilleras de Radio Rebelde, corazón precursor de la Radio Cubana en Revolución, que justo en esa jornada contaba su aniversario 36.

Vinieron también a los recuerdos sus episodios frente a los micrófonos de emisoras habaneras, en los años anteriores al golpe de Estado de 1952. Aventuras radiofónicas que sedimentaron un aserto: detrás de aquel joven audaz, llamado a empujar un país, emergía la genialidad del periodista y el orador que luego devino el gran comunicador de Cuba.

Por tanto, a 94 años de sus transmisiones fundacionales en la 2LC de Luis Casas Romero, la radio se honra al tener en su equipo al Comandante en Jefe, y lo congratula por sus nueve décadas de vida, con el compromiso de enarbolar humanismo, cultura y ética ante la conjura hegemónica global que pretende engullirse la identidad, la memoria, el pensamiento crítico y la capacidad de pelea de los pueblos del planeta.

Se trata de capitalizar ese don radiofónico de relatar historias y fortificar el espíritu, desde la autenticidad del universo simbólico de la nación. Construir un discurso que jerarquice el debate aportador y la participación inteligente sin rétoricas ni estereotipos. Incluso, asumir el riesgo del error científico pero no el de la banalidad, como proclamó el teórico Manuel Martín Serrano al hablar de producción comunicativa.

En ese camino, transitable a pesar de los muros, despuntan cual carta de triunfo la ciencia y la tecnología. Visualizar en ellas palancas para el ascenso y la competitividad, por encima de temores estériles, constituye un imperativo que se traduce no únicamente en desarrollo, sino en respiración de la propia radio.

Hoy, junto al abrazo a nuestros trabajadores, se extiende una invitación colectiva para darle la bienvenida en el venidero agosto al aniversario 95 de la Radio Cubana, con un medio de comunicación cada vez más legitimado, dialógico y generador de significante en la defensa del ideal socialista.

Y para conseguirlo, son imprescindibles los paradigmas. Esos maestros curtidos en la práctica de las emisoras que el Premio Nacional de Radio 2016 distingue en dos nombres: Fernando González Castro y Antonio Demetrio Moltó Martorell.

En Fernando, la imaginación incontenible, la versatilidad del artista, la excelsitud en la dirección de dramatizados; en Moltó, la síntesis del periodista entero, la polémica desde los genes, la intrepidez y el pundonor del directivo. En ambos, la lealtad a la Patria y a Fidel.

Para ellos, en este instante de homenaje, la felicitación de la Radio Cubana toda.

Muchas gracias.

----------------------------------------

Nota: Este texto es la intervención íntegra del autor en el acto central por el aniversario 94 de la Radio Cubana y entrega del Premio Nacional de Radio 2016.

Pin It

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar