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La radio, venerable anciana. Evolución tecnológica

En buena medida el despegue tecnológico de la Radiodifusión Sonora se inicia con las mejoras en las transmisiones y en los receptores de radio basadas en las invenciones de Edwin Howard Armstrong (graduado como Ingeniero Eléctrico en 1913 en la Universidad de Columbia), en 1914 patentó el ¨circuito regenerativo¨, en 1918 el ¨receptor superheterodino¨,  en 1922 el ¨circuito super-regenerativo¨ y en 1933 patenta la frecuencia modulada (FM). Armstrong, a principio de los años 40 del pasado siglo, creó la primera cadena de FM conocida como la Yankee Netword. Al principio, la tecnología de los estudios era muy limitada y éstos, en sí, se reducían a pequeños espacios, muchas veces habitaciones de las viviendas de sus propietarios, donde sólo era posible producir programas de poca complejidad, basados en el empleo de la palabra y la música, poco a poco se introdujeron diálogos más elaborados, surge el guión e intentos por dramatizar textos, aparecieron los noticieros y la publicidad, se ofrecían charlas y conferencias, pero la radio seguía encerrada entre las paredes del estudio.

Paso a paso, de la mano de las mejoras tecnológicas, e impulsada por la creciente audiencia, se fue imponiendo la necesidad de una programación con mayor creatividad y vuelo artístico y así se evoluciona hacia una radio de mayor espectáculo, apareciendo las radionovelas, radioteatros, los programas-show (con público presente en los estudios); recordemos, por sólo citar dos ejemplos de nuestro país, los grandes programas musicales realizados en el Estudio 2 de CMQ Radio y el Estudio 1 de Radio Progreso, por donde pasaron las mejores orquestas y solistas de Cuba y el mundo.

En una primera y amplia etapa, que podría enmarcarse entre 1920 y el fin de la Segunda Guerra Mundial, los cambios tecnológicos no se centraron en introducir nuevas tecnologías, más bien el enfoque se dirigía, básicamente, a mejorar la calidad del sonido y aumentar las potencialidades y facilidades de lo ya existente (se pasó del micrófono de carbón a los de cintas y bobinas móviles, de los primogénitos fonógrafos al tocadiscos de placas de 78 rpm y más tarde al disco de pasta o de vinilo de 33 rpm, se aumentó el número de canales de la consolas de mezcla, pero no mucho más.

Con el desarrollo y versatilidad de las redes de comunicaciones, principalmente la telefonía, la radio pudo salir al exterior, surgiendo los controles remotos para cubrir eventos deportivos, conciertos, reportajes o simplemente diseñando programas para ser emitidos, con toda intención, fuera de los estudios.

Terminada la Segunda Guerra mundial ocurre un despegue tecnológico en la radio, se inicia la introducción, a gran escala, de las grabadoras de cintas magnetofónicas, se generalizó el uso del disco de vinilo de 33 rpm (revoluciones por minuto) de alta fidelidad, se hacen populares las mesas de musicalizar, con varios tocadiscos y que permitían mezclar varias fuentes sonoras para musicalizar, en directo, los programas dramáticos; con las grabadoras se introducen los estudios de corte y edición para realizar programas de mayor complejidad y elaboración artística. Para ese momento la programación había alcanzado un estadio cualitativo superior y muchos pensaban que podía ser explotado por tiempo ilimitado o, al menos, prolongado, por lo que estas mejoras tecnológicas no resultaron en un elemento compulsivo para incrementar la calidad en los contenidos, pero estaban ahí, disponibles para dar el necesario salto.

Con la explosión de la televisión en la década de los años 50 y la introducción, cada vez mayor, de los trasmisores de FM la radio se vio obligada a enfrentar el reto que le imponía el nuevo y poderoso medio de difusión, recordar la reiterada afirmación de que una sola imagen vale más que 1000 palabras. No hay dudas que esto devino en la primera gran amenaza para la supervivencia de la radio, pero pudo adaptarse a la competencia y, más que eso, salir fortalecida gracias a que supo explotar los atributos que le son inherentes: su inmediatez y agilidad para informar, su versatilidad, su poder creativo para generar  imágenes en la mente del oyente, su probada credibilidad, su proximidad e intimidad para acompañar a la audiencia y todo esto a un costo muy bajo.

La FM, inventada por Armstrong en 1933, y que había probado su efectividad práctica a principios de la década de los 40, comienza a masificarse en los 60. En Cuba, aunque algunas emisoras realizaron transmisiones experimentales desde los años 50, no fue hasta la década de los 80 en que gradual, pero indeteniblemente, se dio inicio a un proceso para generalizar esta modalidad de transmisión.

Al inicio las emisoras repetían por la FM la misma programación generalista que se emitía por la AM; nosotros, no sé si para bien o para mal, hoy lo seguimos haciendo, por lo que sólo se aprovechaban las mejoras que introduce la FM en la calidad de la señal de audio transmitida, incluida la estereofonía. Pero como constituía un soporte atractivo para emitir programas con un elevado contenido musical, unido a que representaba una nueva ampliación del espectro radioeléctrico, en la banda de 88 a 108 MHz, que venía a socorrer al ya saturado espectro en AM, muchas emisoras lo aprovecharon para diseñar novedosas parrillas de programación, con una marcada evolución hacia la especialización o simplemente enfocándose hacia formatos más juveniles y esto derivó en lo que hoy se conoce como radios temáticas o especializadas, surgieron también las famosas radiofórmulas.

La Radio Cubana, por razones que requerirían un capítulo aparte para su explicación, no ha experimentado con estas posibilidades que facilitó la masificación de la FM y, de forma general, se sigue emitiendo la misma programación que se pone en antena por la AM y ni hablar de las radiofórmulas (cuando ya se inician los comentarios sobre su agotamiento o tendencias al declive) para hacer diana en nichos de la cada vez más segmentada audiencia; para corroborar esta afirmación baste decir que de la 98 emisoras radiales, que hoy operan en nuestro país, sólo cuatro pueden clasificarse como emisoras temáticas o especializadas: Radio Enciclopedia Popular y Radio Siboney, dedicadas a la música instrumental ligera, CMBF ¨Radio Musical Nacional¨, solo música clásica o de concierto y Radio Reloj en la categoría todo noticias; como radiofórmula no existe ninguna, recordemos que éste es un término o clasificación radiofónica que se asocia a las emisoras con una programación monotemática, donde la parrilla de programación completa se dedica a un contenido único durante todo el tiempo que dure la emisión, se mantiene una estructura formal repetitiva, sin división de programas, es como si toda la programación fuera un único espacio, se enfocan más en los contenidos musicales y están diseñadas para impactar en sectores o nichos de audiencias bien estudiados y específicos, se apoyan mucho en el empleo de locutores o conductores estrellas.

Algo que revolucionó la forma de consumir la radio y que sin dudas ayudó a recuperar buena parte de la audiencia perdida, ante el empuje de la televisión, lo fue la fabricación de los radios portátiles transistorizados, lo que hay que agradecer a la invención del transistor, en 1948, por los científicos Walter Houser Brattain, John Bardeen y William Bradford Shockly (recibieron el Premio Nobel de Física en 1956). A partir de los 60 los receptores portátiles fueron reduciendo su tamaño, primero se llevaban en la mano durante los paseos al campo, a la playa, en el trayecto de la casa al trabajo, después llegaron a ser tan diminutos que la radio se llevaba en un bolsillo. Esto dotó de ¨piernas¨ a la radio y le permitió abandonar la mesa de noche o la sala de la casa para acompañar al oyente a los lugares más insospechados. Sin dudas, el receptor portátil fue de un impacto invaluable para ayudar a recuperar una parte de los sectores de audiencias cedidos a la televisión.

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