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José Martí y los Estados Unidos (II)

Martí supo proyectar de manera constante la unidad de nuestra AméricaMartí supo proyectar de manera constante la unidad de nuestra AméricaA finales de esa misma década se estima que el avance de las ideas de Martí acerca de los problemas sociales y políticos de los Estados Unidos llega a un momento interesante al ser impactado por el crimen de los obreros de Chicago, el que repudió con todas sus fuerzas, por lo injusto e inhumano de los procedimientos.

Resulta contradictorio leer, una vez que otra, algún trabajo salido de una pluma a sueldo o de un incauto desconocedor de la historia afirmando que la sociedad norteamericana no llegó a ser lo que Martí predijo, cuando se sabe, por hechos comprobados, que cuanto escribió acerca de las entrañas del monstruo conserva plena actualidad. No fueron simples sueños, sino el estudio meticuloso sobre una sociedad que estuvo presente en sus versos y su prosa literaria.

Sus descripciones de las costumbres, la vida y la política norteamericanas si en algo han cambiado después se reflejan en cuestiones de forma. Su esencia y sus contradicciones se constatan con más cruzadas e inhumanidad. Ha sido la propia vida del imperialismo.

Como bien apunta el Director de la Oficina del Programa Martiano, Armando Hart Dávalos, “la política, como el arte o el modo de organizar y dirigir a los hombres y a los pueblos para la realización de fines determinados, fue su másextraordinaria virtud, para culminar con la correcta aseveración de que el Apóstol “culmina una etapa decisiva en la evolución del pensamiento democrático abierto en América a principios del siglo por Simón Bolívar”.

Martí supo proyectar de manera constante la unidad de nuestra América y no enfrentamiento fratricida de una parte contra otra. ¿Acaso esa unión ansiada por Martí,- y no lograda entonces por su temprana desaparición física- fue un error de sus predicciones?. No olvidemos la turbulencia de la sociedad capitalista norteamericana en sus últimas dos décadas del siglo XIX, y en las que Martí, como cubano, fue un testigo excepcional. Eran tiempos en que de forma galopante la humanidad conocería del surgimiento rapaz y expoliador imperialismo norteamericano.

Pasos muy serios y decisivos había dado Martí en ese contexto. Por ello no dejó de reiterar de que Cuba debía ser libre de España y de los Estados Unidos. Sabía que debía combatir a la primeracon las armas y mostrarse alerta contra el zarpazo de la segunda. Siempre tuvo presente que Estados Unidos no cejaría en sus planes de anexarse a Cuba, y daba por seguro que si no se actuaba con agilidad suprema por los patriotas cubanos, al terminar la dominación española se produciría la injerencia norteamericana.

Destruir al colonialismo español en el menor tiempo posible con una guerra de participación mayoritaria de la población fue su objetivo inmediato. Para ello había constituido en el seno del imperio un Partido capaz de organizar y estimular la guerra necesaria. El Partido Revolucionario Cubano, fruto de la más rica madurez política de Martí fue creado además, contra las apetencias anexionistas norteamericanas y los anexionistas cubanos, dispuestos al sometimiento yanqui.

Un gran olfato tuvo Martí para descubrir los trajines anexionistas. En 1889 denunció cómo el gobierno norteamericano seconfabulaba con los cubanos sietemesinos para, vestido con ropaje de mediador o garantizador echar anclas definitivas en Cuba para apropiarse de ésta. Al concluir cuánto se tramaba, Martí calificó a ese plan, diciendo: “cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres, ni maldad más fría…”

Al mismo tiempo que Martí llamó a la segunda independencia a los pueblos de América Latina insistía en la Libertad de Cuba y de Puerto Rico por “ser indispensable para la seguridad, independencia y carácter definitivo de la familia hispanoamericana  en el continente, donde los vecinos de habla inglesa codician la clave de las Antillas para cerrar en ellas todo el Norte por el istmo y apretar luego con todo este peso por el Sur”.

La impaciente espera de Martí tenía un fundamento crucial, de vida o muerte para el futuro de Cuba. Había logrado, como gran mérito la unidad revolucionaria de los pinos nuevos y los viejosen la inmigración, la que se concretaría en Cuba con el primer disparo independentista. Pero una de sus preocupaciones mayores era hasta cuando estarían sin agitarse las alas del águila imperialista.

Supo convertir el fracaso del plan de la Fernandina en un acicate mayor para sus planes revolucionarios. Se imponía que los máximos jefes en la emigración, incluyendo a él, se incorporaran de manera urgente a la guerra iniciada el 24 de febrero de 1895. Y así lo hicieron en endebles embarcaciones y corriendo todos los riesgos.

Ya poco antes había declarado: “el norte ha sido injusto y codicioso; ha pensado más en asegurar unos pocos la fortuna que en crear un pueblo para el bien de todos… El Norte se cierra y está lleno de odios. Del Norte hay que ir saliendo”… para dónde, pues para liberar a  Cuba.

La predicción martiana sobre Estados Unidos como nación y su sociedad fue certera. Sin apasionamientos recordemos su expresión: “una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?”.

Fueron seis décadas en que se unió la intervención militar y el neocolonialismo, que oprimieron a Cuba y que sólo cesaron con el triunfo de la revolución continuadora organizada por Martí.

Cuando a pocos meses de su caída en combate esbozó un temprano internacionalismo al identificar los conceptos de patria y humanidad, alertaba con ello cuánto tendrían que hacer unidos, ayudándose unos a otros, los pueblos de América y el Caribe para enfrentar las garras del águila imperialista.

Y es que Martí escribió, denunció o determinó mantener en silencio como estrategia los peligros que representaba el imperialismo para los jóvenes y débiles independencias de los pueblos latinoamericanos  y caribeños de entonces.

Aquella estrategia no dejaría de proyectarse hasta los últimos momentos de su vida con una gran fuerza volcánica alertando sobre un presente y futuro de expansionismo y de agresiones armadas norteamericanas.

Por supuesto, sus vivencias en Estados Unidos lo llevaron a obtener una plena claridad de que la sociedad cubana que él quería no podía asimilar, de ninguna manera, los vicios, deformaciones y corrupciones que él y miles de emigrados cubanos conocieron en las frías tierras norteñas.

Fue allí, precisamente, en Estados Unidos, donde  se desarrollara a plenitud, a finales del siglo XIX, el pensador político más avanzado de nuestras tierras latinoamericanas y caribeñas, y quien llamó por su nombre al imperialismo.

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