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Acerca de una justa reclamación

He afirmado en varias ocasiones la imprescindible necesidad de no olvidar jamás el pasado, bien el lejano, o el reciente; porque desconocerlo es intentar descubrir algo en la oscuridad, o en otro caso torcer el camino que nos conduce a la verdad.

Pretensiones hegemónicas altamente nocivas para la soberanía e independencia de los pueblos, pueden convertirse hasta en algo positivo de no conocerse los antecedentes.

Es el caso, por ejemplo, de la mal llamada Radio Martí y otras emisoras como Radio Swuan y Radio Mambí, todas violatorias del espacio radioeléctrico de Cuba, y destinadas a subvertir el sistema político que, con todo derecho, el pueblo de la Isla ha escogido.

Les brindo otros elementos imprescindibles para comprender la gran justeza de Cuba cuando exige la eliminación de estas transmisiones para lograr unas relaciones normales con Estados Unidos.

Recordemos que el 20 de mayo de 1983, salió al aire por primera vez un bochorno de la radiodifusión, Radio Martí, cuyo objetivo, desde entonces y hasta el día de hoy, es “promover una sociedad abierta y plural”, “abogar por la libertad de Cuba” y “combatir el comunismo”. El solo hecho de ser ideada por Jorge Mas Canosa, y llevada a cabo por el entonces presidente, Ronald Reagan, deja muy claro las aviesas intenciones de ambos.

El primero fue miembro activo de la CIA y de organizaciones terroristas en EE.UU, vinculado al tráfico de drogas y líder de la Fundación Cubano Americana; y del segundo baste decir que resultó un ultraconservador en cuyo perfil se incluye haber sido el fundador, en 1984, de la National Endowment for Democracy, entidad dedicada a la injerencia política y sindical de la CIA.

En su fobia anticomunista apoyó la represión en Guatemala; las dictaduras militares de El Salvador, Chile y Argentina, y urdió la invasión contra Granada; entre otros grandes “méritos”. No hay que ser muy analítico para develar la maldad de esos señores; solo con mencionar sus nombres, basta.

Pero volvamos a Radio Martí. Independientemente de su manifiesta ilegalidad, debo agregar algunos elementos peculiares: extrema agresividad hacia nuestros dirigentes, intromisión en los asuntos internos cubanos, promoción de actividades delictivas y estimulación de salidas ilegales.

Debo agregar otros propósitos permanentes: culpar a la alta dirección del país de todas las dificultades que afronta el pueblo cubano, promover el derrotismo, el desánimo y el pánico, favorecer la subversión, e inducir a la deserción.

Con esos antecedentes, no es posible asimilar que, por una parte se nos hable de normales relaciones –entiéndase el respeto a la autodeterminación- y por otra, se trate de destruir la voluntad soberana de escoger el socialismo como vía de bienestar para todos.

Es que EE.UU. no acaba de entender que todas las naciones son iguales a la luz del derecho humano; que nadie le ha concedido el papel de gendarme para imponer su voluntad sobre otros por el simple hecho de poseer fabulosas riquezas, que sabemos cómo se lograron.

En este contexto es oportuno significar palabras del Papa Francisco: “Queremos un cambio. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos y la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, se condena al hombre y a la naturaleza”

Con la fuerza indiscutible de su visión del universo que nos circunda, nuestro José Martí fue más allá: “las leyes americanas han dado al norte un alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalizado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!”.

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