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Cuba vs EE.UU.: Buenas relaciones Sí, sometimiento No

cuba-eeuucuba-eeuuRecientemente, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, concedió una entrevista a la cadena Tele Mundo; y en tal ocasión el periodista le preguntó cómo serían las relaciones con Cuba a partir de la designación de John Kerry en su nuevo cargo de  Secretario de Estado.

Y  era de esperar, muchos otros medios de comunicación del mundo poderoso, acudieron de inmediato, como un torrente, a apoyar las palabras de respuesta del mandatario con las concebidas loas a su “desinterés y disposición” para mejorar las relaciones con la isla. Algo curioso  sucedía: Era como si varios  intérpretes  cantaran  la misma canción, aunque  con pequeñas diferencias, porque el objetivo supremo era, como siempre, demonizar a la víctima y celebrar los altos valores humanos del victimario, con su “disposición y altruismo para beneficiar a los cubanos”.

No es que tales medios actuaran por consenso mediante un plan  previamente acordado; es que, simplemente, son hijos del mismo padre y, como tales, lo defienden a ultranza. Lo anterior no niega que aquel, muchas veces, imparta órdenes, y éstos, sumisos, las cumplen. En otras palabras, es como un acuerdo espontáneo entre el amo y sus lacayos, donde estos últimos son concientes de que obedecer es la garantía de sus buenos dividendos.

En esencia, nada nuevo, y mucho menos alentador,  aportó Obama, sencillamente más de lo mismo. Veamos:

Él quiere mejorar las relaciones con Cuba, siempre y cuando haya una política “recíproca”. Bien saben los cubanos lo que para ellos quiere decir “recíproca”, entiéndase sumisión a sus intereses hegemónicos solamente y, por supuesto, con menoscabo de nuestros principios.

Es necesario que los presos políticos salgan de las cárceles. He aquí la misma forma tan peculiar que tienen de interpretar palabras, confundiendo a  vulgares contrarrevolucionarios al servicio del vecino del norte –dólares mediante- con la palabra “políticos”, confiriéndoles así la condición de “personas honestas” cuyo  único delito es discrepar ideológicamente.

Si se quiere mejorar las relaciones con Estados Unidos, existe una agenda que debe cumplirse. Está muy claro, debe ser una agenda donde predominen los intereses yanquis, entre ellos que Cuba renuncie a su socialismo como cuestión principal. Pero que, por la otra parte, no se les exija la liberación de nuestros 5 héroes antiterroristas, ni la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo;  y mucho menos, que levanten el criminal bloqueo, tan repudiado por la comunidad internacional, entre otras justas peticiones.

Si lo que se trata es de cumplir con una política “recíproca”, para normalizar relaciones, entonces nos consideramos con todo el derecho del mundo, así como ellos nos exigen, a pedirles varias condiciones, por ejemplo:  desmontar  su sistema político, basado en la explotación; facilitar que sea el pueblo estadounidense el que nomine a sus candidatos para las elecciones, y no los partidos tradicionales; dejar de favorecer a los bancos como medida  para frenar las crisis económicas cíclicas que padecen y la hacen padecer al mundo, y en su lugar, apoyar resueltamente a las clases pobres rebajándoles los impuestos para aumentarlos, en la misma proporción, a los ricos; eliminar el complejo militar industrial y, consecuentemente, prohibir la tenencia de armas en manos de la población; trabajar insistentemente para eliminar la posibilidad de nuevas guerras, tanto frías como calientes; dejar de tener el bochornoso índice de ser el país de mayor población carcelaria del mundo; y, en definitiva, trabajar por la armonía entre los pueblos. Podemos pedir más, pero al menos que comiencen por estas, nuestras exigencias, para normalizar las relaciones.

Puede parecer una quimera, sin embargo recordemos que el fascismo parecía ser invencible, y fue aplastado; parecía que la “democracia” implantada por Fulgencio Batista, apoyada y mantenida por Estados Unidos jamás podría desaparecer y, no obstante, fue derrumbada. Así que es necesario soñar, unir, y vencer.        

Es que el Imperio actual,  como todos los anteriores de esta humanidad, es así aunque se oponga el sentido de la justicia, la razón y la ética, porque de lo contrario dejaría de ser Imperio.

Es la misma relación que existe entre el rico y el pobre; el primero, para serlo tiene que, necesaria y matemáticamente,   explotar al segundo, porque si no lo hace se ve impedido de disfrutar de su riqueza, y a eso jamás renunciará.

Que nadie espere, jamás, que el imperialismo desaparezca  por su propia  voluntad, pensar tal cosa es, simplemente, una tontería, o pedir peras al olmo. Solo será posible cuando se produzca una unión sólida, total e indisoluble entre los pueblos que aún sufren sus desmanes, sus bombas inteligentes, y su codicia desmedida, en apretado cuadro con otros que, como Cuba, ya hace mucho rompió con todas y cada una de sus ataduras.

Que maravilloso fuese que un día comprendieran a Don Benito Juárez, el mismo que dijo “el respeto al derecho ajeno es la paz”. O  lo dicho por nuestro Martí  “así, donde la razón campea, florece la fe en la armonía del Universo”

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