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La evasión de los medios

Los poderosos medios de comunicación trabajan insistentemente para que las grandes masas adopten, inconscientemente, una actitud evasiva ante lo que acontece en el mundo.

De una parte para que no conozcan lo que sucede en los distintos escenarios donde el imperio y sus lacayos cometen las más grandes injusticias; dígase guerras por ambición económica, desestabilización de gobiernos; injerencia en asuntos internos; y un sinfín de tropelías.

Y de otra algo así como un reposo perpetuo de la mente para no ver, ni oír, ni sentir. De tal modo las personas llegan a decir: “qué le vamos a hacer”, “yo solo no puedo resolver eso”, etc.

También puede afirmarse que se trata de una receta para combatir la acción de respuesta –cualquiera que esta sea- contra las grandes injusticias y suplantarla por una fórmula acomodaticia y adormecedora. Así las cosas ganan terreno las malas novelas con signos evidentes de aquellas de las décadas del 40 y 50; la farándula, dando cuenta de chismes y otras estupideces; y programas de un humorismo ramplón, sobre todo, por la televisión, ese medio que puede ser tan dañino como formador.

Puede sumarse la prensa plana, la radio y hasta revistas lujosas que incluyen en sus páginas desde el engañoso horóscopo hasta muchachas muy bien dotadas que exhiben sus encantos para atraer la lectura, y con ello rebajarlas a un simple valor de uso. Además, como se conoce, ya internet le permite ver pornografía como si fuera algo formador de juventudes. Es decir, todo es dañino, malvado e inescrupuloso.

Muy poca o nula información es otra variante de esos medios que se autodenominan de libre expresión. De tal modo muchos desconocen, o conocen a medias, gravísimos problemas que agobian a la humanidad, como la guerra en Afganistán, país que el imperio ha dejado prácticamente eliminado de la faz de la tierra; lo que sucede en Siria, en Venezuela, en Nicaragua, entre muchos ejemplos.

A lo más que se puede aspirar es a la presentación de los problemas “en bruto”, es decir, sin entrar a analizar las causas reales de las agresiones que se cometen, y mucho menos por qué motivos. Es decir, el ocultamiento, para impedir que las personas sepan “lo que no deben saber”.

Por ejemplo: atacar a Venezuela para instaurar un gobierno dócil que les permita acceder, con procedimientos yanquis, a la ansiada reserva de petróleo y gas; poseer el enorme manto freático de Siria y otros objetivos; desestabilizar a Nicaragua, porque está incluida en la arremetida contra Latinoamérica y no querer ser obediente al monstruo. Definitivamente, “Quizá pretenden trivializarlo todo para luego hacerlo trizas”, como dijo una vez el filósofo mexicano Fernando Buen Abad.

A todo esto hay que sumar otras variantes de ocultamiento, mediante la distracción, el sexo, la violencia, el catastrofismo que se exhibe a raudales, mediante películas que exacerbar los sentimientos más oscuros del ser humano, o simplemente con la utilización de un simple celular que embobece y esclaviza a su poseedor, principalmente adolescentes y jóvenes.

Hay que estar muy atentos, denunciar y luchar sin descanso. El enemigo común, exactamente igual al pasado, acecha constantemente, invierte millonarios recursos para mantener su hegemonía injusta en un maridaje perfecto con grandes medios de comunicación que le apoyan. Viven un romance imperfecto porque se sustenta en el mal.

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