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Radioagresiones: La otra guerra

Cuba y Estados Unidos han iniciado un diálogo para restablecer relaciones diplomáticas. Es un proceso relativamente largo y complicado: algo más de medio siglo de distanciamiento y tirantez no se supera en poco tiempo.

Nuestra Isla ha sido víctima durante todas estas décadas de innumerables formas de agresión. El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba tiene ya un carácter extraterritorial, y ha devenido en un permanente acoso a la nación caribeña para impedir a toda costa su desarrollo y la implementación de sus proyectos en materia alimentaria, de salud y educación.

La prensa y muchos libros especializados dan testimonio de ello; para un país pequeño como el nuestro constituye una verdadera proeza sostener con calidad sus programas de amplio alcance social.

Entre las muchas formas de agresión contra Cuba, la invasión de su espacio radioeléctrico ha sido y es una de las más evidentes, de carácter abiertamente subversivo guerrerista. No se trata – como se ha pretendido hacer ver – de la libre difusión de ideas, sino de una penetración dentro del espacio territorial cubano, en este caso radioeléctrico, para diseminar propaganda, para crear desaliento contra el proyecto cubano e incentivar la desobediencia civil.

Por ello cualquier normalización, más allá de la reanudación de relaciones, transita invariablemente por la suspensión incondicional de esa práctica que daña sensiblemente la soberanía nacional del Estado cubano.

Cuba ha sido y es respetuosa de los acuerdos internacionales. Para los menos jóvenes recordemos que antes de 1985 – antes del engendro de la mal llamada Radio Martí, la Voz de los Estados Unidos de América (VOA) transmitía los siete días de la semana en los horarios de la mañana y la tarde su programación en onda corta, así como en la frecuencia de los 1180 KHz de la onda media. La VOA podía escucharse en Cuba y jamás se le interfirió, a pesar de que parte de su programación tenía un componente anticubano.

Fue mucho después cuando Cuba, en pleno ejercicio de su soberanía, decidió anular las transmisiones radiales declaradamente anticubanas; un derecho inalienable en la defensa de su espacio radioeléctrico.

Años después de la radio subversiva comenzaron las transmisiones televisivas - ¡que jamás han sido vistas! – y que debido a continuados escándalos evidencian cómo funcionarios corruptos de origen cubano se han enriquecido a costa de ellas. En más de una ocasión los desfalcos y desvíos financieros protagonizados en la Oficina de Transmisiones a Cuba han sido tema de debates en instancias del Congreso estadounidense. En resumen, que las transmisiones hacia Cuba no son otra cosa que eso: un negocio más, combinado con su esencia injerencista hacia un Estado soberano.

El pasado lunes 26 de enero Betty McCollum, representante demócrata por el estado de Minnesota, presentó un anteproyecto de ley para eliminar el financiamiento de la Oficina de Transmisiones a Cuba, aduciendo que Radio y TV Martí son un método obsoleto en el nuevo contexto de las relaciones entre los dos países.La representante reconoce que los contribuyentes estadounidenses han tenido que cargar el fardo de $770 millones de dólares para sostener ambos inviables proyectos. Corresponde ahora al Congreso pronunciarse al respecto.

Las transmisiones de Radio y TV dirigidas a Cuba tienen un carácter de ocupación territorial de similar categoría al caso de la Base Naval de Guantánamo. Por ello, una normalización plena de las relaciones entre ambos países pasa, inexorablemente, por ambas soluciones.

Es de esperar que el sentido común se sobreponga a otro tipo de intereses y con la aprobación del anteproyecto se dé mayor luz al camino que ambos países deben recorrer para encontrar puntos en común respetando diferencias.

Con toda razón expresó el Presidente Raúl Castro en su discurso en la III Cumbre de la CELACeste 28 de enero en Costa Rica: … “El restablecimiento de las relaciones diplomáticas es el inicio de un proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales, pero esta no será posible mientras exista el bloqueo, no se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo, no cesen las trasmisiones radiales y televisivas violatorias de las normas internacionales, no haya compensación justa a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que ha sufrido.”

Esas son las premisas. Es cuestión de principios, y los principios son sagrados.

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