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El tiempo invisible: el otro personaje

El tiempo invisible es otro personaje que garantiza la memoria en los oyentesEl tiempo invisible es otro personaje que garantiza la memoria en los oyentesEl tema que les propongo de inmediato pudiera tener puntos de contacto con el ciberespacio.  Sobre todo si asumimos el concepto de lo invisible-visible.

Y nuestros amigos lectores, asiduos a estas páginas de la mejor cultura radial de nuestro país, se estarán preguntando a dónde rayos pretendo llegar con estas curvas peligrosas en la carretera. Y por supuesto, nada de magias, ni trucos de circo. Me voy a referir, al fin y al cabo, al llamado tiempo invisible que andan y/o desandan los que escriben para la Radio.

Y ¿qué es el llamado tiempo invisible? Ante todo quiero acotar que durante un largo tiempo, posterior al triunfo revolucionario de enero de 1959, el concepto como tal se tenía en cuenta en la logística económica de su tratamiento. Muchos ciclones pasaron antes que un cielo bien azul, y a lo cubano, diera claridad a lo que no podía seguir oculto en la tinieblas.

Y, no hay dudas, porque el tiempo invisible es aquel que debe emplear un escritor de libretos dramatizados (unitarios o seriados) e incluso en otras categorías de programas, en la investigación de personajes históricos, asuntos epocales donde política,  economía, cultura y sociedad, en general, deben se estudiados detenidamente para incorporarse como rasgos definitorios en la trama de cualquier historia que se respete.

Un buen escritor de Radio sabe que ese tiempo invisible podemos considerarlo como el otro personaje, ese que subyace a la espera de ser capturado para el buen desempeño del dramatizado en sentido general.

Un escritor de este medio tiene plena conciencia que una buena, por no decir excelente, preparación en la investigación necesaria y puntual de elementos de épocas y todo lo que ella apresa en si misma será, inevitablemente, el soporte de lo creíble en la dramaturgia de la historia.

Las radionovelas originales o versiones libres e incluso adaptaciones, de larga trayectoria en nuestro país, sean de corte histórico o no, deben referirse a pasajes de la vida humana localizadas (en Cuba o fuera de ella) en el desarrollo de un momento o una sucesión de momentos de cualquier sociedad humana destacando niveles positivos o negativos dentro de su propio engranaje lo que a su vez interactuará en la propuesta dramática que se ofrece al oyente.

Lo anterior indica que ese otro personaje, al que he hecho referencia, es un proceso inevitable para el escritor radial (sobre todo de obras originales) que intente ofrecernos una historia verídica o sumida en la imaginación a partir de ella. Hay que estudiar, leer, extraer notas de la oscuridad misma para realizar una propuesta inteligente, donde las leyes de la dramaturgia funcionan como reloj suizo.

Puedo afirmar que hay dos momentos que funcionan entre si, apoyándose mutuamente. En el llamado tiempo invisible el escritor radial ya está escribiendo su historia. Cualquier dato interesante que encuentre o descubra, de pronto, entre sus lecturas obligadas de libros, artículos especializados, visualización de documentales sobre el asunto de su interés investigativo, etc., está convocándolo al diseño de personajes posibles, frases o giros idiomáticos que pudieran identificarlo en la futura historia. Incluso, y lo sé muy bien por experiencia propia, se crea en la investigación invisible lo más visible de cada radionovela original. Y mucho más si la radionovela o el unitario es de corte histórico lo que incita al escritor a ser un historiador viviente y comunicante. Parecen cosas complicadas pero no lo son cuando hay talento en los que escribirán las historias para ser escuchadas por decenas de miles de personas en un horario radial determinado.

He sido  un escritor de radionovelas y unitarios originales, de corte histórico o no, que aposté siempre por la investigación, por esa fase de sumo deleite que da, como goce supremo, la lectura, el repaso de documentos añejos,  la escucha de casetes o cintas que atesoran las voces de la historia en cualquiera de sus variantes.

Y claro, nada da mayor placer que las novelas te queden redondas, sin grietas históricas, que te sorprendan en primer lugar a ti mismo como realización radial capaz de conmover y convocar al oyente a seguirte, capítulo a capitulo, hasta el final, durante treinta o cien  propuestas radiofónicas.

Por todo lo expuesto, es inevitable llegar a la conclusión de que el tiempo invisible o, como me gusta en realidad llamarle, el otro personaje es de suma importancia para quien aspire a resultados de calidad que es, a fin de cuentas, lo que necesita la programación de nuestra Radio cubana. Nada a favor de ello se pierde para un escritor del medio. Ser uno mismo el otro personaje o ser un personaje dentro de otro personaje y hacerlo con el talento que el asunto requiere es lo esencial de lo invisible.

Pudiera aún señalar variantes dentro de lo comentado hasta aquí. Y sin escudarme, en esa verdad que nos dice que el perfume bueno viene en frascos pequeños, prefiero dejar en el lector el impulso de razonar sobre lo leído.

Sé que en la Radio cubana y a lo largo y ancho de toda Cuba hay excelentes escritores que dignifican el tiempo invisible para hacer visible la buena radionovela o el buen unitario (en todas sus categorías).

El otro personaje da la garantía de la permanencia en la memoria de los oyentes. Es como obtener un Premio que te dan los oyentes .Quizá, el mejor de los Premios.

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