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Retos y proyecciones de los dramatizados de perfil histórico en la Radio Cubana

Es alentador constatar que la programación dramatizada de perfil histórico en la Radio Cubana ha experimentado, en la última década transcurrida, una revitalización y despegue hacia la búsqueda de una calidad sostenida como amerita entregar a nuestros oyentes, cada vez más exigentes e instruidos, en tema tan cercano y protagónico en sus propias vidas.

Un muestreo de lo que hacen los más importantes centros productores de dramatizados de producción propia (nacionales y provinciales) en nuestro sistema radial revela, sin dudas, una mejoría que, por otra parte, no debe llevarnos a valoraciones excesivamente optimistas que nos nublen valoraciones necesarias e impostergables en asunto delicado como es el tema histórico en sí mismo.

Comentar este tema requiere, en primer lugar, movernos en torno a determinados conceptos y valoraciones que implica la temática histórica en la Radio. Muy oportuno sería recordar que para el famoso escritor francés Anatole France “la historia no es una ciencia, es un arte, En sus aciertos interviene siempre la imaginación”. Y ya la imaginación es un punto de contacto esencial para una propuesta radiofónica de perfil histórico. Y, por supuesto, la imaginación comienza por la investigación, la idea, el libreto, semilla insoslayable para que brote el fruto.

Si uno analiza los problemas (debilidades) que ha tenido esta programación en nuestras emisoras en los primeros 40 años, tras el triunfo de la Revolución, asume una verdad que salta a la vista: mediocridad, trivialidad (virus terrible e inquietante) de enfoques, poca y mala investigación, seria y científica, (hay excepciones) sobre asuntos históricos que requieren de la más fina puntería en el análisis y posterior dramaturgia radial. La imaginación defectuosa y en muchos casos sólo “copiadora y amplificadora” de defectos ajenos, en múltiples casos repetidos de generación en generación con la vestidura de lo inamovible.

Asimismo en algunos programas se rehusó el análisis de verdaderos valores (referidos a personajes o sucesos históricos) a la luz de los nuevos tiempos propiciando una autocensura intelectual que, en el mejor de los casos, fue reflejo de acomodamiento.

No obstante, y por suerte, ciertas producciones radiofónicas de perfil histórico, se han sostenido en medio de tantos avatares e, incluso, como advertíamos más arriba, van consolidando aspectos paradigmáticos dignos de ser considerados. Apenas unos ejemplos bastarían para corroborar que ya se buscan nuevos caminos a través de más acertadas propuestas dramatizadas: novelas históricas producidas por Radio Arte desde 1995 al 2005, y que han marcado un giro hacia la calidad y por ende la aceptación del gran público que las escucha. A lo anterior habría que añadir novelas de reconocida calidad facturadas por Radio Progreso (en igual periodo de tiempo) y también por emisoras provinciales que han incursionado, con más o menos aciertos, en esta especialidad de la programación.

OTRAS CONSIDERACIONES

El trabajo de monitoreo de un grupo de especialistas de la Dirección General de Programación de la Radio, al que se han unido varios talleres para debatir sobre programación de perfil histórico en nuestro dial, ha puesto de manifiesto aspectos positivos y aspectos deficientes de la misma, así como se ha entrado a considerar algunas nuevas ideas que deben sumarse para el logro de una programación donde la calidad sea el sello que la distinga.

Es cierto que se ha incrementado la presencia de la programación histórica en las emisoras del país, elemento importantísimo en medio de la Batalla de Ideas. También se aprecia un rescate de las efemérides y de los temas locales o regionales en cada provincia, la inclusión de la temática histórica en la página WEB, y ello unido a una mejor coordinación con los organismos e instituciones que abordan la disciplina histórica en cada región del país.

En los referidos monitoreos y talleres a mi juicio, como especialista que atiende este tema en la Radio, aún son insuficientes y merecedores de una ampliación que nos propicie encontrarnos, cara a cara, con los que estamos responsabilizados por llevar adelante esta temática y debatir, todo lo que se tenga que debatir, para alcanzar coherencia y dinamismo en un discurso que nos permita encontrar la excelencia en la calidad.

Nuestra programación histórica necesita de un libreto de calidad, de una asesoría científica y radial y de una dirección apasionada y artística. Los que trabajamos en el medio radial sabemos que la ausencia de estos factores han derivado, durante mucho tiempo, en una nefasta opinión de actores, asesores y directores sobre esta especialidad al punto de rechazarla, y tratar de salir de ella lo más rápido posible, sin ponerle esa “bomba” necesaria que ha hecho de la Radio un medio de comunicación masiva fabulosa.

Libretos donde no se corresponden contenido y forma, escritores de poca creatividad que reiteran, una y otra vez, parlamentos largos, planos, sin intenciones, de cartón; poca o ninguna búsqueda investigativa sobre personajes o sucesos a tratar, donde se enfatiza más en lo anecdótico que en la esencia de lo verdaderamente trascendental de la propuesta.

La programación dramatizada de perfil histórico abusa de lo literario en detrimento de lo histórico; musicalización ineficiente (¡qué diría nuestro Alejo Carpentier¡) , donde se reitera la misma música fúnebre de otros tiempos proponiéndonos el cansancio de lo mal hecho y por ende un agotamiento mental que no se corresponde con la propuesta cultural a la que nos ha convocado la Revolución. Tenemos necesidad de eliminar el maniqueísmo de brindar personajes históricos de voz engolada, artificial, propuestas donde lo humano (tal como eran) se nos esconden en una supuesta producción bonita y sin baches.

La Historia es la Historia, y de ella nadie puede prescindir. Justo es presentarla en la Radio con toda la fuerza de su verdad. Y siempre pensar en el oyente. Para él trabajamos. Y no hay dudas que nos exigirán más y más a través de nuestros programas de perfil histórico. Ello conlleva una mejor atención, además, a los oyentes infantiles y juveniles, para quienes la Historia es asunto educativo en el más profundo de los conceptos.

Un mejor manejo de las fuentes históricas en la etapa investigativa, un libreto donde se plasme las leyes de la dramaturgia en la propuesta, unitaria o seriada, una asesoría capacitada en esta especialidad, una dirección y un reparto profesionales que haga brillar el programa en esa comunicación mágica emisor-receptor, un estudio de horarios para la transmisión, irán despejando el camino para el logro de nuevas proyecciones en este permanente desafío que suponen los retos radiofónicos en el siglo XXI.

De lo que se trata es de educar e informar al oyente, conmoverlo en una propuesta de calidad artística. La calidad en la programación de perfil histórico en nuestra Radio siempre será una propuesta de cultura a la que no debemos renunciar. He ahí el reto y la proyección mayor.

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