Cuba, la radio y la filosofía de la paz

La humanidad se transforma a partir de un conjunto de saberes que busca establecer con racionalidad los principios más generales de organización, orientación del conocimiento de la realidad y sentido del obrar humano. Eso se llama filosofía. Más concreto: una manera de pensar, ver las cosas y la vida. La radio está llamada a endulzar la sociedad. Si todas las emisoras del planeta se pusieran de acuerdo en hablar de paz otro planeta sería  distinto y mejor.

Hoy el mundo al entrar en el nuevo siglo camina con dos filosofías: una del amor y la otra que defiende la muerte. No hay que ser erudito ni graduado de ninguna disciplina para percatarse que la filosofía de la revolución cubana descansa en la cultura, en la creación de bienes espirituales y en la solidaridad a partir de la importancia capital que le da el Estado a la salud del pueblo, no solo para la nación de once millones de habitantes que tiene la isla del caribe sino por el amor que siente por los hijos de este universo  tan complejo.

Hay otra filosofía bien distinta que se erige desde la pobreza, la insalubridad y el analfabetismo como consecuencia de la ignorancia de los pueblos sometidos por el despiadado sistema de consumo que da oportunidades a unos pocos y los muchos son esclavos. La guerra es el puente para la búsqueda de riquezas. Este pensamiento tienen su mayor exponte desde los modelos made in USA, fomenta la desunión y provoca la muerte. La radio hecha para ofrecer a su público valores éticos y morales está llamada a combatir las guerras.

La filosofía de los cubanos es distinta descansa en el pensamiento martiano “Patria es Humanidad”. Enarbola el amor, facilita la integración y cultiva la vida. Estos sentimientos provocaron que la generación de Fidel Castro que asaltó el Moncada y sembró la semilla del proyecto social visto desde la “Historia me Absolverá” haya fructificado como paradigma ante la irracionalidad del imperio, escenario donde se levanta y prospera la filosofía del odio y la explotación desde grupos de poder que nada tienen que ver con la laboriosidad del pueblo norteamericano.

En una reflexión del líder cubano escritas el 28 de mayo de 2007 bajo el título “Las ideas no se matan” plantea: “Los países que tienen menor desarrollo y más enfermedades disponen de menos médicos: uno por cada 5 mil, 10 mil, 15 mil, 20 mil o más habitantes. Cuando surgen nuevas enfermedades como el SIDA, de transmisión sexual, que en apenas 20 años ha privado de la vida a millones de personas, la padecen decenas de millones, entre ellas muchas madres y niños, para la cual existen ya paliativos, el precio de los medicamentos por persona puede ser 5 mil, 10 mil o hasta 15 mil dólares cada año. Son cifras de fantasía para la gran mayoría de los países del Tercer Mundo. Los pocos hospitales públicos se saturan de enfermos, que mueren amontonados como animales bajo el azote de una epidemia repentina”. Son estos los temas que la radio puede ilustrar ante la opinión publica mundial para que se sepa de que lado está la justicia.

Mientras Cuba se empeña en formar médicos y enviarlos a cualquier confín del planeta para salvar vidas, los que representan la otra Filosofía mandan soldados para matar y fomentar las guerras. Quienes pensaron que el presidente Barak Obama era la opción para que la humanidad se salvara se sienten frustrados y engañados al ver como un PREMIO NOBEL DE LA PAZ destina  miles de soldados a Afganistán o en  Irak  para seguir matando la vida de los pobres de la tierra.

¿Por qué el mundo se equivocó con Barak Obama? Porque el proyecto de mandato se infló de cambios y expectativas, por ejemplo en el discurso de toma de posesión sus palabras fueran bellas, repletas de sentimientos de emoción cuando dijo al universo “Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política.” El
mundo aplaudió, pero al cabo del tiempo, las palabras se las llevó el viento. Los pueblos son como los niños no le prometas aquello que no puedes darle porque se revelan.

Es tanta la mentira imperial que no pudo el primer Presidente negro de Estados Unidos quitársela de encima, todo lo contrario, se agudiza el engaño a la opinión pública mundial que hipnotizada espera los cambios y se encuentra con otro perro y el mismo collar del anterior. Algunos aseguran que Estados Unidos no es dirigido por los presidentes sino por poderosos círculos de poder que mantienen el estilo y la forma de dominación.

Se sabe que desde el país patrocinador de las guerras más 50 millones de personas no tienen seguro médico. ¿Qué pensó el mundo de Barak Obama? Que se uniría a la formación de miles de médicos para atender a los millones de personas enfermas que no tienen manera de pagar los servicios de salud y contribuir a una adecuado nutrición especialmente en la infancia porque ocho millones de niños en el mundo mueren cada año por malnutrición, uno cada dos segundos. Pero Obama no lo ha hecho, sigue con el delirio de los conflictos bélicos que caracterizan a los gobiernos norteamericanos. Médicos cubanos podrían ayudar al pueblo de Estados Unidos, pero está prohibido por las leyes del bloqueo que ellos mal llaman embargo. Es un acto irracional, manifestación de cómo la filosofía del mal le teme al bien.

Desde la Filosofía del amor de los cubanos, pensamos que los portaviones, los barcos y todas las naves de guerras pudieran convertirse en centros de salud, de recreación y para el conocimiento de los ciudadanos. Cuba y su estado que es el propio pueblo pensamos con sentimientos de solidaridad, actuamos  con la certeza que hay que combatir la ignorancia, es necesario que las personas sepan leer y escribir. Cuba defiende  la salud y es capaz de compartir sus médicos, los conocimientos científicos y técnicos con los desposeídos de la tierra, hasta con  y  los propios hijos de Estados Unidos que no cuentan con recursos. Fidel fue muy preciso cuando dijo “Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra.” Una frase que debe adornar el éter del planeta y en particular, llegar hasta los oídos sordos  y  fríos corazones del capitalismo.
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