Naturaleza revolucionaria del periodismo cubano

El periodismo en Cuba, desde su génesis como expresión del pensamiento nacional, se ha caracterizado por su cometido transformante en todos los aspectos de nuestra sociedad. Ha sido así desde los albores de nuestra prensa, cuya primera etapa culminó en 1892 con la fundación del semanario “Patria” por José Martí. “Patria” proclamó a los cubanos y a todos los hombres de buena fe del resto del mundo la esencia del programa emancipador que el Partido Revolucionario Cubano previó para Cuba y Puerto Rico.

Nuestras guerras por la independencia comenzaron mucho después que la primera etapa por la emancipación de la América Latina continental, y esa demora fue para nuestro proceso fecundo. Martí, como muchos de sus compatriotas, tuvieron la oportunidad de prever la misión de Cuba como muro de contención para la expansión del Norte , entonces en cierne y rival de la que económicamente se hizo sentir desde el Imperio Británico tras el cese del dominio hispano. Mucho antes de la aparición del nuevo orden histórico foráneo, el pensamiento político cubano, manifiesto a través de su periodismo, hubo de expresarse más allá del simple sueño por la independencia de España.

Hemos gozado de un periodismo pleno en madurez y profundidad; fecha tan distante como octubre de 1790 da cuenta de la aparición de “El Papel Periódico de La Habana”, fuente de difusión cultural que contribuyó considerablemente a la formación de un pensamiento nacional propio; seguido después por “El Habanero”, publicado en Nueva York durante la primera mitad del siglo XIX, tribuna impresa donde el adelantado pensador Félix Varela dio indudables muestras de un periodismo de avanzada, forjador de un pensamiento eminentemente cubano, que propuso la independencia como única solución para la nación.

En plena Guerra de los Diez Años, a propuesta de Carlos Manuel de Céspedes, apareció en Bayamo “El Cubano Libre”, órgano insurreccional de breve duración – apenas tres meses – suspendido tras el heroico incendio como rechazo a las hordas coloniales que bajo el mando de Balmaseda, pretendieron tomar la ciudad.

Muestra de la peculiaridad revolucionaria del periodismo cubano lo es su profunda esencia ética. Espejo y reflejo del ideario emancipador, aquella prensa fue decididamente antiesclavista y pro-republicana.

El antiesclavismo en Cuba respondió desde su génesis a un sustento moral basado en los inalienables derechos del hombre, y no supeditado a modos emergentes de producción que coyunturalmente lo favorecieron, como había sido antes la suspensión de la trata – por parte de las viejas potencias coloniales – o la supresión de la esclavitud en la América del Norte tras la Guerra de Secesión (1861 - 1865) que, aunque apoyada en el ideario de su inspirador Abraham Lincoln, fue viable primordialmente por los intereses del Norte industrializado en la introducción de las máquinas en el Sur; la consecuente mecanización de las plantaciones, el cese de una economía exportadora de materias primas para su facturación interna, y la conversión de la fuerza de trabajo esclava en asalariada que, luego de reciclada, ampliaría el mercado interno de consumo.

Tras “El Cubano Libre” circuló después el “Boletín de la Guerra”, órgano de publicaba los decretos y proclamas de la dirección beligerante. Tras su corta existencia “El Cubano Libre” hubo de esperar a que durante la Guerra del 95, a instancias de Antonio Maceo, reapareciera como órgano oficial del Ejército Mambí. “Patria” se seguía publicando en Nueva York, incluso tras la caída en combate de Martí, mientras que en nuestra manigua, paralelamente, circulaba “El Cubano Libre” en su nueva época.

Nuestra herencia de un periodismo revolucionario, que es en su esencia de carácter transformador, continuó durante los años de la pseudorepública instaurada a partir de 1902, cuando se alzaron voces como las de Juan Gualberto Gómez, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Raúl Roa y tantos más que culminaron con el ejercicio periodístico del joven abogado Fidel Castro, con sus valientes condenas al status dictatorial engendrado en 1952 por el cuartelazo de marzo. El alegato histórico “La Historia me Absolverá” ha quedado registrado en nuestra historia como una de las más valientes y profundas muestras de la oratoria y el periodismo cubanos de la contemporaneidad. Un periodismo vívido y consecuente por quien ha dedicado toda su existencia a la lucha por la soberanía nacional y la justicia social de nuestro pueblo. En ese periodismo militante se enmarcan sus actuales Reflexiones que abarcan todos los temas de la actualidad nacional y extranjera, y sus obras recién publicadas “La Victoria Estratégica” y “La Contraofensiva Estratégica”, sendos libros que clasifican con su pleno derecho dentro del género de la Gran Crónica.

Y transitando más por la historia, cabe mencionar una tercera época para “El Cubano Libre”, cuando el Guerrillero Heroico dispuso su reedición en la Sierra Maestra a partir de octubre de 1957. Se destaca también la labor periodística del Che en su libro “Pasajes de la Guerra Revolucionaria” que, como los escritos por Fidel, desborda un ilimitado valor histórico y testimonial. 

Nuestro periodismo revolucionario no se circunscribe a la prensa escrita. En 1958, desde el campamento de La Plata, se funda “Radio Rebelde”, exponente máximo del periodismo hablado, y fuente de orientación y acción revolucionarias para los combatientes del campo y las ciudades, y para todo el pueblo.

Herederos, continuadores y fieles a la esencia de “Patria” como síntesis del más perfilado y definitivo pensamiento revolucionario, nuestro periodismo impreso, lo mismo que en Radio, Televisión e Internet deviene fuerza generadora del quehacer contemporáneo.

La época convoca a seguir  leales y consecuentes con los ideales inspiradores de nuestro periodismo de avanzada, que consiste en proclamar lo mejor de nuestra obra; señalar los errores con sinceridad valiente y constructiva; coadyuvar al análisis de sus causas, y proponer vías de solución. Esta es la sagrada misión del periodismo cubano actual, inspirado siempre en la objetividad revolucionaria, que equivale  decir: veracidad, patriotismo y defensa de nuestro proyecto político, económico y social. 

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