La búsqueda de los hechos

Los acontecimientos son impersonales. Cuando un locutor o periodista desde una radio o televisora desconoce los hechos, los desfigura o interpreta de manera errónea no sólo pone en duda la credibilidad personal sino la del medio por donde comunica el mensaje. Los hechos no se crean, ni se fabrican; existen y el periodista que es un buscador los encuentra, llega a “olerlos” los intuye. El investigador parte de pequeñas hipótesis o preguntas que lo llevan hasta los hechos.

¿Cómo se puede distinguir  qué son hechos y cuáles no lo son? ¿Cómo reconocer que alguien está enterado de los hechos? ¿Cómo identificar un hecho cuando nos encontramos ante él? Las interrogantes pueden ser desde tres hasta un número infinito, pero no resulta del todo eficaz excedernos en las preguntas.

Desde la antigüedad se tiene el concepto filosófico “... es bueno preguntar, pero no es bueno hacerlo exageradamente hasta el punto de depender por completo de las indicaciones externas a uno. Hay que saber hacerse preguntas y buscar una o varias respuestas por sí mismo; si ninguna es conveniente, entonces hay que recurrir a quien nos puede ayudar...” (1)

Nos pueden ayudar desde los archivos personales transitado por las fuentes del lugar hasta los testigos de los hechos y los propios protagonistas.

En oportunidades escuchamos comunicadores que al dar a conocer  una información o una noticia se aprecia ambigüedad, carencia de datos que totalicen una descripción veraz de los hechos. ¿Causas? Los informes deben ser de primera mano, consecuencia de estar en el lugar, de ver y oír los sucesos con integralidad  porque en  ocasiones  el  buscador de informaciones estuvo allí, donde ocurrió el hecho, pero no captó una visión completa de los fenómenos acaecidos. Le faltó paciencia para apreciar los diversos puntos de vistas. No fue objetivo y puso en duda su competencia.

Ser objetivo significa  dejar que la vista, nuestros ojos, oídos y todos los sentidos descubran los detalles que originaron los acontecimientos, de esta forma no es difícil ser exactos y los argumentos son contundentes porque se viven, de lo contrario se cae en el simplismo de ahí la importancia de  hurgar en una o diferentes intenciones para elaborar una información precisa, ajustada a la verdad. El periodista es un guía social como es el locutor o comunicador. Ser auténtico, claro y sincero en los materiales que escribe y dice a través de los medios eleva su profesionalidad y el respeto de la comunidad.

Construir una información detallada con el propósito de cruzar indicios en la búsqueda de los hechos nos puede remitir a mapas, planos, gráficos, esquemas, pinturas, vistas fotográficas, videos, caricaturas o hasta modelos de control estadístico. Son elementos que ilustran datos exactos comparables con los medios de enseñanza de un maestro o conferencista con esta práctica   hacemos gala de un periodismo de precisión   cada día más necesario.

Un periodista equilibrado, a tono con la profesión sabe de antemano que al utilizar un hecho que nos parezca incompatible con la naturaleza y experiencia humana  necesita comprobarlo. Ser cautos o precavidos en el momento de emitir criterios es una máxima. La tendencia a exagerar o minimizar los acontecimientos plagia la realidad. Si los hechos que conocemos, por limitados que sean no concuerdan con las alegaciones del comunicador las sospechas del error o falsedad estarán bastante justificadas y el  periodista o locutor, si aspira a conservar el respeto de sus oyentes deberá rectificar la información o dar explicaciones de su error.

Como los periodistas al igual que otros investigadores no siempre están en el lugar de los hechos, tienen que acudir a testigos presénciales que reúnan determinados requisitos entre ellos la certeza de que estuvo presente durante el suceso o parte de él, que vio lo ocurrido en estado consciente y  que estuvo atento a lo que estaba sucediendo. Cualquier detalle por pequeño que resulte puede contribuir a la conformación de una nota que reseñe los hechos.

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