Príncipes enanos en Cuba: dueños de las historias de hoy y del mañana

Niños Radioniños-radioMañana de sábado. Un sábado cualquiera: caluroso y agitado en el extremo austral de la provincia cubana de Camagüey. Como suele ocurrir espontáneamente en las regiones costeras –siempre empapadas de sal y salitre- el Sol y el Mar pactan un duelo de policromías e intensidades, que cobija a toda la gente laboriosa del municipio de Santa Cruz del Sur.

Crece el día, y en la misma esquina de Calle F y Central, comienzan a irrumpir zunzunes, amapolas, violetas, jicoteas y hasta tomeguines, todos con voz fresca y tierna. Son los pequeños del Club Pioneril que al finalizar la semana hilvanan cuentos y fantasías en las propuestas dedicadas a los infantes que se lanzan al éter por la frecuencia de Radio Santa Cruz, emisora fundada en mayo de 1968.

Al amparo creativo y maternal de la realizadora Deysi Alcalá –Artista de Mérito del ICRT y toda una niña grande en el quehacer del medio radiofónico- los meñiques santacruceños construyen sus historias y van armando minuto a minuto el programa "La Islita del Saber", con retazos de vida que salen del monte, de los cañaverales, o de los más cautivantes paisajes de los Jardines de la Reina, donde gobiernan pargos, caracoles y gaviotas.

Es, repito, un sábado cualquiera en mi adorado Santa Cruz del Sur. Y ahora, desde La Habana, el lienzo de mis recuerdos me lleva y me trae a ese humilde y a la vez deslumbrante pueblito de pescadores, campesinos, azucareros... Se me ponen delante un puñado de esas colosales oportunidades que la Revolución inauguró para la infancia en mi región natal y en todo el archipiélago, y que muchas veces por la impronta de la cotidianidad y lo legado como derecho, se antojan para algunos no tan trascendentes.

Por eso es que nunca callo las tristezas de mis abuelos, sus confesiones entre arrugas y fragmentos de episodios comunes para los pobres de entonces, que eran casi todos. La inmensa mayoría de las niñas y los niños que vieron la luz en bateyes y bohíos por esos rincones de la geografía camagüeyana antes de 1959 sintieron con dolor y desesperanza el latigazo de la penuria y la explotación neocolonial, justo cuando hablar de médicos, escuelas, igualdad, alimentos, derechos, eran reales quimeras en medio del pesar de padres amorosos y sufridos que perdían sus mejores años en una pelea encarnizada por la supervivencia.

De ahí que, en la celebración por el Día Internacional de la Infancia, y de la mano de nostalgias y orgullos, haga mía la exhortación de Juan José Ortiz Brú, representante en el Verde Caimán del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), de disfrutar lo que la nación ha conquistado en la protección y la atención a los príncipes enanos, como un ejemplo y un modelo para el mundo en la defensa de la niñez.

Realizaciones criollas que están en cada barrio, en cada localidad de la Isla. Realizaciones criollas que se renuevan cada sábado en Santa Cruz del Sur y en decenas de emisoras de la Radio Cubana cuando zunzunes, amapolas, violetas, jicoteas y hasta tomeguines asaltan los estudios de grabación para frente a los micrófonos cantar y soñar, como legítimos dueños del mañana.

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