Memorias sonoras

La voz de Camilo Cienfuegos se encuentra inmortalizada en el archivo sonoro de Radio Habana CubaLa voz de Camilo Cienfuegos se encuentra inmortalizada en el archivo sonoro de Radio Habana Cuba

No se entendía muy bien. La voz se escuchaba intermitente y el viento se colaba. La calidad del audio no era buena porque la transmisión fue emitida por control remoto a través de las líneas telefónicas. Pero sí se notaba la pureza de sus palabras. Camilo Cienfuegos aún está allí. Cincuenta años de salvaguarda patrimonial en el archivo sonoro de Radio Habana Cuba inmortalizaron su voz, y otras.

 

Entre las más de diez mil cintas de audio de la fonoteca se pueden localizar, pocas, quizás no más de nueve, pero valiosas intervenciones del Señor de la Vanguardia: en la clausura de un curso de superación para combatientes del Ejército Libertador; en Columbia, entonces base principal del ejército de la tiranía, el 2 de enero de 1959, tras el triunfo de la Revolución cubana; declamando versos del poeta matancero Bonifacio Byrne.

Al entrar al archivo pareciera que múltiples voces de personalidades de Cuba y el mundo confluyen en una especie de murmullo silente. Junto a las palabras de Camilo se identifican varios tonos. Se destacan en niveles mayores los discursos de Fidel de 1959 hasta la fecha (mil ochocientos); llegan las ondas de los programas radiales del escritor Alejo Carpentier, de quien se conservan sus conferencias magistrales por allá por los años 60 del siglo pasado; y se resguardan los primeros andares sonoros por La Habana del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal.

Se reconocen, además, entre las cintas aglutinadas en los estantes, figuras universales como Lenin y Ho Chi Minh, que intentan ceder espacio, entre otras, a las memorias de la Cuba republicana heredadas del circuito CMQ, una de las cadenas de radio y televisión de la época, y grabaciones más contemporáneas de Radio Habana Cuba.
…para salvaguardar la historia…

La emisora prioriza la defensa y rescate de su memoria sonora, al entenderla como “un otro testimonio del patrimonio nacional y mundial”, a consideración del fundador del archivo Ignacio Canel Bravo.

“Desde que se fundó la fonoteca en 1961, a propuesta del primer director de Radio Habana Cuba, Marcos Behmaras, y con el apoyo de Jesús Montané para adquirir las necesarias cintas BAF años más tarde, nuestro objetivo principal ha sido salvaguardar nuestro legado sonoro y otros audios de interés tanto nacional como internacional”.

Canel habla pausado y demuestra exaltación por el tema, con admirable modestia y sencillez. Desde los 17 años está a cargo de registrar y restaurar los sonidos más valiosos que llegan. Ya peina canas y aún camina entre los pasillos estrechos del local, que se empequeñece cada vez más.

En un rincón, apartado, comienzan a amontonarse en el piso algunas cintas que no caben en los estantes. “¡Son cincuenta años! ¡En este lugar están almacenadas más de diez mil horas en audio analógico! A pesar de que el aire acondicionado y el deshumificador han sido priorizados siempre para garantizar la preservación de los materiales, el espacio atenta contra nuestra labor”.

Sin embargo, la mayor preocupación de Canel se torna futurista e inevitablemente tecnológica. Cada día se pregunta cómo poder conservar toda la memoria histórica sonora almacenada durante cincuenta años?

“En la actualidad no se producen las grabadoras reproductoras de cintas. Y las que tenemos nos auguran poco tiempo de subsistencia. Entonces, ¿cómo enfrentar la modernización tecnológica? ¿Serán seguros los nuevos formatos de almacenamiento de audio para preservar nuestro patrimonio sonoro?

La fonoteca de Radio Habana Cuba atesora gran parte de los valores identitarios e históricos de la radio cubana. Aunque ya Canel y su equipo de trabajo (dos realizadores de sonido y una fonotecaria) han comenzado hace algún tiempo el proceso de digitalización de los audios de Camilo, Fidel y otras personalidades, lo cierto es que, lugar común, o no, el tiempo acecha, sin apuestas a cintas magnetofónicas, pero intentando tener los suficientes gigas que procuren salvaguardar el patrimonio sonoro radial.

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