La propaganda en bien de la sociedad

La propaganda, del  latín “propagare”,  se utiliza desde sus inicios  para  difundir o multiplicar un mensaje que tiene una finalidad de persuasión o convencimiento del público al que se dirige, a veces puede ser a la población en general, y en otros casos a un sector particular.

Según se ha podido obtener  información de la propaganda,  desde  sus inicios,  se utilizó  en la agricultura, luego en las guerras de conquistas, y con posterioridad la usó la iglesia católica para imponerse al avance de las ideas protestantes. La aparición de la imprenta facilitó la propaganda, que a partir del siglo XVIII fue utilizada políticamente tanto por regímenes liberales como autoritarios.

En la era contemporánea fue utilizada la propaganda, por ejemplo en la Alemania fascista,  para lograr la adhesión del pueblo a su ideología totalitaria y a la adopción de costumbres,  fomentando el odio a los judíos, mediante actos públicos y medios masivos de comunicación, entre los cuales se destacaron la radio y el cine.

La propaganda  se utiliza,  entre otras cuestiones  para la  política, religión, literatura, temas sanitarios y la cultura. Cuando va dirigida a promover el consumo o servicios se clasifica como publicidad, y tiene como fin el lucro. La propaganda de bien público está dirigida a promover ideas, costumbres, valores éticos e imágenes y símbolos de identidad.

La  propaganda  utiliza diversas formas para la comunicación como carteles, murales, radio, televisión o Internet. Con estos recursos, y utilizando imágenes sugestivas y palabras convincentes intentan atrapar la opinión en favor del objeto o idea que se quiere imponer.

Si por una parte la persuasión se evidencia en personas de casi cualquier condición, los lideres  o políticos contratan consultores de comunicación y estrategas políticos para que le aconsejen sobre la manera de inducir al público y llegar a ser elegido en sus campañas. Para tener una idea de esto, en los Estados Unidos   se realizan con estos fines alrededor de 100 películas al año, más de una docena de  revistas en una veintena de   idiomas, más de  800 horas de programación de la Voz de América en 37 idiomas con una audiencia estimada de 75 millones de oyentes, todos ellos describiendo las virtudes del estilo de vida americano.

En el caso de Cuba teniendo en cuenta que una de las  características fundamentales de la propaganda es la persuasión, el mensaje que se elabore no puede acudir a formas imperativas  para atraer a un público que se quiere movilizar alrededor de una idea o campaña de protección.

Para algunos la propaganda está suscrita solamente a las cuñas que se transmiten en los cambios entre programas o dentro de los propios programas, y desconocen que la propaganda puede estar presente en todo lo que se haga en el medio y debe tener coherencia con los perfiles de los programas y el perfil de la emisora.

La estrategia de propaganda en la radio debe estar basada en un estudio donde participen los especialistas, guionistas, las voces protagónicas y los realizadores, para que el diseño abarque los mensajes, las palabras claves a difundir por los conductores, los guionistas de programas para incluir la campaña de acuerdo a los contenidos de cada espacio  y evitar que se incluyan contenidos contraproducentes a la campaña.

Para el público meta   será importante que se tenga en cuenta la efectividad,   por lo que se debe realizar un pre-test, buscando la identificación de los oyentes con los mensajes y solo después poner en antena los mensajes.

A la hora de la elaboración de la propaganda se puede emplear cualquier tipología siempre que encuentre coherencia en el marco del perfil donde será ubicada y la selección del personal para cada mensaje debe identificar la línea o campaña que se trate,  para ayudar a una comprensión mejor por parte de los oyentes. El drama, dos voces o tres, el montaje con efectos y sonoridad también deben ser reconocidos con facilidad. Esto garantiza que una parte del mensaje tenga impacto junto a la voz líder que se escoja para cada mensaje. Ya en el programa hay que adecuarse a la forma  y timbre de los o del conductor  y no hacer un diseño para todos los programas iguales como no sería lógico que todas las emisoras transmitan el mismo mensaje. 

El discurso actual debe ser estudiado para que la sociedad se vea en primer lugar reflejada y a su vez identifique la importancia de atender lo que se le propone. De lo contrario se hará una propaganda que no tendrá efecto y  peor aún,  pueda ser rechazada por el público.

La evaluación  se debe efectuar en cuanto pase un tiempo prudencial tomando una muestra significativa de los oyentes expuestos a la campaña y obtener datos de las unidades organizativas encargadas de atender el resultado de la misma.

El plan de cada emisora debe responder a la necesidad y el reclamo de la propaganda demandada y debe  planificarse no  menos de tres  y nunca más de 12 veces en 24 horas. Lo que se verificará por monitoreo a las pautas establecidas y al resto del plan elaborado.

Es necesario entender que la propaganda y la agitación son dos manifestaciones que persiguen objetivos con plazos diferentes. Mientras la agitación es momentánea y muy actual,  persigue movilizar hacia un objetivo próximo, la propaganda consiste en crear hábitos en la sociedad que refuercen valores o protejan de acciones que vayan en prejuicio de ella. Por tal razón los códigos deben ser bien definidos tanto para uno como para otro  objetivo.

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