María Valero, la del combate por la vida

Otra leyenda nos acompaña desde febrero de 1939, cuando llega al puerto habanero El Flandre, un buque de bandera francesa, y confundida con los internacionalistas cubanos, una madrileña. Ya no es la joven radiante que llega en 1932 con su esposo, en el ansiado viaje americano de luna de miel que los lleva a varios países.

Es una mujer envejecida a sus 27 años. No es la joven feliz que se ha salvado de una guerra devastadora.

La mujer que trae profundas heridas en el cuerpo y en el alma llega como una más, entre los cientos de refugiados nacionales y españoles que encuentran en el rincón caribeño la mano extendida de familiares y amigos, y el cariño de un pueblo solidario con la causa que ellos defendieron.

No es una inmigrante más; es una enfermera que cura tantas heridas, en el cuerpo y en el alma, en las ciudades y en los cuarteles de montaña durante la guerra española; la que ayuda, en 1937, a organizar en Valencia el Congreso de los intelectuales del mundo contra el fascismo.

Cuba la acoge..., y su talento la convierte en la artista excepcional de las grandes obras en los Teatros Principal de la Comedia, América, Apolo…; la actriz más destacada de la radio en 1942, desde La novela del aire de la RHC Cadena Azul; y, entre 1944 y 1947, a través del Circuito CMQ, donde, al morir, protagoniza el capítulo 199 de la novela radial más trascendental de todos los tiempos en América: El derecho de nacer.

Cuando muere víctima de un absurdo accidente de tránsito, el 26 de noviembre de 1948, acumula el récord de protagonizar las dos novelas radiales con el rating insuperable del primer lugar nacional. Tanto cala en los corazones, que su recuerdo transita incólume a través de 70 años. Tanto, que al mencionar El derecho de nacer la remembranza solo se detiene en dos nombres, Félix B. Caignet, el autor, y María, la Gran Dama de la Radio Cubana.

Por eso, más que quiero, necesito contar desde todos los ángulos la vida de esta mujer, empeño que como autora materializo en libro de próxima aparición.

A pesar de los obstáculos prefiero arriesgarme y, en momentos en que pequeñas  chispas fascistas amenazan con la erupción, me proyecto en pos de esa búsqueda: María, la actriz inigualable; y Mari, la mujer singular, la del combate por la vida, lo merece, porque también por ella, por María Valero, "doblaron las campanas".


 

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