Hombría de bien y voz

La vida bohemia de la ciudad de La Habana en los inicios de la década del ´30 acogió al joven Barbarito Diez cuando decidió abandonar su trabajo como mecánico durante la molienda en el antiguo central azucarero Manatí en el Oriente cubano.

La carrera artística del Príncipe del Danzón que inició en la capital cubana estuvo signada por el danzón, nuestro baile nacional; el bolero, el Café Vista Alegre, la maestría de Antonio María Romeu, su amistad con Graciano Gómez e Isaac Oviedo y la radio, con su emisora en aquel momento llamada El progreso Cubano.

“La primera vez que vine (…) en 1928. Regresé y al terminar la zafra del 29 hice mi segundo viaje a la capital, pero regresé para hacer otra zafra, y en el año 30 le dije a mi madre que iba a repetir el viaje a La Habana, pero ya para quedarme. Ella no me lo creyó”. (…) Como a todos los del campo, a todos los guajiros, La Habana me deslumbró desde la primera vez”, declaró Francisco Diez Junco -Barbarito- al periodista Orlando Catellanos en 1975.

A su llegada a esta urbe un amigo, Alberto Rivera, lo llevó a los ensayos del  sexteto Matancero de Graciano Gómez donde audicionó, sin saberlo, para convertirse en la voz prima del conjunto.

En una entrevista concedida por Diez y Graciano al periodista Orlando Castellanos pero esta vez en el año 1977, el entonces director del trío Los Gracianos declaró: Barbarito, que se inició tan joven en ese ambiente de bohemia, de tragos, porque entonces tenía veintiún años, nunca bebió ni fumó. Eso sí, trabajaba, cantaba con toda dedicación y seriedad. A Barbarito le decían El Negro Lindo y le gustaba mucho a todo el mundo. Lo admiraban desde entonces por su «hombría de bien», como dicen los antiguos, y por su manera de tratar al público: no era solamente su forma de cantar, sino su trato con las personas. Desde los más pobres hasta los más ricos, lo elogiaban por todas esas cualidades”.

Al abrigo del este trío – junto a Graciano Gómez e Isaac Oviedo- que actuaba en el Café Vista Alegre, uno de los sitios preferidos de la intelectualidad habanera, conoció al hombre que le lanzara artísticamente a nivel nacional e internacional: Antonio María Romeu.

Ese debut llegó a finales de los años treinta del pasado siglo cuando se presentó por primera vez en la radio cubana, siempre junto a la Orquesta de Romeu, uno de los principales promotores en aquel momento del danzón.

En una entrevista a Barbarito Diez hacia la década del ´70, dijo: “Comencé a cantar con el maestro Romeu en la emisora El Progreso Cubano, la actual Radio Progreso, que estaba instalada por entonces en la calle Monte. Uno de sus cantantes era Diego Rodríguez y el otro era Rogelio Martínez, que cuando necesitaba hacer algún otro trabajo me pedía que lo supliera en las transmisiones. En 1937 Dieguito pasó a la orquesta de Armando Valdespí y me quedé fijo con el querido «mago de las teclas», que es como se le conoce a Romeu. Era el cantante de la orquesta pero seguía actuando con el trío”.

El cancionero tradicional cubano nutrió las grabaciones de Barbarito, por lo que rescató memorables composiciones de Eliseo Grenet, Ernesto Lecuona, Sindo Garay, Manuel Corona. Moisés Simons, María Teresa Vera, Miguel Matamoros, Luis Casas Romero, Félix B. Caignet y Eduardo Sánchez de Fuentes, entre otros importantes autores cubanos.

Sobre el legado musical de esta figura, el actual director de programas musicales de la emisora donde debutó – ahora Radio Progreso-, Guille Vilar comentó que resulta “extraordinario sobre todo porque rinde culto a la belleza de la vida desde cualquier punto de vista. Pudiéramos decir que por su inspirado canto, pero a la vez por su carismática personalidad donde predomina la elegancia tanto en el vestir como en su conducta social. Era un paradigma del hombre cubano de todos los tiempos. Pero por supuesto, también por la selección de su repertorio donde todas las canciones estaban en una similar línea estética. El tiempo, ese gran crítico del buen arte, ha permitido que sus canciones permanezcan en cada generación de cubanos que buscan la esencia del valor artístico verdadero”.

En el culto a esa esencia, desde hace poco más de una década en la localidad tunera de Manatí se celebra el Festival de Música Popular (30 de noviembre al 4 de diciembre), que lleva el nombre del intérprete de Perla Marina; esta XI edición rinde tributo al aniversario 105 del natalicio del Príncipe del Danzón, y a los centenarios de los músicos Roberto Faz y René Márquez, explicó Pablo Diez, hijo del popular cantante a agencias de prensa.

Artistas del territorio como la Orquesta Danzonera de Las Tunas, y parejas de baile del Movimiento Amigos del danzón, e invitados a la cita como los cantantes Beatriz Márquez, Vania Borges, David Álvarez y Rafael Espín, y el guitarrista concertista holguinero Eliécer Travieso, entre otros, figuran dentro de las actividades del evento.

El programa incluye el evento teórico, bailables, el taller teórico-práctico de baile de danzón y chachachá, y la transmisión en vivo del festival mediante los programas Discoteca Popular y Al lado del corazón, ambos de la emisora Radio Progreso, reporta la Agencia Cubana de Noticias.

Guille Vilar, director de este último programa expresó: “Para el pueblo cubano, la radio continua como un medio de información general imprescindible en la vida cotidiana. Una canción hermosa, siempre va a serlo aunque sea de hace 60 o 50 años igual que la belleza de una mujer. Eso nunca va a cambiar al ser uno de los principales temas de inspiración del arte en la vida. Barbarito lo sabía y por eso su repertorio era tan selecto entre lo mejor de la canción cubana. Ya volverán otros tiempos donde lo chabacano y lo vulgar, ocupe el lugar que le corresponde, en los últimos escalones de nuestra música y entonces intérpretes como Barbarito, volverán a renacer”.

La obra de Barbarito y el danzón- aseveró su hijo Pablo Diez-, género del cual fue uno de sus principales intérpretes, mantienen su vigencia y notoriedad, lo mismo que su estampa, aquella de hombría de bien y voz que se bautizó como el "Príncipe del Danzón".