Maria Dolores Ortiz: Cepero Brito fue quien me propuso como panelista de Escriba y Lea

La Doctora Maria Dolores Ortíz, maestra insigne de CubaSabía que además de sus amplios conocimientos, es usted una gran comunicadora, con una personalidad muy propia... Diría que su correcta expresión oral y la sonrisa que la acompaña, traslada complacencia, armonía...

¿Tiene esto que ver con su niñez?. Creo que es un buen tema para comenzar. ¿No le parece?


Mi niñez fue una niñez feliz, tuve una familia muy buena, muy estable. Holguín era una ciudad muy tranquila, era como dijo Raúl Castro en una ocasión: “una gran aldea”, cuando todavía los caballos se amarraban en unos hierros frente al parque Calixto García, lo que no quiere decir que Holguín no tuviera determinada vida cultural. Tal vez no tanto la vida cultural que uno esperaría de una ciudad que desde el punto de vista económico era tan prospera como era Holguín. Me eduqué, en  el colegio “Los amigos”, que estaba además muy cerca de mi casa. Eso es mientras estudio la Primaria y el Bachillerato.

¿En que año la doctora María Dolores Ortiz sale de Holguín?

Vine en 1953 para La Habana a empezar los estudios universitarios.  Fue una época importante dentro de nuestra historia, porque ya había ocurrido el asalto al cuartel Moncada. Nosotros vivíamos en Holguín, naturalmente las repercusiones del Moncada también se sintieron fuertemente en toda esa zona de Oriente, primero que en el resto del país y en ese ambiente empiezo mi carrera universitaria.

 ¿Qué carrera matricula?

 Filosofía y Letras, una carrera preciosa que volvería a estudiar si volviera a vivir.

 ¿Qué recuerda de aquella vida universitaria, ya a mediado de la década de los años  50?

 Son recuerdos que están muy vivos dentro de mi, Josefa, porque fue una época en la que se unió el descubrimiento de un gran mundo cultural y al mismo tiempo el descubrimiento de la convicción, que en definitiva uno siempre había tenido por la formación anterior, tanto en la escuela como en la familia, de la necesidad de un cambio en el país. Recuerde que la universidad en general se involucró profundamente en la lucha contra la dictadura batistiana, por lo tanto los estudiantes en modo alguno podíamos ser indiferentes ante esa situación que estaba viviendo el país.
 
¿Ser educadora es su vocación desde la edad más temprana?

 Desde que era una niñita, jugaba más a la escuelita que a los cocinaditos.
 
¿Y por casualidad sueña alguna vez en ser profesora universitaria?

El sueño existía, la posibilidad era la que era difícil en aquellos tiempos.
 
¿Y el sueño grande de ser profesora universitaria de la Universidad de La Habana?


Nada menos, pero en aquella época este era un sueño prácticamente imposible de realizar. No solamente porque casi nunca había oposiciones, solamente las hubo, que yo recuerde en mi época estudiantil, la única oposición, de la que yo tengo por lo menos memoria fue en la que Roberto Fernández Retamar, ganó la cátedra de Lingüística y Filología Clásica.

¿Usted sufre el cierre de la Universidad?

 El 27 de noviembre del 56 hubo una gran manifestación estudiantil que por supuesto terminó a tiros y pedradas y carros de bomberos y todas esas cosas entre los estudiantes y la policía de Batista. Ya en ese momento se cierra la universidad y  no vuelve a abrir, porque tres días más tarde es el alzamiento de Santiago de Cuba y dos días después el desembarco del Granma. O sea, que  la universidad cierra ese 27 de noviembre y no vuelve a abrir hasta después del triunfo de la Revolución, y los estudiantes nos quedamos sin poder estudiar, naturalmente.

¿O sea, que ya Ud. termina la  carrera después del triunfo de la Revolución?

La carrera yo la termino después del triunfo de la Revolución, ya como trabajadora, porque  aquellos tiempos de la Guerra de Liberación, yo me fui primero para Holguín y después conseguí trabajo aquí en La Habana, mediante un tío mío que era profesor del Candler Collage. Vine para La Habana en septiembre del  57 y  empiezo a trabajar como profesora de español y de historia en el Candler Collage, en el Bachillerato y la Escuela de Comercio que el colegio tenía.

Si Ud. no hubiese sido profesora, ¿qué otra cosa hubiese querido ser?

Esa es una pregunta difícil porque yo creo que no hubiera sido ninguna otra cosa.-

¿Tiene algún recuerdo especial de algún compañero de estudio de aquellos momentos, de los años 50 en la universidad?

Muchos. Por ejemplo compañeros que han tenido una vida muy limpia, muy brillante, muy dedicada a la vida nacional, a la Revolución. Y muchos  han tenido una vida muy destacada también dentro de la intelectualidad cubana.

Doctora ¿y cuándo Ud. se convierte en profesora de la universidad?

En marzo de 1963, después de la Reforma Universitaria. Esta reforma fue promulgada el 10 de enero del 62, como un homenaje a Julio Antonio Mella, y eso fue, por lo menos en Filosofía y Letras, una de las causas fundamentales para que muchos profesores se fueran, independientemente de que se estaban produciendo reformas de los planes de estudio, ampliación de carreras, no solamente en la antigua escuela de Filosofía y Letras, que después sería Escuela de Letras de la Universidad y actualmente es Artes y Letras, sino en la Universidad entera. Empezaron a hacer falta profesores y me llamaron para ejercer como profesora de español, gramática y redacción en la antigua Escuela de Letras de la Universidad.

Pasando ahora a un tema que para mí es muy importante, porque es realmente cuando yo la descubro. Es a través de la pantalla, porque soy una televidente muy fiel de Escriba y Lea. Siempre he dicho que si tuviera que elegir el mejor programa sería  Escriba y Lea, por lo que aporta. Aún cuando no se llega a la solución del tema, ustedes dan una clase, sobre ese tema, aún cuando en ese momento no hayan llegado a la precisión, ¿De quién o quienes fue la idea de un programa que ha vencido al tiempo y permanece con la frescura del primer día.

Poco tiempo después de trabajar en la universidad, la Comisión de Extensión Universitaria, organiza un curso para locutores de Radio y Televisión en ejercicio. Fueron unos cursos muy buenos, fue un claustro muy bueno el que les dio las clases a estas personas.

Allí estudiaron, entre otros, José Antonio Cepero Brito, Enrique Goizueta, Héctor Fraga, Ramón Hernández y Franco Carbón, que además era mi amigo de la infancia. Nos conocíamos por la relación de las iglesias y colegios de Los Amigos que había tanto en Banes como en Holguín. Este fue un grupo con el que hice muy buenas relaciones, ellos decían que yo debía trabajar en la Televisión y yo lo que hacía era reírme de ellos, porque me daba risa que pensaran que yo podía trabajar en la Televisión Cubana.

Años después, surgió la idea en un grupo de compañeros, creo que empujados un poco por el Dr. Humberto Galis-Menéndez, que a su vez había participado unos años antes en un programa de la Radio que se llamaba “La bolsa del saber”. Galis-Menéndez era un hombre de esas personas que yo creo que ya casi no hay en el mundo. Galis-Menéndez era veterinario, era profesor titular de la Universidad de La Habana en la Facultad de Veterinaria, era Juez de las exposiciones internacionales de ganado  y era un hombre cultísimo, desde el punto de vista de la historia, de la literatura, del arte, de la música, por eso creo que el principal autor de la idea de Escriba y Lea fue  Galis-Menéndez y él se buscó la complicidad de algunos compañeros del Instituto Cubano de Radiodifusión, como Héctor Núñez Rodríguez, como Leslie Rodríguez.

Empezaron a trabajar y a crear la posibilidad de un programa  de panel. Hablaron con Cepero Brito para que fuera el moderador y entonces  uno de los panelistas, ya por plantilla sería su creador, Galis-Menéndez. El otro, no me acuerdo quién era la persona en la que se pensó originalmente, pero era también un hombre. Andaban buscando una mujer para tercer panelista. Entonces Cepero Brito fue el que dijo que la persona indicada era yo. Yo les dije que por nada del mundo haría eso, y menos en un programa donde se podía hacer un gran ridículo. Todavía a estas alturas puede ser que uno no conteste una pregunta y al otro día en el aula los propios muchachos le digan: ¡Profe anoche no puso una!

Pero por suerte para nuestro pueblo, al final acepta.
  
Tanto insistieron que un día me dije: y por qué no voy a probar, uno no debe declararse derrotado antes de la batalla. Galis-Menéndez había preparado una metodología de cómo hacer las preguntas de manera de ir buscando de lo general a lo particular. Todavía actualmente nos pasa que a veces no contestamos una pregunta porque hemos saltado pasos en la metodología. Y por ejemplo si se nos olvida preguntar si es de la Europa continental y nos olvidamos de Inglaterra, empezamos a buscar en la Europa continental y a lo mejor es un inglés, que es Europa pero no está en el continente, sencillamente no se puede llegar a la respuesta correcta.

Doctora quería hacerle esta pregunta, ¿este programa Escriba y Lea amplía su horizonte como educadora?


No solamente como educadora, ha ampliado mi horizonte cultural, y no solamente el mío, el de los otros compañeros que han pasado por el programa a través de los años, porque, uno aprende cosas hasta cuando no contesta, eso también es un aprendizaje, de los errores también se aprende. Por ejemplo, cosas muy específicas de la historia y de la cultura de un país determinado.  Hay asuntos que muchos saben y muchas veces son la mayoría de las preguntas de Escriba y Lea, porque no se puede olvidar que no es una clase para la formación de especialistas, sino un programa para la superación cultural y al mismo tiempo para que el público se entretenga un poco y empiecen en la intriga de quién va a contestar, si va ser uno, si va a ser el otro, si voy a ser yo; a mí me encanta ser yo la que conteste las preguntas, como es natural.

Además de los conocimientos, que en especial, los de ustedes son muy amplios en todas las esferas, aunque tiene especialidades, ¿Qué importancia tiene la memoria?

Desempeña un papel fundamental. No para tener una enseñanza o una educación memorística, que son dos cosas distintas. Creo que la memoria hay que ejercitarla igual que un deportista ejercita sus músculos, su cuerpo, para poder cumplir determinada meta o una competencia, etc., o un artista educa su voz para poder cantar en un concierto. La memoria hay que ejercitarla.

Ese mismo ejemplo que yo ponía de la música, cómo un artista de teatro lírico, va a cantar una ópera si no ha memorizado el texto de esa ópera.
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