Roger, doblemente vencedor frente a la COVID-19

Aún consciente de los riesgos que asumen quienes luchan por la vida humana y contra la COVID-19 dentro y fuera de la mayor de las Antillas, el colaborador internacionalista cubano Roger Palomino Aguilera no pudo esquivar la incertidumbre tras comprobarse su contagio con el nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

¿Por qué a mí?, fue la primera pregunta, inevitable, luego de recibir la noticia en el centro de aislamiento Villa Cautillo, en la oriental provincia de Granma, mientras cumplía el periodo de vigilancia y cuarentena establecido por el Ministerio de Salud Pública para los viajeros procedentes del exterior.

Licenciado en Terapia Física y Rehabilitación, Roger se encontraba cumpliendo una segunda misión médica en la República Bolivariana de Venezuela y volvía a la Isla para unas merecidas vacaciones, cuando la confirmación como caso positivo truncó los anhelos de disfrutar junto a la familia y en casa, en su natal ciudad de Manzanillo.

Escuchar el resultado de la prueba de PCR en tiempo real, el cuatro de agosto último le cambió la vida en cuestión de segundos. Sentí temores e incertidumbres -dijo- pero nunca me faltó la confianza, porque sabía que estaba en mi Patria, donde la dirección del país, los médicos, enfermeros, el personal de salud pública en pleno y otros muchos actores sociales ponen todo su empeño para enfrentar y vencer esta pandemia.

Otro estremecimiento lo embargó al saber que inmediatamente sería trasladado - junto a una colega y coterránea también positiva- para el Hospital provincial Clínico Quirúrgico Celia Sánchez Manduley, institución ubicada en la urbe costera manzanillera y su centro laboral desde hace 14 años.

Fuimos los primeros pacientes con COVID-19 ingresados allí. Cuando llegamos nos recibió un equipo encabezado por el director, y no obstante los estrictos protocolos para evitar contagios secundarios, pudimos sentir de cerca el buen trato y afecto hacia nosotros, resaltó.

Una vez admitidos en la sala 2 I, con las todas las condiciones requeridas, les explicaron desde cómo debían vestirse hasta el tratamiento que recibirían, el cual comenzó al día siguiente, detalló Palomino Aguilera.

Constantemente chequeaban nuestros signos vitales, a través de exámenes físicos, toma de la temperatura corporal y la presión arterial, entre otros procederes. Todo se mantuvo bien y no presentamos síntomas, salvo algunos efectos provocados por la administración del Interferón Alfa 2B Recombinante.

El equipo médico incorporó la responsabilidad de informar y contactar diariamente con ambas familias, y en los dos cubículos se crearon las condiciones para que en todo momento tuviéramos comunicación telefónica con nuestros seres queridos, destacó.

En medio del tormento de saberse contagiados por una enfermedad letal, fueron bálsamos, además, la calidad de la alimentación y los servicios generales, así como el apoyo y optimismo imprescindibles para enfrentar la difícil situación.

Al cumplirse el décimo día de ingreso nos repitieron el PCR en tiempo real y el sábado 15 de agosto, aún sin saber el motivo, vimos a los médicos festejando lo que finalmente supimos eran nuestros resultados negativos a las pruebas.

Qué decir entonces de la felicidad y los pensamientos que vinieron a mi mente, manifestó con voz entrecortada, como si reviviera aquel momento.

Ya de alta médica y desde el hogar, cumpliendo con las medidas de protección indicadas y en espera del alta epidemiológica para reincorporarse a la sociedad, el profesional de 41 años de edad manifestó su disposición de volver a Venezuela y seguir luchando contra la COVID-19.

Por devolverle los deseos de vivir plenamente y la fuerza para perseguir sus sueños, expresó gratitud infinita a la Revolución, las autoridades del país y de manera especial a los valientes que luchan por la vida en el hospital Celia Sánchez Manduley.

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