El Instituto Cubano de Radiodifusión (ICRT)

{dropcap}A{/dropcap} fines de 1961 y principios de 1962 y dirigido el proceso por el jefe de la Comisión de Orientación Revolucionaria, primero de las Organizaciones Revolucionarias Integradas, y después del Partido Unido de la Revolución Socialista, César Escalante Dellundé, se dieron los pasos necesarios para la institucionalización, que culminó con la firma de la Ley 1 030, que validaba la creación del Instituto Cubano de Radiodifusión, el 24 de mayo de 1962.

Formaron el equipo que tuvo a su cargo el proyecto organizacional: Ramiro Puerta Quiroga, Aurelio Martínez, Humberto Pérez, Julio Alom Alom, (Pitín), Dibujante de Palante, Lázaro Bravo y Renaldo Infante Urivazo.

Ramiro Puerta, que había encabezado la Oficina de Radiodifusión, pasó a ser el primer Director del ICR, cargo que pasó a desempeñar después Aurelio Martínez. Lázaro Bravo, tuvo en principio funciones administrativas. Otras personas vinculadas a la gestión fundacional fueron, el Doctor Gregorio Ortega, interventor de la CMQ, que pasó a Director de la Televisión y José Antonio Caiñas Sierra, como Director de la Radio.

Marcos Behmaras, que había estado al frente de Radio Progreso después de su intervención EL 2 DE JULIO DE 1960, se incorporó junto a Orlando Fundora a la naciente Radio Internacional, con Radio Habana Cuba, en 1961. Según refirió Renaldo Infante, a cargo de la dirección técnica del Instituto quedó nombrado el Ingeniero Carlos Estrada Castro. La dirección de la CMQ  Radio le correspondió a Amaury Pérez García, mientras José Rodríguez Méndez fue el Director del Noticiero de Televisión, tras la unificación del Noticiero Revolución del Canal 2 y el antiguo Noticiero CMQ, lo que ocurrió el 2 de noviembre de 1961. Los locutores que lo inauguraron fueron Manolo Ortega y Eddy Martin.

Otras responsabilidades recayeron en Antonio Hernández (Ñico), como Jefe de Control Remoto, Ibrahim Urbino y Joaquín G. Santana, en las Relaciones Internacionales, Mirta Muñiz Egea asumió la Divulgación y las Relaciones Públicas, mientras José (el Gallego) Varela y René Ortega se hicieron responsables de la programación y administración de la Televisión,  respectivamente, mientras el Ingeniero Juan Felipe Madariaga asumió la dirección técnica de la televisión.

Con la creación del ICR, al que se agregó una T en 1976, la Radio y la Televisión transitaron de un régimen de propiedad privada y explotación comercial a otro de propiedad social y de servicio público, en condiciones de un proceso revolucionario único y sin antecedentes en América Latina. Se hizo añicos la tutela del amo imperialista, pero supervivió en aquel momento su influencia en la explotación tecnológica y el modo de hacer, tan arraigado en el país.

No obstante, por vez primera en su historia, Cuba pudo insertarse con personalidad y voz propias en el concierto de las instituciones que conformaban la radiodifusión internacional y desde allí enfrentó las campañas de desinformación y las falacias promulgadas por la contrarrevolución desde el exterior, en alianza con el imperialismo yankee.

Pero el ICR representó mucho más, porque con independencia del nivel organizativo en el orden jurídico, normativo y administrativo, incluyendo sus transmisores, (pasaron a ser administrados por el Ministerio de Comunicaciones a finales de 1967) tenía como tarea central, y así lo asumió, una redefinición de los nuevos conceptos que debían aplicarse a escala del país  en materia de programación, orientados por la dirección de la Revolución.

Y los trabajadores, artistas, periodistas y técnicos, se alinearon en función de los intereses de las grandes masas, de sus objetivos políticos y sociales, en la búsqueda de una programación que diera respuesta al derecho inalienable de estar verazmente informada, y a la vez, disponer de un vehículo para la elevación de la educación, la cultura, el sano  entretenimiento.

Entre los servicios más destacados está, sin lugar a dudas, el papel jugado por estos medios de comunicación en el terreno ideológico. ¿Cómo poder sustituir esa explicación diaria y sistemática de los problemas que a cada momento ha tenido que enfrentar el país. ¿Cómo se podía mantener esa comunicación permanente de los máximos dirigentes con el pueblo? ¿Cómo movilizar a  las grandes masas, para no menos colosales tareas, como la Campaña de Alfabetización o las movilizaciones militares o productivas...?

Cuando escribo llegan a mí recuerdos imborrables de la presencia de Fidel, librando a través de micrófonos y pantallas la colosal batalla por la dignidad nacional, para valorar como nadie la importancia de estos medios en un proceso revolucionario como el nuestro.

 

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