Hasta siempre Mario Rodríguez, el abuelo Salustiano

Los cienfuegueros que eran niños y niñas en los años 80s del siglo pasado, lo recuerdan. Todas las mañanas de lunes a viernes, algo después de las 7, salía al aire el espacio “Buenos días, pionero”; quince minutos dedicados a los más pequeños. Siempre había un cuento corto, original o versionado, se daban informaciones de la Organización de Pioneros “José Martí”, había música y curiosidades.

Aquel programa, de los primeros con dramatizaciones que tuvo Radio Ciudad del Mar, era conducido por tres actores del Teatro Guiñol de Cienfuegos; radicado, precisamente, donde otrora estuvo ubicada Radio Tiempo. El elenco inicial lo integraban Gloria Pérez, Pastora Naranjo y Mario Rodríguez. Años más tarde, el lugar de Gloria lo ocupó la actriz Nancy Meliá. Las dos actrices interpretaban roles de pioneros, mientras Mario encarnaba a un anciano tierno y complaciente con sus nietos, el abuelo Salustiano. 

A partir de 1983 empecé a escribir los libretos de “Buenos días, pionero” y al año siguiente se me asignó la dirección. En la grabación contábamos con Lázaro Aguiar, compañero inolvidable cuyo grato recuerdo prevalece en quienes tuvimos la suerte de trabajar con él y ser sus amigos. 

En 1986 Radio Ciudad del Mar sumó otro dramatizado para niños, éste con salida dominical; me refiero a “Para ser Felices”, con la participación del mismo elenco actoral y la incorporación de pioneros y pioneras que incursionaban en la Radio. El enanito Salchicha y el conejo Dionisio, éste último interpretado por Mario Rodríguez, formaron parte de los personajes en aquel programa que con orgullo fui su creador, escritor y director. 

Han transcurrido más de 40 años y – a pesar del tiempo – cada vez que me encontraba con miembros de aquel colectivo, rememorábamos nuestras jornadas vespertinas de grabación donde, entre todos y como una familia, hacíamos el previo ensayo y aportábamos ideas unos y otros. 

Hace poco supe que uno de aquellos integrantes no sería visto jamás. Me refiero al actor Mario Rodríguez, quien dijo un adiós a la existencia física a finales del pasado mayo. Para todos los que compartimos y disfrutamos de su arte – en las tablas y a través de la Radio – fue un golpe demoledor. Aunque ya jubilado, estaba siempre allí, en su casa de Prado entre Colón y Hernán Cortés, para dar el consejo experto a quien se lo solicitara. 

Supe de su deceso semanas después, ya que estos tiempos de pandemia nos imponen el necesario aislamiento físico. Escribo estas líneas ahora, mas no importa; para mí lo que cuenta es mencionarlo como el actor radial que fue, a cuyo quehacer en el medio sumó, en los años 90s y entrado el nuevo milenio, su participación en dramatizados de Radio Ciudad del Mar, los que desarrolló con la profesionalidad que siempre lo caracterizó. 

Estas líneas son para recordarlo y decir a las nuevas generaciones que sus papás y mamás se preparaban para ir a la escuela mientras escuchaban al abuelo Salustiano y sus personajes acompañantes. Son también para evocar los primeros intentos de programación dramatizada en la radio cienfueguera. Y como tenemos memoria, recordarles también a los más jóvenes que gracias a la Revolución nuestra Radio Cubana se dignificó, complejizó y elevó sus niveles de realización artística. 

Nuestro Radio deviene paradigma por la riqueza de su programación, calidad, información, realización artística y compromiso social con la Revolución y nuestro pueblo. 

La Radio Cubana es un logro cuyo perfeccionamiento reclama ideas novedosas y actuales que al mismo tiempo conserven el patrimonio intangible que representa.

La consagración de radialistas de ayer y hoy, y de actores como Mario Rodríguez, el inolvidable abuelo Salustiano, es acicate para jamás cejar en ese empeño.

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