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Los signos de la radio moderna PDF Imprimir E-mail
Escrito por Carlos Rafael Diéguez   
Martes, 03 de Agosto de 2010 19:00

Los filósofos de la antigüedad se preocuparon  por el lenguaje y los signos. Este punto de vista inicial nunca dejó de ampliarse y diversificarse. Hoy los que hacemos radio debemos ocuparnos de la semiótica en dos campos básicos de la comunicación. El primero en una dimensión externa, ¿hasta dónde llega el sonido, dónde se percibe esa  señal que se esparce no para el consumo social, sino individual?

El segundo plano es más difícil, tiene que ver con  el yo interno del realizador. Los que producimos contenidos para este versátil  medio debemos someternos a constantes autoanalisis porque existe la tendencia a imponer nuestros gustos y hacer programas con puntos de vistas personales. El yo interno  debe ser alimentado como un disco duro de una PC con  aires renovadores, incorporándole  una síntesis de los gustos de la mayoría. Es difícil, pero con ejercicios responsables se logra.

Un hombre de teatro como Bertold Brecht propuso una teoría discursiva a los directores del  medio. En el Berliner Borsen Courrier del 25 de diciembre de 1927, Brecht sugirió experimentar la radionovela. Para él, el arte y la radio debían estar a disposición de los proyectos dialécticos, preconizando su uso ideológico. Analizó al nuevo medio y declaró que la técnica estaba avanzada para producir la radio, pero la sociedad no estaba lista aún para acogerla. Lo mismo que ocurre hoy con la Internet.

Brecht animó la comunicación alternativa en la radio cuando dijo: "la radio (...) simple aparato de distribución, no hace más que transmitir, hay que transformarla en aparato de comunicación, (....) si supiera no solo transmitir, sino también recibir, no solo hacer escuchar el oyente, sino también hacerlo hablar, no aislarlo más, sino ponerlo en relación con los demás." El gran dramaturgo también llevó a la radio una obra didáctica para escolares: Sobrevuelo del océano, difundida el 29 de julio y el 5 de diciembre de 1929.

La primera teoría comunicológica del poder de los medios surgió gracias a la radio. Orson Welles, con la versión de La Guerra de Los Mundos, propagó las ficciones radiofónicas y otorgó a este medio la condición de poderoso, por el pánico que generó.

¿Cuál es el fenómeno que plantea la radio? ¿Emitir, recibir o facilitar el mensaje que nace en la comunidad? Quién ofrece las declaraciones en una entrevista ¿es el primer emisor? Es por tanto La Radio ¿una recolectora de mensajes?

Los signos y los códigos que permiten una acertada comunicación  de la radio con su mercado de audiencia pululan en la psiquis de la gente común. Las funciones del signo no son solo patrimonio de los medios gráficos y visuales. El hombre y la mujer que hacen radio hoy deben hurgar en los sonido de los campos y ciudades emitidos por los protagonistas naturales y artificiales, con el objetivo de apropiarse de los modelos y patrones semióticos que sirvan de referencia para la comunicación.

Esas muestras sonoras deben archivarse y actualizarse periódicamente ya que acompañan la existencia del medio radial desde su surgimiento a principios del pasado siglo.
La radio a diferencia del cine, nació con palabras  desde el principio. Canta y hace bailar a  generaciones de escuchas que la asumen como un medio acompañante. Múltiples funciones la caracterizan.

Sin la existencia de un lenguaje y con la ausencia de un código o conjunto de normas y reglas que den sentido a ese lenguaje, difícilmente podríamos hablar de comunicación, de la misma manera que tampoco sería posible establecerla si no se dispone de un canal que la haga viable, si no se da una situación que la propicie -por mucho que deseemos conversar con alguien, raramente lo podremos hacer si no tenemos interlocutor-, o si no hay mensaje alguno que transmitir.

En la radio, al igual que en los otros medios, convergen todas y cada una de las condiciones necesarias para hacer de la comunicación una realidad, ya que, entre otras cosas, tiene lenguaje y códigos específicos de los que se sirven sus profesionales para construir toda esa amalgama de mensajes y sonidos que llegan a nuestros oídos a través de los aparatos receptores.

De hecho, si ahora sintonizas una emisora de radio te darías cuenta de que constantemente se van sucediendo y alternando voces y músicas, y, en algunos casos, otros sonidos como el cantar de los pájaros, las olas del mar, ambiente de plena naturaleza, o el de un motor y un claxon de un auto. Escucharías  igualmente, que todo está perfectamente ordenado y, por ejemplo, una voz aparece cuando ha callado otra, que un fragmento musical que emerge al inicio de un informativo desaparece lentamente, que un locutor presenta una canción mientras suenan, a un volumen más bajo, las primeras frases de la música, y así un largo etcétera. Todo eso que se relacionan son signos, códigos o convenciones que se usan lo mismo en la radio de China que “La voz del Toa” en  Baracoa, primera Ciudad fundada por los españoles en Cuba.

Encontrar los nuevos signos y códigos que surgen en las sociedades constituye apremio para lograr efectividad  a través de las ondas hertzianas. Con la semiótica de la radio se oye, y  trasmiten imágenes. Esos valores agregados hay que  devolverlos con una mejor factura al punto de la audiencia.

La semiótica puede ser entendida como la teoría general de los signos, o de los lenguajes en cuanto a sistemas de comunicación. El dominio de la semiótica la conforman los lenguajes, sean estos naturales o artificiales. En este sentido es el estudio que se encarga de dar los fundamentos de cualquier ciencia particular que trate de signos, como la lógica, la lingüística o la matemática.

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