El sistema de salud que brinda una raquítica atención médica a las numerosas personas sin hogar o de bajos recursos en el sur de la Florida sigue atravesando una situación muy difícil.
Un duro ejemplo se expresa en el condado de Miami-Dade. Por un lado el Gobierno le ha reducido varias veces su presupuesto y por otro, muchos pacientes son inmigrantes ilegales cuadripléjicos con respiradores artificiales.
El periodista John Dorschner afirmó el lunes pasado que el mayor problema del principal hospital de ese condado, el Jackson, radica en que no puede lanzar a la calle a esos enfermos con graves padecimientos.
Pero el mencionado sistema de salud si está obligado a mostrar un presupuesto equilibrado de gastos e ingresos. Para lograrlo, ya la prensa local adelanta que planean seguir recortando plantillas y bajando sueldos.
Dada la crisis de este sistema de salud en Miami-Dade cae el ingreso de pacientes, y uno de sus altos funcionarios lanzó un chorro de agua fría sobre el futuro que le aguarda.
Se trata del tesorero de la junta directiva del Hospital Jackson, Marcos Lapciuc, quien declaró que la situación del presupuesto suscita un montón de dudas respecto a las posibilidades de sostener ese hospital en el futuro.
Un eventual colapso de esa institución médica representaría un golpe demoledor para la gente pobre que alivia allí sus necesidades en medio de la crisis generalizada que los asfixia.
Pero el condado de Miami-Dade no es un caso único de calamidades en Estados Unidos. De ahí que para las elecciones parciales de noviembre próximo las encuestas asomen la posibilidad de un considerable voto negativo que afecte los intereses de Obama y su Partido Demócrata.




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