No hay margen para la duda: “La situación de los arrecifes de coral es grave y está empeorando”, afirmó Guillermo Jordán-Garza, experto en corales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, adscrito a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Puerto Morelos.
Huéspedes de este planeta desde hace aproximadamente 200 millones de años, el aumento en la temperatura de los océanos está llevando además al blanqueamiento y segura muerte de los arrecifes, hábitat por excelencia de miles de otras especies que conforman estos ecosistemas y de los cuales dependen millones de seres vivos para sobrevivir. Y que me disculpe el lector si peco de reiterativo: son extraordinariamente bellos, vitales, pero que nadie lo dude: están en peligro de muerte
Desde el cosmos
Menuda sorpresa se llevaron los primeros cosmonautas al advertir, desde aquellas cimas, a la Gran Barrera Coralina de Australia, la única construcción no humana que puede verse desde el espacio. Y aunque no visible desde allí, le informo que la segunda barrera de coral más grande del mundo se encuentra en Mesoamérica, a partir de Cancún, México, y se extiende por más de 1 000 kilómetros a través de Belice, Guatemala y Honduras.
Pero también está la de Cuba, al norte y centro de la Isla, con una extensión de 400 kilómetros, poblada por corales de unas 40 especies diferentes, entre los que sobresalen el coral de orejas (que puede llegar hasta la superficie), el cuerno de ciervo, hacedor de verdaderos bosques de ramas color ocre, o el coral de fuego, de bello colorido pero del que hay que mantenerse alejado.
Génesis
A estas alturas usted puede preguntarse: ¿qué es un coral? Son animales, de la familia de los cnidarios, parientes muy cercanos de las medusas y las anémonas. Devienen una de las criaturas más extrañas de la vida, pues su esqueleto está hecho de una estructura mineral de carbonato de calcio, la Aragonita. Dentro de cada pólipo viven, en una relación que se conoce como simbiosis mutualista, unas diminutas algas unicelulares que se conocen con el nombre genérico de zooxantelas.
Las zooxantelas hacen fotosíntesis, a semejanza de cualquier planta verde, y parte del alimento que producen se la tributan al coral; por su lado, las algas están en un ambiente controlado, sin herbívoros que las depreden y con la insolación apropiada para su producción primaria. Durante siglos, estas pequeñas algas han contribuido al éxito evolutivo de los milenarios corales.
Un arrecife de coral es una estructura de carbonato de calcio que se forma por la acumulación y cementación de esqueletos calcáreos de distintos organismos marinos. Los más importantes de estos organismos son los corales duros, y es por esto que los llamamos arrecifes de coral. Pero hay que tomar en cuenta que, sin la acción cementante de las algas rojas, el arrecife se vendría abajo. Si quisiéramos hacer una analogía, podríamos decir que los corales son los ladrillos, y las algas el cemento del edificio, verbigracia el arrecife.
Ahora bien, el investigador Guillermo Jordán-Garza ha llegado a otra conclusión: “Corales y huracanes han convivido por millones de años pero ahora, por efecto del calentamiento global, lo huracanes parecen ser cada vez más destructivos.
“Y eso no es todo —asegura—: el calentamiento del agua trae consigo otros males. Se ha visto que la temperatura elevada rompe la simbiosis del coral con sus algas microscópicas. Las algas son expulsadas y el coral pierde su color, quedando completamente blanco. Por esta razón se habla del fenómeno del blanqueamiento del coral”.
¿Efecto dominó?
Al afectarse las algas, el coral se priva de su principal socio en cuestiones alimenticias, y si las condiciones adversas se prolongan y no logra recuperar sus algas, está condenado a muerte. La prueba no puede ser más concluyente: los blanqueamientos con mortalidades masivas que están dañando a los arrecifes.
Asimismo, el aumento de la temperatura del agua también implica mayor actividad de microorganismos, muchos de los cuales son patógenos potenciales. Desde hace alrededor de 25 años debutaron enfermedades infecciosas emergentes en muchos animales e incluso en poblaciones humanas. Los corales no se han escapado a este fenómeno y las enfermedades han provocado, y sobre todo están provocando, reducciones alarmantes de las poblaciones coralinas.
Y confiesa Jordán-Garza: “Lo peor es que no entendemos bien cómo podríamos tomar medidas para ayudar, hasta ahora nadie ha podido vacunar a un coral…”
El planeta es de todos
“La situación es grave y está empeorando, es necesario investigar y hacer buena ciencia para poder tomar las decisiones adecuadas; también es necesario involucrar a más personas, el planeta es de todos y si lo perdemos nos perdemos a nosotros mismos”, advierte el especialista mexicano.
Admitamos una verdad: el ser humano siempre ha “visto” a la naturaleza en términos de los recursos que puede extraer de ella, tanto desde los hermosos paisajes para erigir lujosos hoteles, como los animales para su alimento, joyas —entre ellas el deficitario coral negro—, vestuarios, árboles para la fabricación de viviendas, muebles y demás elementos afines, o bien suprimir “estorbos” por donde hacer pasar cableados o tuberías, entre otros imperativos de la vida moderna.
Y se pregunta el investigador: “Cuando nos damos cuenta de que estos recursos no son eternos y que lo que antes era, nunca volverá a ser lo mismo, nos asustamos un poco. Después de todo ¿quién va a venir a mi hotel si ya no hay un hermoso arrecife para visitar? Pero la naturaleza siempre pierde cuando se trata de negocios…”, se lamenta Jordán-Garza.
Reconocernos en otros seres vivos
En su momento, el filósofo Arne Naess sentenció: “Solo cuando la persona alcanza una madurez suficiente en todos los sentidos de su vida, es capaz de auto-realizarse y reconocerse a si mismo en todos los seres vivos del planeta. Y de igual forma en que cuidamos nuestra vida y la vida de nuestros hijos, debemos ser capaces de valorar y cuidar la vida de los demás organismos del planeta. El beneficio es doble, pues al cuidar la naturaleza estaremos al mismo tiempo asegurando que nuestros descendientes tengan un lugar dónde vivir”.
Así es. Sin embargo, hay quienes solo piensan en el presente. Obvian los efectos negativos de los cambios que nuestras actividades están generando. Y en el caso que nos ocupa, los servicios ambientales y sociales que brindan los arrecifes pueden valuarse en millones de dólares, pero la protección y sustento de estos y muchos otros de los ecosistemas hoy en día amenazados no será posible hasta que las personas reconozcan el valor intrínseco de la vida misma.





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