No estuvimos con anterioridad aquí en Puerto Príncipe, pero los que han tenido anteriores vivencias nos dicen que el maché o ventas populares en las aceras ya están prácticamente al nivel que siempre tuvieron. Ya no solo en los barrios que circundan la zona céntrica, sino también en el propio centro de la urbe, donde son incontables las edificaciones destruidas. En Haiti, se calcula en más de un millón las viviendas colapsadas y más de 100 mil personas fallecidas como consecuencia del desastre del pasado día 12 de enero, al que se le han sumado las réplicas del sismo principal, algunas de fuerza apreciable, las que han hecho sucumbir moradas o edificios que estaban ya resquebrajados.
Miles de damnificados, heridos o no, permanecen en los amplios espacios a cielo abierto, en los que pernoctan y hacen su vida, por decirlo de alguna manera, puesto que lo han asumido como casas propias al no tener -pensemos que por ahora- otra alternativa. Se ha organizado mejor la recogida de los desechos en la ciudad, sobre todo alrededor de esos espacios, donde se acumulan cada día como consecuencia de la cantidad de personas aglomeradas. También sigue la recogida de escombros. Previendo que puedan caer en algún momento se demuelen las ruinas que hasta ahora han desafiado las repercusiones sísmicas y la ley de gravedad.
Hielo, surtidas frutas, viandas, condimentos y comidas populares están presentes de la misma forma que ventas de variedades de calzado y ropa, cremas o papel sanitario, cerámicas y artículos artesanales, por mencionar algunos. Asimismo, abren sus puertas negocios establecidos de venta de alimentos y bebidas, y farmacias. Comenzaron a prestar servicio algunas agencias de la Western Union, que por años ha jugado un papel importante para la economía de esta nación por la cantidad de divisas que aportan las remesas familiares que vienen del exterior.
Los colaboradores de la Misión Médica Cubana mantienen un servicio continuo de atención a la población haitiana. A ellos se les siguen sumando médicos haitianos graduados de Medicina General Integral y los que cursan la especialidad en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Santiago de Cuba. También están los estudiantes internos de 5to y 6to años de la carrera, que están laborando en Haití desde el pasado mes de diciembre como parte de su formación docente. Van a los lugares donde se encuentran los damnificados. Además de curar o darle seguimiento a los que han sido atendidos con anterioridad, tienen la tarea de aplicar vacunas y hacer labor educativa de higiene a toda la población circundante, para prevenir posibles epidemias y que el desastre se convierta en un mal mucho mayor. Hay además espacio para la atención de todo aquel que llegue a ellos por cualquier mal o dolencia.
Desde los primeros momentos el personal médico cubano, sin escatimar esfuerzos, ha trabajado sin descanso por la salvación de la vida. La magnitud de las hazañas realizadas por nuestros médicos, enfermeros y personal auxiliar se convierten en relatos modestos en boca de sus protagonistas, pero son reconocidos por este pueblo que les agradece personalmente a cada paso su presencia aquí y a Fidel y a Raúl, y al pueblo cubano.
Digo que -en medio de las desgracias- la calma permanece. Esto contrasta con lo que reflejan muchos medios internacionales de prensa, a partir de declaraciones desatinadas de políticos que no se han atrevido a poner un pie en esta tierra caribeña para ver la verdad. ¿Por qué quieren dar una visión al mundo de que el caos reina en Puerto Príncipe? Todo parece indicar que la pretensión es preparar a la opinión pública internacional para una ocupación militar.
Disgusto nos causó a todos ver las tropas estadounidenses en los alrededores del Hospital General. Han ubicado vehículos bloqueando las calles de acceso por cualquier tipo de transporte y controlan el acceso a la institución. También lo hicieron en los alrededores del Palacio de Gobierno, en cuyo jardín frontal continuamente aterrizaron y despegaron helicópteros de su fuerza aérea llevando consigo cajas de documentos sacados de las ruinas de ese símbolo gubernamental. Hicieron igual que cuando llegaron sus tropas y tomaron el aeropuerto internacional Toussaint Louverture y controlan todas las llegadas y salidas de aviones, más de uno tuvo que regresar a su lugar de origen.
Con mis elementales conocimientos de inglés les pregunté a los soldados emplazados cerca de la Plaza de Campo de Marzo si habían solicitado permiso al pueblo haitiano para ocupar sus instituciones y para bloquear sus calles. Les pregunté que con qué derecho estaban tan fuertemente armados en un país ajeno y amenazaban a su población, que se veía impedido de caminar por sus calles. El silencio por respuesta.
¿Esta es la ayuda que necesita Haití en estos momentos? ¿En estas tropas se gasta el supuesto dinero prometido por el gobierno de Estados Unidos para ayudar a los pobladores de esta destruida ciudad?
Aquí no reina el caos como dicen esos políticos y medios de prensa. Las irregularidades las han creado ellos con su injustificada presencia militar en Haití. No hacen falta soldados y armas de guerra, sino una ayuda incondicional de tipo sanitaria y alimentaria para ayudar a este pueblo, y que todos en el mundo ponga su grano de arena para reconstruir a esta nación caribeña.




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