Portada Haití, cobertura especial Cuando se dice solidaridad en Cuba se dice todo
Cuando se dice solidaridad en Cuba se dice todo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Aroldo García, periodista de Radio Rebelde   
Sábado, 23 de Enero de 2010 04:36
En Haití los médicos cubanos escriben otra página de solidaridad y amor

En Haití los médicos cubanos escriben otra página de solidaridad y amor

Es en esta ciudad, en otra, y en todos los sitios de nuestra nación. Puede ser en una renombrada institución, o en un humilde asentamiento rural. Son mítines espontáneos en talleres, en cuadras vecinales, en escuelas y en hospitales. El día comienza en los hogares cubanos al tanto del último reporte radial, originado en la sufrida y cercana tierra hermana, sobre la situación en las horas más recientes.

En estos días, en todos los sitios del país, el pueblo, nuestro pueblo,  enaltece sus valores. Y en estos días también, en muchos sitios del mundo, aunque la soberbia de algunos trate de ignorarlo, o al menos minimizarlo cuando no tienen más alternativa porque la verdad se impone, a los cubanos les enaltecen sus valores por la nobleza de sus actos cotidianos. Es esa una consecuencia tangible de un acto que jamás hicimos con el objetivo de vanaglorias. Son, eso sí, los sentimientos labrados durante más de cincuenta años, aun cuando atravesamos casi siempre las pruebas mayores, y los enfrentamientos peores, para poder salir adelante.

Ha sido este precisamente, nuestro desafío constante, y que así, nos ha hecho más fuertes. Esos sentimientos son los que hoy signan a nuestro pueblo con la nobleza de sus actos.
Día tras día, hemos seguido las secuelas del terremoto en Haití, y sus casi continuas réplicas.
Cincuenta mil, cien mil, doscientos mil, las cifras son escalofriantes, y lo peor, nadie sabe a ciencia cierta a cuál de ellas se elevarán las de los fallecidos...un millón, dos millones, más, de heridos graves.

Hoy la  infraestructura general de Puerto Príncipe ya no existe. Falta agua, faltan alimentos. La desesperación colma a la gente. Es la misma gente que ha logrado sobrevivir a la catástrofe. Es la misma gente que ya no tiene familias. Es la misma gente que ya no tiene absolutamente nada.

No es casualidad, y como en otras tantas ocasiones, solo pocas horas después de aquel atardecer terrible del martes 12 de enero, ya volaban hacia Haití los primeros aviones cubanos.
No eran, ni son, ni serán aviones militares. Son aviones con los colores del trópico, aviones de colores alegres y vivos, utilizados habitualmente para acercarnos a los pueblos y sus colores, los pueblos y sus alegrías. Pero sus cargas esta vez, nobles como siempre, son para mitigar tristezas.

Materialmente no tenemos quizás mucho. Eso no importa. Solidaridad para los cubanos no es dar lo que sobra, es sencilla y muy claramente, compartir lo que tenemos. Hoy, en estos días, una vez más, se hace patente.

Allí están los médicos cubanos, y nos sentimos orgullosos de verlos. Apenas descansan. Al llegar a tierra haitiana, ninguno de ellos pregunta o exige por comodidades o condiciones. Todos si que preguntan y exigen ir de inmediato para donde están las situaciones más complejas, la mayor cantidad de heridos, los dolores mayores.

Casi todos, sin que mediara ninguna convocatoria o indicación, llevan consigo una bandera de la patria, aunque sea pequeña, en algún lugar de sus vestuarios de campaña. Todos con el nombre de la patria en el pecho, y más aún, en el corazón.

Se les ve entre escombros peligrosos. Se les ve entre el desespero de los sobrevivientes y los heridos. y se les ve también, cerca, muy cerca, de las bayonetas, las fustas, y los fusiles, las botas y los cascos de quienes no fueron enviados a Haití precisamente a mitigar el dolor y los golpes, sino a todo lo contrario.

Allí están los nuestros, allí estamos todos. Mientras, aquí, en nuestra patria, nuestro pueblo humilde prepara brigadas nuevas para el relevo o el complemento, prepara también constructores, albañiles, carpinteros, trabajadores sociales y maestros. Millones de cubanos tienen hace días, listas las mochilas porque los principios siempre están listos.

El dolor de ese pueblo hermano es ahora nuestro propio dolor. Las duras imágenes que vemos todos los días de Haití, son también nuestras. En estos días, y como tantas otras veces, nos sentimos orgullosos de nuestros compatriotas, combatientes en el frente noble de esa batalla por la vida. Nos sentimos orgullosos al decir, son cubanos. Es el mismo calificativo que con infinito agradecimiento  pronuncian ahora en tierra haitiana los damnificados y los sobrevivientes. Es el mismo calificativo,  que en varios idiomas, expresan los rescatistas de más de cincuenta países que allí también se encuentran.

Podrá haber muchos, hace falta que haya muchos. enviados desde muchos países, sin vanidades,  autosuficiencias, y mucho menos  armas o injerencias. En Haití seguirá, seguro que seguirá por mucho tiempo, tanto como sea necesario estar, ese calificativo en idiomas disímiles, creole, inglés, francés, ruso, o alemán, y que es para nosotros el mayor de los reconocimientos.

Cada vez que hoy en esa tierra cercana y mártir que es Haití, alguien necesita enaltecer la ejemplaridad, el altruismo, la solidaridad...dice solamente...ahí están los cubanos.

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