
Haití y Dominicana eran para Martí dos pilares de la unión antillana
Cuando era una colonia francesa, Haití proporcionaba a la metrópoli las mayores riquezas, los más grandes ingresos en comparación con todas las colonias galas. A su ciudad portuaria, Cabo Haitiano, se le conocía como el “París del Nuevo Mundo”, sin embargo, el coloniaje y la tenaz resistencia al reconocimiento de ese Estado como nación soberana la convirtieron en lo que es hoy. Como dijera nuestro héroe nacional José Martí en su carta a Gonzalo de Quesada, el 8 de septiembre de 1892: “ No vi jamás, en mi mucho ver, tierra más triste, ni devastada que este rincón haitiano”.
Y es que José Martí conoció muy de cerca a Haití desde su primera estancia en septiembre de 1892 y más tarde en 1895. Durante la preparación de la Guerra Necesaria esa isla antillana fue tránsito obligado hacia República Dominicana, donde contactara con los luchadores por la independencia, entre ellos a Máximo Gómez.
Para el pensador y revolucionario más grande de Cuba, una de sus más profundas preocupaciones era lograr la unidad, a partir de superar las diferencias entre haitianos y dominicanos. Para ello los conminó a armarse de la fe y la necesidad de unir a nuestros pueblos de América.
En su diario de campaña “De Cabo Haitiano a Montecristi” Martí habla con orgullo de Alejandro Petión, el patriota haitiano cuya solidaria voluntad era la de liberar de la esclavitud también a Cuba, califica a Quanaminthe como un “animado pueblo fronterizo, de alegría popular, de hermosas y cadenciosas mujeres", el Creole, la lengua que hablan los nativos, “como un idioma melódico en sus oídos”.
Durante su paso por Haití descubre la bondad de los hombres humildes que lo auxilian en sus viajes. Siempre encuentra la mano extendida de los haitianos en su búsqueda de los patriotas cubanos, de los dos clubes de independentistas que radicaban en aquella islita tan cercana al extremo oriental de Cuba y que con orgullo ostentaban nombre de indomables indígenas: Guarionex y Hatuey.
En su plataforma de lucha Martí califica a la integración como el imperativo para frenar la sed imperial, es así como para entender el mundo en su justo equilibrio promueve la idea de unificar Las islas de las Antillas, en lo que definiera como “La Confederación Antillana”, primero la independencia, afirmaba plenamente convencido, luego la “unidad antillana”, y sin dudas, Haití estaba incluida en esa ideario de unidad.
Quien busca y relee en los recovecos de la historia se admira al leer en la obra de Martí un pensamiento progresista y premonitorio cuando expresa: “Sólo la emancipación de las Antillas puede garantizar el equilibrio necesario, pues de no ser así, seríamos meros esclavos de nuestro destino... Con la Unión de las Antillas y la América Latina independiente, formaríamos una fuerza equilibradora en nuestro continente”
El 8 de mayo de 1895 en una emblemática carta dirigida a su amigo Manuel Mercado, José Martí escribió: Haití por cercanía y la importancia de su posición geográfica, su pertenencia al mundo de los pueblos oprimidos que como Cuba, Puerto Rico y República Dominicana están amenazados por el naciente imperio norteamericano, es parte integral de Nuestra América.
Gonaives, Cabo Haitiano, Fort Liberté, fueron regiones de Haití en las que Martí bebió la savia y dejó su impronta de lucha por la unidad de las fuerzas redentoras. Ese proyecto que llamó la Federación Antillana tenía como supremos deberes tres pilares luego de alcanzada la independencia: la lucha por la igualdad racial, la lucha contra las desigualdades sociales, y el establecimiento de gobiernos democráticos republicanos que se opusieran con total hidalguía al expansionismo y el anexionismo.
En un escrito del periódico Patria en 1892 Martí destaca: “No parece que la seguridad de las Antillas, ojeada de cerca por la codicia pujante, dependa tanto de la alianza ostentosa, en lo material insuficiente, que provocase reparo y justificara la agresión como de la unión sutil y manifiesta en todo(…) de las islas que han de sostenerse juntas, o juntas desaparecer en el recuerdo de los pueblos libres”
Para José Martí la independencia de Cuba es el cumplimiento de una necesidad política y social que consolidaría la existencia misma de América Latina ante el peligro hegemónico que representa Estados Unidos...“(…) impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”...
La lucha de hoy por el equilibrio del mundo no difiere mucho de la que impulsara el ideario martiano. Estados Unidos, el Imperio, gasta cada año 700 millones de dólares en la confección de armas nucleares, y pretende convertir los alimentos en biocombustibles sin importarle el daño que puede ocasionar en los pueblos más pobres. Los marines de las bases y carboneras de ayer son hoy poderosas fuerzas militares que desembarcaron con su 82 División Aerotransportada en la devastada isla de Haití, “en misión humanitaria” según los medios de prensa también imperiales.
Las manos solidarias del mundo, en el otro extremo, se afanan en restituir el poder social y económico al devastado pueblo de Haití que apenas iniciado el año 2010 ha sido el blanco del ensañamiento hostil de la naturaleza y se ha llevado 170 000 de sus hijos de por si, ya pobres y hambrientos. Cuba y los países miembros del ALBA le aportan asistencia médica, medicinas, ofrecen ayuda económica, tienden la mano.
La historia lo confirma, y Martí, previsor de “todos los tiempos” lo auguró: “Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo”.




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