
La capital haitiana trabaja y poco a poco se recupera
En nuestro recorrido habitual desde Petionville hasta el centro de la ciudad de Puerto Príncipe continúa el trabajo. Van desapareciendo las ruinas, se sigue recogiendo los escombros. Son demolidos por equipos mecánicos y de forma manual muchos restos de inmuebles fuertemente dañados. Grupos de personas recuperan materiales utilizables como cabillas y cables eléctricos para sí mismos o para vender.
Pero no nos llamemos a engaño, falta mucho por hacer en este sentido, recordemos que han sido destruidos, según cifras oficiales, el 70 por ciento de las construcciones. Llevará años devolver el aspecto de la ciudad de antes del terremoto del 12 de enero.
No se podrán recuperar las vidas perdidas, muchos llevarán la huella en su cuerpo o en su mente por el resto de su existencia. Se le une la de familiares y amigos mutilados, fallecidos o desaparecidos.
A pesar de todo este panorama desolador, puedo afirmar que he sido testigo -y así lo he plasmado- de la fortaleza de este pueblo. Por eso día a día se nos presentan las paradojas y los contrastes.
Al igual que la mayoría de quienes estamos aquí cumpliendo con alguna tarea, no había tenido una experiencia similar a esta que hemos compartido. Han pasado tres semanas y para muchos habitantes de Puerto Príncipe y sus alrededores la vida ha retomado su ritmo.
Han abierto sus puertas centros laborales y también agencias de viajes terrestres inter-departamentales e internacionales. Los salones de belleza femenina y de corte de cabello masculino atienden a sus clientes. Hay ofertas de ropa y zapatos variados, y de perfumería.
En competencia con las farmacias o los bancos, se multiplican los vendedores callejeros de medicamentos y los que se dedican al cambio de divisas. Lavanderías y tintorerías en funcionamiento, se suman a los bares, cafeterías y restaurantes, en tanto se han incrementado la ventas de los teléfonos celulares, tanto en los puestos oficiales como con vendedores ambulantes.
Continúan apareciendo en el mercado el cemento y otros materiales de construcción, la mayoría procedentes de República Dominicana. Las radios locales que quedan en pie van recuperando su ritmo habitual de música, programas especiales e información.
Todo ello contrasta con los 600 mil que permanecen en campamentos improvisados en plazas, parques o jardines. Se han sumado a la movilidad del resto de la ciudad; sin embargo, lo han perdido casi todo y fundamentalmente su vivienda. Han salvado la vida, pero están expuestos a posibles epidemias: el hacinamiento y las condiciones sanitarias lo propician.
La alerta está dada y para evitar consecuencias aún peores para este pueblo, la brigada médica cubana actúa junto a médicos haitianos graduados en Cuba y estudiantes que cursan actualmente estudios en la Escuela Latinoamericana de Medicina.
Mientras, la posible solución se abre paso. Se conoció que el gobierno haitiano tiene en proyecto un plan para la ejecución de 60 centros con capacidad cada uno para 10 000 personas, dichos enclaves recepcionarían a todos aquellos sin hogar que permanecen en los espacios abiertos donde se asentaron a pocas horas de ocurrido el desastre. Esa es una alentadora noticia, esperemos que con la ayuda de la comunidad internacional esta idea se ejecute con la premura que se necesita.




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