
Rayitos de esperanza y cambio en Haití
Hoy se me antoja que es un día diferente aquí en Puerto Príncipe. Nos abraza un sol intenso, mucha luz y –por supuesto- calor. Me pareció que el astro rey está despertando un poco más tarde, el reloj me lo
corrobora, apenas brotando y son ya las 6 de la madrugada.
Pero la diferencia no está marcada por la naturaleza solamente. La sorpresa llegó en horas de la noche anterior, cerca de las ocho de la noche se hizo la luz. Si, efectivamente, estábamos trabajando en la
embajada y de pronto irrumpió el fluido eléctrico en los postes de la calle y dentro de la propia sede. Nuestra representación diplomática se encuentra en el barrio de Petionville, ubicado en los elevados
fuera del centro de Puerto Príncipe: poco afectado por el sismo.
El día anterior al terremoto se había puesto un timbre que anunciaría la entrada a la embajada de la electricidad que suministra la EDH, como todos la conocen a la empresa estatal Électricité d`Haití
(Electricidad de Haití). Por primera vez se escuchó su sonido. Nos daba otra muestra de la ansiada recuperación de servicios de la capital haitiana, aún lejana de los tiempos precedentes al 12 de
enero.
Así comenzamos la jornada, con otra visión. El panorama lo ampliamos…
Como país caribeño, en Haití la música acompaña al transeúnte, está en los negocios, en las calles, en los camiones, los buses. Radios y reproductores por doquier. Hasta los vendedores informales los tienen
de todas las marcas y de todos los tamaños. El reggae, el socca, el calipso, aunque lo más popular y lo que está en la preferencia es el kompa, que es la propia, la autóctona.
Muy rítmica como el resto que se produce en la región. Algunos dicen que es una mezcla de varios de esos ritmos; sin embargo, lo que más me gusta es que aprecio en ella la sonoridad caribeña y una bella
vocalización.
Algunos explican que se deriva del estilo merengue, pero no el de la vecina República Dominicana, pues sus raíces están en la contradanza francesa. Emerge en Haití en el siglo 18 como una “tropicalización” de ese baile, que finalmente se convirtió en la definitiva música urbana nacional y forma parte también del alma de los emigrados haitianos en el exterior.
Al escucharla es imposible dejar en reposo el cuerpo, fácilmente nos deleitan los “golpes” de la percusión. La descubrimos aquí –lo confieso- pero nos llega desde el tiempo, es la sangre mezclada de
africano y europeo, no hay dudas. Es tan cercana como la propia. Gracias Haití por esta otra luz, que no es más que otro aporte de tu pueblo a la cultura de nuestro Caribe.



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