El miércoles 13 de enero de este año Isidro Fardales se hallaba pasando un curso de temas relacionados a Internet en el Instituto de Periodismo José Martí, de La Habana. A las10 y 30 de la mañana de ese día le avisaron que en hora y media tenía que viajar a Haití para reportar el drama de ese pueblo caribeño luego del fuerte terremoto que 24 horas antes había destrozado Puerto Príncipe, la capital.
Isidro asintió con la cabeza, no habló. Tomó sus pertenencias, dejó el aula y montó en la bicicleta con la que se mueve en la ciudad. Llegó a su casa, empacó y minutos después del mediodía el jefe de la Página WEB de Radio Habana Cuba tomaba el avión de Aerocaribean que lo depositaba en Haití,
junto a otros colegas de la prensa plana y televisiva. Eran los primeros periodistas que llegaban a la devastada ciudad. El horror del escenario que vio le provocó fuertes emociones: cadáveres insepultos, cuerpos mutilados, heridas dantescas en cuerpos de niños y un halo de desolación y desesperanza. La ciudad en ruinas y el llanto de un pueblo castigado una y otra vez por los eventos naturales.
Tras superar el impacto de aquella situación, redactó y envió sus primeras crónicas, permeadas con la angustia haitiana, pero también del esfuerzo solidario de las brigadas de médicos cubanos que se hallaban laborando en la ciudad desde antes del sismo y que continúan haciéndolo hoy día. A estos se sumaron otras de especialistas cubanos y graduados extranjeros en la Escuela Latinoamericana de Medicina de la Habana. Entre todos comenzó una titánica tarea contra la muerte, había escrito Isidro.
Los despachos comenzaron a inundar las redacciones del sistema cubano de la radio. Fardales se convirtió en el Enviado Especial de la Radio Cubana y la realidad haitiana se nos hizo también nuestra. Sin muchas condiciones materiales para ejercer su trabajo, pero con un cosmos de sensaciones, imágenes y sentimientos, se privilegió con la oportunidad de experimentar una situación altamente enriquecedora para un periodista.
A más de un mes de labor, los reportes del periodista Isidro Fardales nos traen la objetividad de la reconstrucción y de la vida, en un medio aún desolador aunque matizado por la confianza de que este tiempo de muerte y frustración será superado.
En La Habana dejó nuestro protagonista mujer, hijo pequeño, madre anciana y una casa en reconstrucción. Y la bicicleta de Isidro está a la espera de su retorno para llevarlo y traerlo por la ciudad, cuyas calles, color y rutina se vuelven cada día más nostálgicos para él y sus compañeros de profesión.




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