Fue de verdad el comienzo de una época prodigiosa que llegó hasta nuestros días con el alumbramiento de un movimiento liderado por Silvio Rodríguez Domínguez, que inmediatamente nucleó a su alrededor a jóvenes que asumieron la música como la manera de expresar un lenguaje diferente, en contraposición a la letra simplona de la canción ligera y fácil.
Junto a Silvio están Pablo Milanés, Eduardo Ramos, Noel Nicola, Augusto Blanca, Vicente Feliú, Lázaro García y Sara González, entre los más sobresalientes y difundidos integrantes del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, quienes lograron atraer la atención de los jóvenes que hicieron suyos textos y música. Este movimiento, no obstante tener un contenido y forma de expresión auténticas, abordó todas las formas autóctonas de nuestra música, reflejó lo cotidiano y aspiraciones de la nación. Es difícil escoger una canción que no haya traspasado las fronteras de lo que puede considerarse como obras ya clásicas de la cancionística cubana.
Con la Nueva Trova el amor encontró una forma inédita para expresarse con elevados matices estéticos desde Mis veintidós años y Yolanda, pasando por Por quien merece amor, Unicornio, Rabo de nube, hasta El breve espacio en que no estás. La épica dejó su huella en la nueva canción que la juventud asumió como suya. De las obras más difundidas de Silvio, se hallan Fusil contra fusil, y Canción del elegido. Sara reflejó al pueblo inmolado por su verdadera independencia, y al final La victoria, que ella ha enaltecido con una obra auténtica y comprometida.
La nueva canción vislumbró otra época, y Silvio, a guitarra limpia, con esa forma peculiar e íntima, nos decía a todos y a cada uno que «la era estaba pariendo un corazón», y Pablo no se quedaba atrás para anunciar con seguridad que «pisaría las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentado y en una nueva plaza liberada se sentaría a llorar por los ausentes». Y lo cumplió en el 2000.
Más tarde llegó Amaury Pérez Vidal armado sólo con su guitarra y sus propias canciones, y desde entonces comenzamos a percibir más bello el mes de abril. A partir de ese momento el niño que muchos vieron correteando por los pasillos de la CMQ, el joven inquieto, para algunos algo alocado, que conocí en el Guzmán de 1979, comenzó una ascendente trayectoria forjada a partir de sus altos valores artísticos y personales. Y esa popularidad, respaldada por una obra madura, llegó a nuestros días, Para hacerte venir, a esos Encuentros, con Un amor difícil. De veras que sí, Créeme, como dijo Vicente Feliú, para entregarnos esa joya del pentagrama.
Surgieron agrupaciones que se colocaron en la preferencia: Manguaré, Moncada y Mayohuacán, con una producción basada en la canción política y folclórica latinoamericana y también con marcado énfasis en el son cubano.
La orquesta Revé surgida a finales de la década de los 50, gracias al genio creador del maestro Elio Revé era reiterada en todas las discotecas. Ya había alcanzado mayor popularidad a fines de la década anterior, con los aportes innovadores del joven compositor y contrabajista Juan Formell. Próximo a los setenta surgió una orquesta que después alcanzó mucha popularidad, la Monumental. Igual puede decirse del conjunto Los Latinos y el Grupo Los Barba, que contó en sus inicios con la cantante Beatriz Márquez.
Pero el inicio de la década de los setenta le tenía reservada otra sorpresa a la difusión nacional. Yo no sé si el nombre lo sugirió la consigna. Muchas veces he pensado que sí, porque Juan Formell para mí es el cronista musical por excelencia que ha reafirmado en su obra no sólo lo cotidiano en la forma de vida del cubano, sino además en la previsión de lo que está por llegar. ¿Acaso no fue eso lo que anunció cuando dijo que La Habana no aguantaba más? Por eso para mí lo de Van Van proviene de la aspiración de los cubanos de hacer una zafra azucarera grande en 1970, para acuñarse la consigna «de que van, van». El hecho es que después de más de treinta y cinco años el sonido Van Van sigue en la preferencia del público. Y los que movimos los pies al estilo del Buey cansao nos sentimos rejuvenecer para saborear junto a la familia joven las obras que contiene el Grammy 2000.
Siguió en orden de aparición en la difusión el grupo Irakere, fundado por un virtuoso, considerado entre los pianistas ejecutantes de jazz más prominentes del mundo. Indudablemente que el maestro Chucho Valdés brindó un valioso aporte a la calidad del sonido musical de la radio que ha llegado hasta nuestros días. No es casual que haya sido premiado con varios Grammy. De las presentaciones de Chucho, extraigo esa que permitió al pueblo disfrutar por Radio Taín y Cubavisión del espectáculo con el que quedó clausurado el Festival Benny Moré del 2001. A la majestuosidad de Chucho Valdés al piano, se unió una de las voces más grandes de la canción: Mayra Caridad Valdés. Un recital entre signos de admiración, digno homenaje a la figura emblemática de la música popular cubana.
En 1976 conocí a Adalberto Álvarez, en aquel momento un joven egresado de la Escuela Nacional de Arte que comenzó a dirigir en Camagüey el conjunto Avance Juvenil, inicialmente fundado por su padre Nené Álvarez. En 1978 Adalberto salió de Camagüey y pasó por Bayamo en coche, para otorgar la ciudadanía santiaguera a su conjunto Son 14. Con este y otros temas que acapararon los primeros puestos, entre ellos el Son de la madrugada, irrumpió en el pentagrama nacional y casi enseguida su música se expandió a otras latitudes. Sólo unos meses después, Son 14 se presentó en el concurso Adolfo Guzmán de 1979, y obtuvo el segundo premio con el tema Calle Enramada, de Pedro Gómez. Estos tres éxitos y otros más ubicaron al joven autor, pianista y director y a su conjunto, integrado en su mayoría por egresados de la Escuela Nacional de Arte, unidos a la gracia natural y figura carismática de , en la cima de la popularidad y la difusión radial.
A mediados de esa década apareció el sugestivo grupo de Carlos Alfonso con una línea muy definida en su hacer artístico, que ha mantenido hasta nuestros días. Lo más autóctono de nuestro folclor encontró un puesto elevado en su repertorio. Como su nombre lo ha simbolizado, es una verdadera y hermosa Síntesis, de lo más puro de nuestras raíces culturales.
Comenzaron a realizarse las primeras grabaciones que inundaron las ondas radiales. Entre ellas, las de Miriam Ramos, Lourdes Torres –ya como figura central de Los Modernistas,--Leonora Rega, Yolanda Brito, Leonor Zamora, Lourdes Gil con Los Galantes, César Sarracent, Alberto Herrero, Miguel Chávez, José Valladares, Héctor Téllez, Annia Linares, Miguel Ángel Piña, Farah María, Nereyda Naranjo, Maggie Carlés. Raquel Hernández, Ojedita, Miguel Ángel Céspedes y Argelia Fragoso, llegaron al final de la década. Por su parte, María Elena Pena y Mundito González, se convirtieron después y hasta nuestros días, en voces fundamentales del bolero. De este momento recuerdo un número de René Márquez que popularizó su hija Beatriz –Espontáneamente– que sonó mucho en la radio. Anteriormente ya Beatriz Márquez había impuesto una forma muy especial de decir, con unos registros tan difíciles que la hicieron convertirse en La Musicalísima. Entre las preferidas ubicó la canción Es Soledad, de Juan Almeida, y también incursionó con éxito en el pentagrama internacional con Ni aquí ni allá, Con su blanca palidez y De aquellos tiempos, este último estrenado por ella en Cuba.
En una ocasión Raquel Hernández me comentó que ella comenzó como aficionada en la década de los años 70; pero en 1965, en unión de Sara González, Lucía Huergo y otras figuras, estudiantes entonces del conservatorio Amadeo Roldán, se trasladaron a Vertientes, Camagüey, a participar en la zafra del pueblo, y tuvieron la posibilidad de grabar en Radio Cadena Agramonte. Ella, en lo particular, realizó allí la primera grabación de su carrera artística con el tema Una casa en la cima del mundo.
Recuerdo que a partir de 1976 fui la presentadora para la televisión cubana de una serie de programas que se hicieron en Camagüey, entre ellos un recital de Miriam Ramos, bajo la dirección de José Ramón Artigas. Para esta grabación, realizada en el Museo Ignacio Agramonte de la ciudad de Camagüey, tuve en mis manos un libreto de Orlando Quiroga. Temas como Longina y La tarde, de Manuel Corona y de Sindo Garay, fueron recreados con elevados matices por aquella Miriam que, a pesar de su juventud, ya mostraba su pelo negro salpicado por las hebras de plata como signo de distinción. Desde antes ya la admiraba como una de las mejores voces de la cancionística cubana. Para la radio, Miriam fue y es mucho más... Durante años su voz de perfectos registros nos ha dicho por Radio Progreso que No hacen falta alas para adentrarnos en el fabuloso mundo de la música y sus principales cultores. Este programa, escrito y dirigido por José Armas, ha corroborado que no existe contradicción entre lo culto y lo popular, desde Amadeo Roldán hasta Ignacio Piñeiro, pasando por El manisero de Moisés Símons, inmortalizado por Rita Montaner, o el Son de la loma, de Matamoros, para disfrutar de un buen programa de radio.
También el director Eugenio Pedraza Ginori me encargó la presentación para la televisión de un programa variado que se grabó en la fábrica de fertilizantes de Nuevitas. Entre los temas, uno que Héctor Téllez mantuvo en los primeros lugares de la difusión: Búscame.
Como anécdota, el domingo 24 de octubre de 1976 el Canal 6 de la televisión transmitió su primer programa musical totalmente en colores grabado en estudio. Y fueron Farah María y Miguel Ángel Piña, acompañados al piano por el maestro Pedro Coto, el coro del Ministerio de Comunicaciones, junto al cuerpo de baile del ICRT, los que inauguraron la novedosa modalidad en un programa en homenaje al maestro Adolfo Guzmán.
El 1 de diciembre de 2001, Día del Locutor, coincidí con el cantautor Alfredo Rodríguez en el programa «La discoteca popular» de Radio Progreso. Allí, dialogando con los conductores Juan Gaspar Marrero, Lilia Rosa López y Víctor González, rememoramos los primeros éxitos de Alfredo. Fue en 1968, y coincidimos que el tema que lo dio a conocer a través de la radio fue Todo eso eres, de Rubén Rodríguez. Pero el primer gran éxito de su autoría lo obtuvo Titiritando. Comenzó así una carrera de éxitos que se consolidó en las décadas siguientes, para llegar al siglo XXI con la versión digital de canciones que bien pueden considerarse joyas del pentagrama latinoamericano, encabezadas por Soy lo prohibido, interpretadas por Alfredo, acompañado por el trío Los Embajadores y el conjunto de cuerdas de la Orquesta Sinfónica Nacional.
Entre los autores que recrearon con sus obras el sonido radial de estos años y posteriores, mención especial para la música de Juan Almeida y de Alberto Vera, con temas de fino lirismo que llenaron las ondas radiales, en un momento muy importante. Amelita Frades, elevó a la cima de la popularidad a La Lupe, de Juan Almeida. Elena Burke, Moraima Secadas, Farah María, Beatriz Márquez, Omara Portuondo, Ela Calvo, Aurelio Reinoso, Annia Linares, Miguel Ángel Céspedes, Emilia Morales y Sergio Farias, entre otros, recrearon obras que se ubicaron en la preferencia radial.
Por esta época se difundió una agrupación integrada por cinco jóvenes invidentes que se llamó 5U4 en alusión a un tubo electrónico. Su director, Osvaldo Rodríguez, se convirtió después en cantautor. Al igual que los 5U4, se distinguió en la difusión otro grupo formado por invidentes, el Conjunto Antares, que mantuvo un programa durante algunos años en Radio Progreso. También por estos años se difundió al combo Los Barba y a Los Re¬yes con su vocalista José Valladares.
Desde finales de la década de los 60 sesenta Pacho Alonso le había popularizado Persistiré, y Ela Calvo y Alfredo Rodríguez, en sus respectivos estilos, Todo eso eres. Pero Rubén Rodríguez, además de un extraordinario narrador y comentarista deportivo, le dio vida al pen¬tagrama con otros temas como No puedo prescindir de ti, que le entregó a Ela Calvo; Así te presiento, que recreó Rosita Fornés, mientras Gina León y Moraima Secada incorporaron a sus repertorios A ti regreso y A ti, destino. Omara le hizo popular Esta ausencia tuya. Otros temas solicitados por los oyentes de la radio fueron Triste camino, por el Conjunto de Roberto Faz, y Ni siquiera un retoño, que interpretó Danny Puga.
El liderazgo sudamericano lo absorbieron Víctor Jara, Daniel Viglieti, Chico Buarque, Alfredo Zitarroza, Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui y Violeta, Ángel e Isabel Parra, entre los más representativos, con una canción comprometida. Siempre recordaremos la última visita de Víctor Jara a nuestro país en 1972. En el Encuentro de Música Latinoamericana se alzó su voz para decir: «No hay música revolucionaria si detrás de la creación no hay un hombre revolucionario».5 Plegaria de un labrador, uno de sus temas más conocidos, fue premiado con el primer lugar en el Festival de la Nueva Canción en 1969. Al morir asesinado en el estadio de Chile el 11 de septiembre de 1973, su canto quedó inmortalizado en cualquier lugar de América donde llore una guitarra y se levante una voz rebelde frente a Las casitas del Barrio Alto.
El sonido internacional de la canción ligera lo llenaron, entre otras, las voces de los españoles Joan Manuel Serrat, Nino Bravo, Dyango, Rocío Jurado, Julio Iglesias y Camilo Sesto. De México José José, Roberto Jordán y Enmanuel; el brasileño Roberto Carlos, el italiano Sergio Endrigo, el argentino residente en España Alberto Cortés, que se dio a conocer con el tema En un rincón del alma. Cuando aún la dominicana Sonia Silvestre no se había presentado en Cuba, comenzó a conocerse a través de la radio con grabaciones como ¿Por qué llora la tarde?
También de España llegaron dos temas cubanos en la voz de Moncho, el Gitano del Bolero. Con el sello de Benny Moré, Mi amor fugaz, y de Tony Taño, La batea. En una entrevista que le realizó el periodista Enrique Capetillo, Moncho declaró: «Sobre Benny habíamos oído hablar mucho, pero cuando tuve el privilegio de escuchar sus discos me impresionó muchísimo. Pocos intérpretes han podido perfilar los más disímiles géneros con el corazón y la maestría de vuestro ídolo de siempre. Desde entonces Amor fugaz forma parte de mi repertorio. Es un pedazo de mi vida».6
Por su parte, Luis Gardey, que en su primera visita popularizó Un amor como el mío, De qué color es el viento, Quédate conmigo y Somos tú y yo, llegó a La Habana en ese año con una grabación de Juan Pardo que inmediatamente ganó el favor de los oyentes: Teniéndote a ti.
A ellos se unieron en la popularidad de las ondas los dos Feliciano de Puerto Rico, Cheo y José. Recuerdo que en 1972 José Feliciano incluyó en su repertorio Contigo en la distancia, de César Portillo de la Luz. A finales de la década de los años 70 comenzaron a ganar popularidad el norteamericano Michael Jackson, que siendo adolescente se había presentado con sus hermanos en el grupo Jackson Five, y el inglés Elton John. Pero en el boom de la difusión de esos años permanecieron Los Beatles, y los grupos españoles que mantuvieron la preferencia, para compartir un lugar destacado con los exponentes del rock que también reclamaron su lugar en la escena.





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