Cuando la Isla comenzó a inundarse de televisores en los albores de la década cincuentenaria del siglo pasado, ya Cuba tenía la preeminencia de poseer una exponente inigualable de la cultura cubana.
Rita Montaner, con su gracejo tan cubano, sería bautizada más tarde y, para siempre, de forma admirable como La Única, atributo conquistado con maestría, devoción y talento, desde que comenzara a dar los primeros pasos en el arte a pocos años de iniciado el siglo 20, allá en la tierra bendecida de Guanabacoa, tronco originario de tantas personalidades extraordinarias como Ernesto Lecuona e Ignacio Villa.
Los tres ocuparían un lugar destacado entre los inmensos artistas que traspasaron las fronteras, para dar a conocer al mundo el valor perdurable de la música cubana.
La voz de la joven de 22 años, entonces conocida como Rita Montaner de Fernández, pero ya de matices e impecables registros, fue la primera en asomarse al éter cantando, cuando la emisora PWX de la Cuban Telefhone Company, lanzaba al aire su señal para dejar inaugurada la radio oficial en Cuba, a las cuatro de la tarde del 10 de octubre de 1922.
Rita interpretaría en esta ocasión Rosas y Violetas de José Mauri y Presentimiento de Eduardo Sánchez de Fuentes, acompañada por la orquesta del maestro, primer teniente Luis Casas Romero, segundo jefe de la Banda del Estado Mayor del Ejército, las que serían las primeras canciones cantadas a través de la radio y por control remoto, desde el Palacio Presidencial en La Habana.
Tenía una sólida formación cultural, que hicieron de ella una cantante, pianista y actriz de natural y excepcional carisma y versatilidad. Por ella, Cuba, también comenzó a conocerse allende los mares. Paseó por el mundo y universalizó los más diversos géneros de la canción. Fue la intérprete más solicitada por los grandes autores contemporáneos y ella correspondió a la altura de las mas conspicuas figuras del diccionario musical cubano, con las exigencias que demandaba una canción, un son afro, una zarzuela o cualquier otra modalidad artística musical. Muchos autores crearon pensando en ella, entre ellos Eliseo Grenet con Ay Mamá Inés, obra estrenada en el Teatro Regina en 1927 en la zarzuela de Lecuona; Fabre y Grenet con Niña Rita; Gonzalo Roig le entregó su Cecilia Valdés; Moisés Simons lo hizo con El manisero; Ernesto Lecuona, también quiso que su voz le recreara temas como Canto Siboney, El cafetal… y Gilberto Valdés con Ogguere, entre tantos autores y obras.
En 1928 se lanzó a conquistar al mundo y aceptó la invitación que le hicieron desde París para presentarse en el Teatro Olimpia y en el Palace fue contratada para sustituir a Raquel Mayer. Al año siguiente actuaría en el espectáculo de la gran artista norteamericana Josephine Baker. Después de un breve retorno a Cuba, marchó de nuevo, esta vez su destino sería los Estados Unidos, donde fue contratada por Al Jolson, y actuaría en el Wonder Bar y otros importantes escenarios.
Por sus grandes méritos y aportes artísticos fue proclamada Reina de la Radio en 1935. Y en 1950 había interpretado disímiles personajes en el Teatro y en el Cine.
Su arte a través de la radio no solo se había explayado interpretando obras de los más diversos géneros, sino además en programas dramáticos-musicales como la novela Cecilia Valdés que transmitió el Circuito CMQ. Allí vincularía la actuación dramática con su impecable Cecilia de la zarzuela, que sobre la imperecedera obra de Cirilo Villaverde hizo el maestro Gonzalo Roig.
Y dando un giro en su actividad radial, todavía los mayores la recuerdan
en su inolvidable La Chismosa, de principios de la década del cuarenta, aquel espacio satírico-humorista de la RHC Cadena Azul, que hizo al lado, entre otros, del primer actor Rosendo Rosell. Era un programa que lanzaba dardos que iban a clavarse en el corazón de los gobiernos corruptos. Por supuesto las autoridades oficiales ordenaron la suspensión, después de múltiples amenazas, que no amedrentaron a la artista, al contrario.
Rita persistió y aceptó en 1945 a la Lengualisa del programa Mejor que me calle, del Circuito CMQ, también de crítica política, similar al que le fuera prohibido anteriormente, en la Cadena Azul. En él compartió el micrófono con el primer actor Alejandro Lugo. Causó tal impacto, que muchos años después esa frase de mejor ---que me calle--- todavía se repetía.
Su andar por el teatro dejó una profunda huella, al igual que en el cabaret Tropicana, donde hizo brotar su arte durante 9 años. Su paso por el incipiente cine de la época, fue breve, pero todavía su imagen cargada de la picardía que desbordaba nos humedecen los ojos. Cuántas veces volveríamos sin cansarnos a su Romance del Palmar, de finales de la década del 30, a María la 0, de 1949 o a La Unica, filmada en 1954, sólo para verla y escuchar su arte sin igual. Su presencia por el cine abarcó a la República Mexicana, donde su arte también se hizo presente, en películas dedicadas a la rumba.
Su andar por la televisión fue muy breve, apenas 6 años, pero suficientes para que su gracia excepcional inundara la pequeña pantalla. Las generaciones que eran jóvenes en las décadas 40 y 50 la recuerdan en el programa Un romance cada jueves de Unión Radio Televisión Canal 4, del que sería fundadora, junto a Raquel Revuelta y Manolo Coegp.
Pero sobretodo por el canal 6 CMQ televisión en el espacio de Rita y Willy, donde tuvo de contrafigura a Guillermo Álvarez Guedes y en el que intervenía Natalia Herrera y en ocasiones otros grandes artistas como Eloisa Álvarez Guedes, Xiomara Fernández, entre otros. Este programa, a pesar del breve espacio en el aire, siempre estuvo entre los tres primeros del rating y en 1955 llegó a alcanzar el 43,81 % de teleaudiencia.
Tenía solo 57 años cuando comenzó a notar que el cáncer fatal, extinguía su voz inolvidable.
Me contó Xiomara Fernández, la artista y amiga, que no se recuerda ni antes ni después un homenaje tan grande y tan sentido, como el que le tributaron a Rita sus compañeros de todas las artes en su residencia, días antes de aquel fatídico 17 de abril de 1958.
Ese día hasta las eternas rencillas entre jabones, detergentes, canales y emisoras de radio, dueños y patrocinadores se conciliaron para transmitir en cadena por los canales 4 y 6 de la televisión y por más de 20 emisoras de radio nacionales y locales, desde la propia residencia de Rita Montaner, adonde todos acudieron.
Entre poemas y canciones, no sería esta una despedida, era sencillamente la forma de expresarle desde la cultura, que su bello rostro criollísimo, con aquella sonrisa que a veces expresaba complicidad, con sus ojos grandes y vivaces y su exótico lunar, se quedarían ya para siempre eternizados en su obra, en el recuerdo de sus contemporáneos y en las generaciones que estaban por llegar.
Después vendría el sepelio multitudinario, acompañado por el silencio y las lágrimas, a lo largo y ancho no solo de las calles habaneras, sino de todo el país. Con cuanta emoción contenida, Germán Pinelli, su compañero en el arte y eterno admirador, interpretando el sentimiento popular, dijo ante la eterna morada del Cementerio de Colón --- El pueblo de Cuba trae sobre sus hombros su propio corazón.--- Para todos los cubanos será por siempre, RITA.





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