Lo conocí en 1970. Y, qué casualidad, nacimos el mismo año y llegó solamente unos meses después que yo a la Radio camagüeyana. A partir de aquel momento nos hicimos muy buenos amigos y también otra linda casualidad, la mayoría de los programas que recuerdo con inmenso cariño en mis tiempos iniciales como locutora, se deben al talento de este creador de los grandes. De esa época recuerdo Provincia cinco, con el inolvidable maestro de locutores, Nino Moncada, de compañero. Este programa trataba sobre las leyendas y tradiciones de la provincia de Camagüey, que en aquel momento tenía ese número si las enumerábamos del oeste hacia el este.
Recuerdo también otros tres programas que me dieron los primeros premios en el incipiente Concurso Nacional de Radio, embrión del Festival Nacional de la Radio y la Televisión: El porqué de las cosas; Si de hablar se trata, que creo, aún se mantiene en el aire con mi voz en la presentación y Panorámica universal.
Aún hoy cuando disfruto del televisivo Pasaje a lo desconocido del reconocido periodista Reinaldo Taladrid, recuerdo mucho mis días de El porqué de las cosas. Realmente cuando miro hacia atrás, siento nostalgia. No dejo de pensar cuantas cosas lindas y de elevado rigor artístico y técnico se lograban hacer cuando los máximos recursos eran el talento y el amor por la obra.
Cómo hablar de digitalización en aquellos maravillosos setenta, si aún no contábamos siquiera con dos máquinas para editar los programas más complejos y la mayor parte de la programación era en vivo.
Después pude admirar en Luis David Díaz Cuervo, su gran salto como escritor de los grandes en la programación dramática, fundamentalmente, histórica, novelas originales, teatros, cuentos y en los policíacos donde ha dejado una huella digna de los mayores elogios.
Lo que no sabía estas otras casualidades: Su abuela Cecilia Suárez era prima de Álvaro Suárez, quien fuera un destacado escritor del popular y emblemático programa humorístico Chicharito y Sopeira, que aún se escucha por América Latina. Pero también, su abuela era prima de Elisa Suárez, la mamá de Marcos Behmaras, figura, cuya presencia quedó para siempre en la historia de la radio y la televisión cubanas.
Ahora cuando le pedí a Luis Díaz su trayectoria artística, porque considero que hace mucho merece un lugar destacado en la memoria radial del país, lo que escribió es tan lindo, que pienso, lo echaría a perder, si le suprimo ese sello de bellas imágenes que siempre lo ha distinguido. Aquí les va textual esta preciosa crónica. Estoy segura que lo van a agradecer:
< Eran días apacibles y tibios bajo la mirada atenta de mi madre Guillermina. Por las mañanas jugaba sobre las losas del portal a la sombra de un pino enorme; de noche, a eso de las ocho y pico, empezaban a llegar a casa algunas vecinas de los alrededores, casi todas con toallas sobre la cabeza, por la costumbre aquella de “no coger sereno”. Saludaban y, como un ritual, iban a la saleta a sentarse alrededor de un radio Philco comprado a plazos y allí, todas, incluidas mamá y abuela, lloraban casi siempre. Yo tenía seis años y no era posible que anticipara el título de un jugoso libro que se publicaría casi medio siglo después, donde se habla del placer de llorar o que vislumbrara la trascendencia que alcanzaría la radionovela “El derecho de nacer” y muchísimo menos que pasado el tiempo escribiría libretos dramatizados para la radio.
Aprendí a leer en cartilla de a diez kilos (Cristo abecé), a escribir y a “sacar cuentas” en una escuelita del barrio; en otras del mismo corte, memoricé lecciones del libro de Luis Pérez Espinos.
Salto en el tiempo y me veo estudiante de sexto grado en el Colegio Pinson y a la ingeniosa maestra Norma Zaldívar con una pesada Webcor de ojo mágico verde grabando en cinta composiciones escritas por nosotros, sus alumnos, y que luego, los fines de semana, se trasmitían por una emisora pequeña que hubo en la calle San Esteban.
-¡Oigan, oigan ese que está hablando por el radio es Luisito!- decían con orgullo en la familia. ¡ Qué cosas eh!
Con frecuencia concurrí a la plataforma del patio del colegio en el acto cívico de los viernes para leer composiciones alusivas a alguna fecha recordable.
Séptimo y octavo grados. Otro salto en el tiempo: Escuela superior No. 6 “ La Avellaneda” en Luaces y República; la rectitud de Ana Rosa Paneque, la directora y para mí la ” tortura de matemática”, a cargo de Hilda. ¡Tremenda maestra!, hermana de aquella que nos grababa en la Webcor de ojo verde. También allí me persiguieron las composiciones en los actos cívicos
Finales de los cincuenta. Con Mamá concurría a la Iglesia Adventista de Camagüey. Momento turbio. Temores. La familia ganó en tranquilidad enviándome al Colegio adventista de las Antillas en Santa Clara. Días sosegados. Remanso. Trabajo, estudio, servicios religiosos. Allí conocí a Oriol Marrero Barreras; más tarde colega escribidor.
Llegó el tiempo navideño de 1958. Colegio en receso, Los alumnos de Occidente viajaron hacia sus hogares; los de la región oriental, ¡Por cuánto!. Mi alternativa: la casa del tío Perucho en Santa Clara. La cosa se ponía fea, empezaban los disparos. Horas de malanga frita y juego de barajas protegidos por un piano.
¡ Muchachos, no salgan a la calle que eso es peligroso! – advertía la tía Lica- Pero quien nos aguantaba al primo Manolito y a mi.
- Buena oportunidad al menos de ser testigos y ver: tren blindado en movimiento con sus “casquitos” a bordo, aviones bombardeando. Último día del año. Soldados rebeldes corriendo por las calles, el tren blindado como un dinosaurio vencido. Ché Guevara visto de cerquita. Triunfo de la Revolución. Fidel en el parque Vidal.
1961: Alfabetización. Pero en lugar de ir a la Sierra Maestra como nos dijeron en Varadero, nueva orientación en voz del inolvidable Marcelo García: en la estación ferroviaria de Camagüey: tres brigadistas, yo uno de ellos, enterándonos de que Esmeralda es lo mismo que Woodin. Al bajar del tren, Esmeralda igual que un pueblo visto en películas de vaqueros. El porte y el tamaño del trío de brigadistas mereció un sitio lejano: Mameyal, rica experiencia.
Diciembre 1961, Plaza de la Revolución -Fidel, Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer- Enero 1962 Primeras becas. Residencias en Siboney, Atabey, Clases en Sagrado Corazón y Ciudad Libertad. Terminar en un curso los dos años que faltaban del bachillerato.
1963, Alma Mater. Licenciatura en Historia. Como profesor de Historia de la Literatura nada menos que Alejo Carpentier. ¿Cuántas preguntas le hubiera podido hacer de haber imaginado mi futuro vínculo con la radio?
Al terminar la carrera, tránsito fugaz por varios lugares: Academia de Ciencias, Diario Juventud Rebelde, Casa de las Américas y de pronto, solo por conocer un lugar nuevo y visitar a amigos viejos, me veo a bordo del Ferry Palma Soriano proa a Isla de Pinos: Lázaro Mora promueve un contacto con Manuel Andrés Mazorra. Ahí comienza la historia. Radio Caribe.
Elisabel Díaz, Elio Amat, Cándido Domínguez, Rafael Cao, Manolo de la Rosa, el propio Mazorra. Aprendí de ellos. A finales de los sesenta recuerdo a Radio Caribe como un taller donde escribí el primer guión, el primer mensaje promocional y aún me atreví con la primera y elemental dramatización. Tenía otras opciones, pero la radio… bueno, la radio es la radio, ya se sabe y tanto es así que vuelto al terruño por apremios familiares, en 1970 estaba de nuevo “sintonizado” esta vez en Radio Cadena Agramonte, en Camagüey.
En la radio he transitado por casi todas las especialidades del medio: redactor de notas, redactor y realizador de menciones y promociones, guionista y realizador de programas musicales, escritor y realizador de programas educacionales, realizador y asesor de programación para niños, escritor de temas científico técnicos, escritor de programas históricos. A partir de 1975 he estado casi por entero escribiendo programas dramatizados, novelas originales, adaptaciones, cuentos, radioteatros, testimonios.
En Radio Cadena Agramonte me tocó en suerte haber creado espacios que dejaron huellas en distintas épocas: Enciclopedia, Espacio 30, El porqué de las cosas, Panorámica Universal, Si de hablar se trata, Ámbito y Guardia Operativa .
Y si de suerte hablo, lo fue también conocer a Nino Moncada, Graciela Vilató, Odilia Romero, Iris Dávila, Oscar Luis López, Isabel Aida Rodríguez y beber de su experiencia que en gran medida me formó. ¡Y qué tremenda suerte haber compartido propósitos y trabajos radiales con colegas en una época de oro de la radio camagüeyana: Rafael Zequeira, Oriol Marrero, Jose Rodríguez Lastre, Rosa Digna Hernández, Manuel Villabella, Alberto G. Quiroga, José Martínez, Josefa Bracero, Mario Crespo Fuentes y…. ¡Que época caballeros!
En 1976 ingresé a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Más acá en el tiempo escribí el programa “Hablando de Cuba” de la emisora Radio Taíno con la asesoría de Elisabel Díaz. Asimismo series de tema policial para Radio Arte y Radio Progreso.
Durante mas de cinco años, además de los compromisos de creación, estuve en el Grupo Metodológico de la radio provincial de Camagüey como especialista en Medios de Difusión Masiva. Allí realizábamos interesantes trabajos de asesoría, preferentemente dirigidos al personal de las cinco emisoras municipales de entonces, mediante talleres, conferencias y acciones afines.
En la actualidad, ya jubilado, continúo escribiendo, ¿Cómo parar?, y comparto el tiempo como profesor adjunto de la Filial camagüeyana del Instituto Superior de Arte en la Facultad de Comunicación Audiovisual. ¿Enseñando qué? ¡Vaya cosa!: Historia de los medios y Teoría y Técnica de Guión radial."
El andar radial de Luis David Díaz Cuervo, que no ha concluido, y su labor abnegada y de altos quilates durante más de 40 años, debiera ser acreedor de mayores reconocimientos, pero ostenta algunos de gran relevancia y muy merecidos como la Condición “Artista de Mérito de la Radio y la Televisión”; las Distinciones por la Cultura Nacional; “Espejo de Paciencia”; “Ochenta aniversario de la Radio Cubana”; el Premio Príncipe del telecentro de Camagüey y el haber sido seleccionado en dos ocasiones como el escritor más destacado del Festival Nacional de la Radio Cubana.
Obtuvo en 2003 un Premio Internacional de Caribbean Broadcasting Union al Mejor magazine radial con “Las huellas de una idea” (docudrama sobre la campaña de alfabetización) escrito para (Radio Arte).
La relación de los premios nacionales que posee es inmensa, vale destacar los siguientes:
2010 Premio Mejor Guión dramatizado "Bolívar un enigma americano” (Festival Nacional de Radio, F.N.R.).
2003 GRAN PREMIO F.N.R. (Festival provincial de la radio) (F,N.R.)
“ Carta a don Oscar quien pudo ser mi abuelo” Documental.
( Radio Cadena Agramonte)
Premio Caracol UNEAC guión de novela original /.“Ambición sangrienta”
Policiaco ( Radio Arte)
2000 Mejor Guión original de programas dramatizados F.N.R. " El Tiempo en la memoria", Policiaco (Radio Cadena Agramonte)
2000 Premio Festival Nacional de Radio Serie original " El tiempo en la memoria"
2000 GRAN PREMIO DE LA RADIO. " El tiempo en la memoria"
1996 Premio / Festival Nac. De Radio Serie Original " El violador . Policiaco(Radio Cadena Agramonte)
1995 Premio/ Festival Nacional de Radio Serie Original " Fabricantes de Fortuna" Policiaco ( Radio Cadena Agramonte)
1996 1995 GRAN PREMIO DE LA RADIO. " Fabricantes de Fortuna" Policiaco ( Radio Cadena Agramonte)
1995 Premio Guión Dramatizado. TV. “ Sombras en la casa” Policíaco ( Televisión Camagüey)





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