Hubert de Blanck, nacido en Holanda, eminente pianista, autor y educador musical, tuvo el privilegio de fundar, el 1ro. de octubre de 1885, el primer Conservatorio de Música y Declamación en la mayor de las Antillas, que brindaría a la cultura cubana, durante más de siete decenios, innumerables e importantes aportes a la pdagogía musical. De esa institución saldrían no pocos egresados que darían prestigio a la cultura cubana al transcurrir los años, como fueron, entre muchos, Ernesto Lecuona, Sánchez de Fuentes, Dulce María Serret y Laura Rayneri.
Para la constitución del conservatorio - de carácter privado y organizado metodológicamente –, Blanck recibió un apreciable respaldo moral y financiero.
La Real Sociedad Económica Amigos del País entregó 408 pesos oro anuales, para ocho jóvenes negros; la Diputación Provincial, 1000 pesos oro anuales, para diez alumnos; el gobierno de España, 1000 pesos oro anuales; el Ayuntamiento de La Habana, 800 pesos oro para 6 alumnos. Otras donaciones procedieron de: Ignacio Misa, 408 pesos oro anuales para la matrícula de ocho niñas; profesor Ernesto Edelmann, 153 pesos oro anuales para tres alumnos y Anselmo López, 800 pesos oro, los que se invirtieron por esta persona en la compra de pianos y otros instrumentos, valor que debía pagar el Conservatorio en varios plazos.
Desde el punto de vista social, llama la atención el hecho de que Hubert de Blanck no estableciera contradicción alguna en cuanto a la donación de la Real Sociedad Económica Amigos del País condicionada a la matrícula de alumnos negros. Blanck no tuvo reparos en admitirlos, enfrentándose con su decisión a los criterios más retrógrados de la época que preconizaban que la sociedad cubana estaba dividida en dos razas: una superior y otra inferior. La actitud de Blanck puede interpretarse como una muestra de su pensamiento social y humanista.
El impacto que causó en la vida musical habanera el anuncio del establecimiento del Conservatorio de Música y Declamación – que en enero de 1899 pasó a llamarse Conservatorio Nacional de Música -, fue estimulante para Blanck. Sumaron 144 los estudiantes que formalizaron las matriculas y que integraron el primer curso del Conservatorio. Blanck conjugaría su cargo de Director propietario del Conservatorio con sus deberes de profesor, pero sin dejar de ser compositor e intérprete, todo ello poco común para la época.
La organización y disciplina que presidieron cada paso dado por Blanck para la constitución del Conservatorio, conllevaron la más estricta seriedad. Así el 19 de septiembre de 1885 – antes de inaugurarse - ya tenía su reglamento general aprobado por la Superior Autoridad de la Isla.
El primer claustro de profesores del Conservatorio estuvo integrado por los siguientes músicos: Antonio Fernández, flauta; Anselmo López y Tomás de la Rosa, violín; Tomás Ruiz, solfeo elemental y superior; José Mungol, guitarra; Vicente Morán, armonía elemental y Mariano Cuyero, armonía superior. Blanck aparecía como profesor de composición y de piano, compartiendo esta especialidad con Ernesto Edelmann, Aurelio Sariol, Juan Miguel Joval y Pablo Canua.
Un intelectual de la talla de Alejo Carpentier - quien en el año 1947 aparecía como profesor de Historia de la Música en el Conservatorio - calificó a Blanck como “un excelente músico holandés", para añadir que en el centro de éste "la enseñanza musical era seriamente impartida, con el concurso de los mejores profesores del momento.
La peculiaridad del programa de estudios del Conservatorio llamaba la atención a quienes deseaban matricularse. Tenía entre otras características, dispuestas en su Reglamento, que para el ingreso sólo se necesitaba saber leer, escribir y poseer aptitudes para el estudio al cual el alumno debía consagrarse. Las clases se iniciaban, cada año, el 1 de enero, y culminaban el 31 de diciembre, y los alumnos, de acuerdo con sus cualidades, tenían la posibilidad de presentarse a examen en cualquier momento del año y al ser aprobados, pasaban a los años superiores.
La creatividad de Blanck en el campo de la enseñanza musical fue significativa. Como una manera de estimular a los mejores alumnos que habían terminado el curso inicial, 1885-1886, constituyó los Concursos Académicos de piano, violín y solfeo, que se efectuaron el 14 de agosto de 1886 en los salones de la Diputación Provincial, considerándose los primeros en nuestro país en la especialidad de la música.
Blanck no dejó de sumar a su pedagogía cuanta experiencia acumuló como profesor de piano en el College of Music, de New York, a lo que unió su caudal de vivencias derivadas de sus actuaciones como pianista en países europeos y de América del Sur. En fin, estaba en capacidad de enseñar los métodos más modernos en materia de música.
Al estudiar la obra pedagógica de Blanck apreciamos que uno de los principios que siempre puso en práctica, desde que fundara el Conservatorio, fué que sus alumnos tuvieran una vida artística pública, y capacitarlos para actuar ante los más disímiles públicos y los escenarios más importantes. Su creatividad en la obra pedagógica hizo que al mismo tiempo que formaba concertistas de la más elevada calidad constituyera la primera orquesta del primer Conservatorio de Música establecido en Cuba, capaz de actuar en formatos pequeños, y estructurando coros integrados por sus alumnos que a veces pasaban de 100 voces.
Al fallecer Blanck, el 28 de noviembre de 1932 –ciudadano cubano desde 1903- su hoja de servicios a la cultura y a la lucha por la independencia de su segunda patria fue sumamente importante: fundador o integrante de instituciones culturales como la Caridad del Cerro, la Sociedad de Música Clásica, la Academia Nacional de Artes y Letras, Pro-Arte Musical, la Orquesta Sinfónica Nacional, entre otras. Además, desde el punto de vista patriótico fue uno de los principales jefes clandestinos de la Revolución de Martí en La Habana, por lo que sufrió prisión y deportación.
A su muerte, su viuda Pilar Martín Martín quedó a cargo del Conservatorio Nacional de Música de La Habana, como directora y al fallecer ésta, dicha responsabilidad fue asumida por su hija Olga de Blanck. Impresionante resulta conocer que entre 1902 y 1932 egresaron de dicha institución 1386 profesores y solistas.
En 1962 y ya ubicado en el edificio de Calzada, entre A y B, en el Vedado – cuando tenía 51 filiales en todo el país – el Conservatorio pasó a integrarse al sistema de instituciones y escuelas de Arte. Hasta entonces, las cartas, certificaciones, notas y títulos expedidos por su Dirección, mantuvieron impreso en su extremo izquierdo: “El primero establecido en Cuba. Fundado en 1885 por Hubert de Blanck”.
Para Harold Gramatges, prestigioso pedagogo, Premio Tomás Luis de Victoria, con una profusa obra musical, “ el vínculo que puede establecerse de algún modo entre lo que hoy es la enseñanza musical en forma general, y los métodos puestos en acción por De Blanck, está en el hecho que el maestro holandés resulta ser el pionero en este sentido, con el descubrimiento para los habitantes de Cuba de todos los secretos musicales que él atesoró y que originaron una proyección, una visión de carácter un tanto musical – europeo, y esa herencia naturalmente, es la que viene a parar hasta nuestros días”.
Sin lugar a dudas, el Conservatorio Nacional de Música fue la obra cumbre de Hubert de Blanck, quien concretó los sueños de tantos músicos cubanos que a pesar de sus esfuerzos no alcanzaron ese objetivo a lo largo del siglo XIX.
La cultura cubana y sus instituciones tienen una deuda que saldar con Hubert de Blanck. Situarlo en el lugar que le corresponde debe ser una prioridad impostergable.
Autores: Doctor Rolando Álvarez Estévez
Doctora Marta Guzmán Pascual
Nota:
Los autores de este trabajo tienen publicado el libro “Hubert de Blanck”, que estuvo a cargo de la Editorial Letras Cubanas, año 2003.






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