En el concierto número 18, desde que el trovador iniciara sus presentaciones en comunidades con situaciones sociales complejas, el Secretariado Ejecutivo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) entregó al cantautor el Premio del Barrio, galardón con el que reconoce su “quehacer comunitario en beneficio de la sociedad”
La lluvia, siempre necesaria, aunque caprichosa, no pudo estropear esta vez los planes concebidos por Silvio Rodríguez Domínguez con los vecinos de las comunidades Cantarrana y La Ceiba, en el consejo popular Ceiba, del municipio de Playa. Si bien el día anterior fue preciso suspender la presentación, esta vez no, y como en otras ocasiones, hasta en los techos de las casas había asistentes al concierto.
El visitante, recibido como un familiar allegado, fue puntual. El área de los espectadores se fue colmando poco a poco. Era el concierto número 18 desde que, el 9 de septiembre de 2010, sorprendiera a los pobladores de La Corbata con la primera presentación de una gira que aún no concluye y que, como ha asegurado el propio Silvio, después quiere irse “a algunos lugares fuera de la capital, a hacer lo mismo en barrios necesitados de algunas ciudades y pueblos del país…”
Ya es costumbre que no concurra solo a la cita, sino con invitados de las diversas expresiones del arte; esta vez lo hizo con el poeta y trovador Manolo Argudín, quien inició concierto.
Como preámbulo al homenaje el secretariado ejecutivo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), entregó a Silvio el Premio del Barrio, acto a cargo de Carlos Rafael Martínez Miranda, coordinador de la mayor organización de masas del país.
El gesto reconoce la extensa labor comunitaria desarrollada por el cantautor, junto con otros músicos, escritores y artistas en los barrios de la capital, y en prisiones de todo el país, en virtud de contribuir al crecimiento espiritual de cada comunidad. En la emoción todos fueron cómplices, porque Silvio es de todos.
Y como quien reconoce la dedicación de quienes no suben al escenario, pero resultan imprescindibles para el excelente desarrollo de cada concierto, dijo: “Para que esto se de está trabajando, desde días antes, mucha gente que no se ve. A esos que no se ven se los dedico de corazón”.
De esa misma manera entregó sus temas. No importó la persistente llovizna. Empezó con El papalote. En cada pausa el público pedía, según sus preferencias. Y él cantaba, acompañado por un gran coro: Óleo de mujer con sombrero, Canción del elegido, Cita con ángeles, La era, Pioneros, El enanito, El Mayor, El necio, Cuenta, Ojalá, El escaramujo y Virgen de occidente.
Al concluir bajó del escenario con la nuestra de agradecimiento en el rostro, que le ha distinguido en cada una de sus presentaciones de este tipo, y expresó como si recordara algo que ha dicho en reiteradas ocasiones: “Sentimos la gratitud de los barrios por haberles llevado a las puertas de sus casas nuestro trabajo artístico y ellos, creo, sienten la gratitud que sentimos nosotros por ser recibidos como nos reciben”.





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