Cierto día nos reunimos un grupo de amistades para conversar sobre diversos temas al tiempo que escuchábamos música. Hacía poco me habían regalado un disco con música de principios del siglo XX; de buenas a primeras empezó a sonar la canción titulada “Nunca”, y uno de los presentes dijo: - mira que eso es lindo, ¿quién la compuso? – Le respondí que era su propio autor quien la estaba interpretando, el mexicano Guty Cárdenas. - ¡Guty Cárdenas! – respondió – pero ese compositor no es mexicano, es cubano…
Acto seguido fui a la reproductora, localicé otra pista a propio intento y le di “play”; de inmediato se escuchó “Flores Negras” de Barbarito Diez. La misma persona, con ánimo triunfal, me dijo: - ¡Eso lo compuso Sergio de Karlo, ese sí es mexicano!
Sin ánimo de humillación tuve otra vez que aclararle lo contrario: - amigo, Sergio de Karlo es un compositor cubano, no mexicano.
En resumen, ¿a qué viene tanta confusión? ¿Piensan que el amigo de marras sea la única persona en equivocarse? ¡Claro que no! A mí me ha sucedido lo mismo, ante todo en el tema de la música de trova, eso que conocemos como trova tradicional cubana. La razón es simple: Cuba y México cuentan con sus propias trovas, y con estilos muy parecidos.
La trova, originalmente, es un fenómeno musical eminentemente cubano. Nació en nuestras ciudades, es el germen de la actual cancionística, incluyendo al bolero cubano, que remonta sus orígenes a otros confines. Eso sería tema para otro comentario. En cuanto a nuestra trova, a partir de “Tristeza”, compuesta por Pepe Sánchez, el género de la canción cubana proliferó. En el álbum trovadoresco isleño brillan los nombres de Miguel Companioni, Eusebio Delfín, María Teresa Vera, Manuel Corona, Sindo Garay y muchos más, ello sin mencionar los exponentes de la Nueva Canción Cubana.
Resulta interesante la similitud estilística y composicional entre nuestros más tradicionales trovadores y aquellos mexicanos, fundamentalmente de la península de Yucatán, que compusieron e interpretaron obras del género. En cualquier diccionario de música de autores mexicanos, encontraremos que el género se identifica como Trova Yucateca. Este fenómeno musical está mayormente enraizado en el estado de Yucatán, aunque abarca los de Veracruz y Tabasco debido a su cercanía geográfica.
El curioso parecido entre ambos géneros – prácticamente el mismo – data de entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX gracias a los intercambios marítimos entre Cuba y las costas yucatecas. Para eso recomiendo dos obra fundamentales: “Del Canto y el Tiempo” de Argeliers León y “La Música en Cuba”, de Alejo Carpentier. Profundizar en el tema es asunto de musicólogos, y los dos que sugiero resultan fundamentales.
En el caso de México tuvo mucho que ver su agrado por la canción lírica italiana, la cual llegó de la mano del teatro de ópera. Luego Cuba influyó en la música yucateca y allá se transformó con sus ingredientes nativos para tiempo después reproyectarse a Cuba, donde también ejerció su influencia.
En el caso de la Trova Yucateca, hay tres compositores cuyas obras mantienen plena identificación con lo esencial de la Trova Cubana. Son ellos Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín y Pepe Domínguez.
Aunque Guty (Augusto Alejandro Cárdenas Pinelo) hizo mucha música autóctona al escribir piezas como Yucalpetén y Caminante del Mayab, es innegable su inclinación por lo trovadoresco, entendido esto como la canción romántica heredada de Cuba. Guty escribía la música, y sus letras generalmente correspondieron a talentos como Ricardo López Méndez, Antonio Plaza Llamas, Diego Córdoba y Ermilo Padrón, letrista de “Un rayito de sol”, primera pieza conocida como inspiración de Guty. En el caso de “Nunca”, fue compuesta inicialmente como bolero, pero más tarde versionada en tiempo de clave a sugerencia del también compositor y mecenas musical mexicano Ignacio Fernández Esperón. Fue así como la pieza se incorporó definitivamente al género trovadoresco.
El igualmente yucateco Ricardo Palmerín se relacionó desde joven con renombrados poetas coterráneos suyos; ellos sirvieron como letristas para muchas de sus canciones, entre las que destaca mundialmente la que se titula “Peregrina”, con letra del poeta Luis Rosado Vega.
Muy llamativo es el caso de otro de los tres grandes trovadores yucatecos, particularmente el de José del Carmen Domínguez y Zaldívar, conocido artísticamente como Pepe Domínguez. Yucateco de nacimiento, visitó Cuba, recorrió el país y realizó giras por las Antillas, América Central y del Sur. Nadie duda de la atracción que sintió hacia Cuba, lugar donde le sorprendió la muerte en La Habana en 1950, y sus restos fueron trasladados posteriormente a su natal Yucatán. A Pepe Domínguez debemos piezas trovadorescas hermosas, como “El día que me quieras”, que musicaliza un poema de Amado Nervo, y “Linda Muñequita”.
Para los no acostumbrados a escuchar la música trovadoresca resulta difícil, al escuchar una de estas piezas, si se trata de un autor cubano o yucateco. Es dura tarea identificar si algo es de Eusebio Delfín o de Ricardo Palmerín; si de Guty Cárdenas o Miguel Companioni. Esas confusiones son, en definitiva, felices errores porque denotan la identidad entre dos pueblos que como parte de toda Latinoamérica nos nutrimos de una misma savia.





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