Con 78 años de vida y más de medio siglo por los caminos de la música Isabel Béquer, La Profunda, todavía pulsa las cuerdas de su guitarra para regalar melodías a la villa colonial.
En la región del Escambray amado/donde la dulce Trinidad reposa/perfumada como pétalo de rosa/dormita la cuidad policromada.
“Trinidad es mi vida, yo lo repito mil veces. He caminado por otros lados, pero tengo que volver rápidamente. Aquí están mis esquinas, mis amigos, mis piedras... Lo digo con ventura y satisfacción: nada es más hermoso que sentarme a contemplar el atardecer. Eso no tiene precio”- confiesa Isabel Béquer, una trinitaria raigal cuyo nombre evoca descargas trovadorescas, consagración, amor a la tierra que la vio nacer. Rodeada de fotografías y lauros, fruto del quehacer de tantos años, La Profunda, con su voz serena y grave, nos conduce por los vericuetos de una existencia signada por el arte.
“La música siempre ha estado conmigo. Desde que nací escuchaba a mi padre, mi tío, mi hermano, mi primo… todo el mundo cantando. Solo hice lo que mi oído escuchaba desde niña”.
¿Cómo llegó la guitarra a su vida?
Cuando era jovencita veía a una mujer llamada María Elena Vals en la ventana de su casa tocando una guitarra. Me llamó tanto la atención que pasaba por ahí día tras día. Al notar mi interés ella se brindó a enseñarme los acordes y por eso le estaré eternamente agradecida”.
¿Por qué la trova?
Fue lo que escuché desde que nací en la voz de mi padre. Todo aquello permaneció en mi corazón, en mi oído.
A propósito de la trova, ¿cómo ve su futuro en Trinidad?
“La trova va a continuar aquí, estoy segura. Tengo muchos amigos jóvenes que, aunque tocan con nuevos aires, no pierden la esencia del género. Trova no es solo Mercedes o Longina, no. Todo lo referido al amor, a cosas bonitas: eso sí es trova y en ese sentido, la juventud trinitaria está trovando muy bien”.
Pero en la ciudad no se ven muchas mujeres trovadoras…
“Sí conozco muchachas que cantan de forma estupenda pero están en grupos musicales, aunque para mí trovadores no son solo quienes tocan una guitarra sino todos los que canten con el corazón. Pero sí, extraño ver jovencitas con la guitarra al hombro”.

¿Quién es cuando no tiene una guitarra en sus manos?
Una persona que pasea un poquito y conversa con todo el mundo. Noto en los ojos de las personas el cariño hacia mí cuando se acercan para preguntarme cómo estoy o dónde estaba si estuvieron un tiempo sin verme. Nada más que eso, con guitarra o sin ella, soy la misma Isabel.
¿A qué le teme?
A nada porque Trinidad es mía. Tengo la suerte de tener hasta el cementerio aquí. Estoy segura que todos me recordarán como fui, soy y seré: de guitarra al hombro y en esquinas. ¿Qué miedo voy a tener si después de muerta voy a estar todavía en las tierras de mi cuidad?
Linda Trinidad/ de tanta historia/de palacios y jardines adornados/ Yo te llevo por siempre en mi memoria/ Y yo te brindo mi homenaje más preciado.





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