Aunque este 13 de agosto Fidel Castro arriba a sus 84 años de edad, rodeado del amor y el respeto de millones de cubanos y de seres humanos de otras latitudes, quizás no celebre su onomástico con la alegría y la tranquilidad deseadas.
Para él la felicidad es imposible, pues una guerra nuclear en el Medio Oriente y de incalculables consecuencias amenaza la paz mundial, y urge concentrar todos los esfuerzos en evitarla, de ahí su llamado a los pueblos y gobiernos de persuadir a quien tiene en sus manos la decisión del fatal desenlace o no, el presidente norteamericano Barack Obama.
¿Podría haber otro asunto de máxima prioridad como ése, del cual desde hace mucho tiempo Fidel viene alertando dada la proximidad del Apocalipsis, si la humanidad sigue destruyendo el medioambiente y el mundo se deja llevar por la política guerrerista de Estados Unidos?
Por eso duele ver cómo los enemigos de la Revolución, en su ceguera política, no se dan cuenta del peligro actual sobre la humanidad, y periódicos como El País, de España, subrayaran que el líder cubano dio su primer discurso en cuatro años ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, sin referirse a la situación interna del país o las llamadas reformas.
Nadie en el planeta como Fidel, ha luchado tanto por la paz y la supervivencia humana, dijo con mucha razón Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, casi al terminar esa sesión extraordinaria solicitada por el Comandante en Jefe, para exclusivamente analizar cuestiones relacionadas con la posibilidad de una guerra nuclear en el Medio Oriente.
Basta un simple repaso a la historia de la Revolución, desde su triunfo en enero de 1959, para constatar cómo las pretensiones imperialistas de dominar el planeta, en especial de EEUU; de invadir naciones y destruir gobiernos opuestos a sus intereses, entre ellos, el de Cuba, por ser ejemplo y faro para América Latina y el Caribe, han convertido a la propia Isla y sus dirigentes en objetivos de sus planes criminales.
Cuando la Crisis de Octubre de 1962, en que la humanidad estuvo al borde de una tercera guerra mundial, la figura de Fidel brilló por su dignidad y firmeza, y lustros después los pueblos del Tercer Mundo, de países como Viet-Nam y Angola, víctimas de las políticas hegemónicas e injerencistas de Washington y sus aliados estratégicos, agradecerían la contribución del líder cubano en la solución de conflictos regionales, que amenazaban con la paz en el orbe.
Testimonio de tales esfuerzos lo constituye su libro La paz en Colombia, que en noviembre de 2008 salió a la luz pública, y en el cual Fidel revela el contenido de importantes documentos, entrevistas y sus propias vivencias, y deja constancia histórica de los sostenidos y nobles empeños de la Isla para contribuir a alcanzar la paz en esa nación.
Incluso, Cuba fue el primer país que habló sobre la necesidad de una lucha internacional contra el terrorismo. Lo hizo a pocas horas de la tragedia sufrida por el pueblo norteamericano el 11 de septiembre, cuando el Comandante Fidel Castro expresó textualmente:
"Ninguno de los actuales problemas del mundo se puede resolver por la fuerza. La comunidad internacional debe crear una conciencia mundial contra el terrorismo. El mundo no tiene salvación si no sigue una línea de paz de cooperación internacional".




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