Ello acontecerá el 26 de octubre, como anunció hoy miércoles en La Habana el canciller Bruno Rodríguez, al presentar ante la prensa nacional y extranjera el informe al 65 período de ese órgano, sobre la necesidad de poner fin a esta política impuesta por Washington hace medio siglo.
Aunque el imperialismo yanqui y los medios de comunicación a su servicio pretenden ofrecer al mundo la imagen de que la administración de Barack Obama la ha flexibilizado con un grupo de medidas, lo cierto es que sigue estando intacta y su esencia criminal no ha cambiado.
Por eso para Cuba no constituyó una noticia sorprendente ni espectacular que el tres de septiembre pasado el propio mandatario prorrogara, un año más, la prohibición a las empresas estadounidenses de hacer negocios con la Isla. El hecho ya resulta rutinario para los inquilinos de la Casa Blanca, en contubernio con la mafia cubana-americana.
El documento de la Isla a la Asamblea General de la ONU, como los de años anteriores, recoge sólidos e irrefutables argumentos, y cifras muy actualizadas, de cuán afectados están todos los sectores de la vida económica y social del país, y su incidencia en la calidad de vida de la población.
Sin embargo, en los grandes medios de comunicación de Estados Unidos, Europa y otras latitudes suele silenciarse, omitirse o tergiversarse de que el bloqueo es la principal causa de los problemas que enfrenta la mayor de Las Antillas desde hace cinco décadas, y con más crudeza desde la desaparición del campo socialista y el recrudecimiento de la agresividad norteamericana hacia la Isla.
Si no partimos de esta realidad o principio, difícilmente podrá comprenderse por qué tantos sacrificios, esfuerzos y angustias cotidianas en el seno del pueblo, por qué tantas carencias materiales y financieras, por qué los cubanos estamos obligados a apretarnos más el cinturón y ser austeros, racionales, eficientes en la producción y los servicios, por qué recurrir a la sustitución de importaciones, al incremento de las exportaciones y al ahorro, entre otros imperativos.
Por ello no podemos admitir que a esas limitaciones, en medio también del impacto de la crisis mundial, se unan deficiencias en el orden subjetivo, como la falta de organización, de disciplina, de exigencia, de control y planificación.
En reiteradas ocasiones el Presidente Raúl Castro, además de criticar esos fenómenos, ha insistido en preverlo todo para evitar improvisaciones, derroches de recursos, malestares mayores en la población, daños irreparables a la economía y a la sociedad.
Pero volviendo al tema del bloqueo, con el apoyo de la inmensa mayoría de los pueblos y gobiernos del mundo urge seguir presionando a la administración de Barack Obama para que de manera definitiva y sin concesiones ni chantajes, ponga fin a esa política, que dura ya más de medio siglo.
De ahí que en defensa de sus principios, de su soberanía, de los intereses de su Revolución, Cuba seguirá batallando en cuantos escenarios internacionales sea posible denunciar y exigir el cese de esta guerra económica, comercial y financiera sin olvidar tampoco su batalla ideológica por contrarrestar las campañas mediáticas anticubanas.
Desde este miércoles 15 y hasta finales de octubre, en medio de tareas impostergables como las de evitar una guerra nuclear que amenace la paz mundial, la lucha por la liberación de los cinco combatientes antiterroristas presos injustamente en Estados Unidos, y la ejecución de un proceso de reordenamiento laboral y salarial, la Isla demostrará que el bloqueo no admite un día más por injusto, inmoral, criminal y retrógrado.




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