La falta de credibilidad de la actual administración de Barack Obama, el aumento cada día de su impopularidad, las pretensiones junto a su socio estratégico en Medio Oriente de llevar al mundo a una guerra nuclear, y en particular el acondicionamiento de toda flexibilización de esa criminal política a las llamadas reformas emprendidas por el gobierno cubano, no nos permiten ser tan optimista a contrapelo de quererlo.
En pocas palabras, no sorprendería que de nuevo Washington y Tel Aviv rechacen el reiterado pedido de la comunidad internacional, lo cual sin dudas sería otra gran derrota diplomática para ellos cuando comprueben que muy escasos Estados se pliegan a sus intereses.
Recientemente Obama declaró a medios españoles que La Habana “no ha producido el tipo de libertad política y económica que nos gustaría ver”, en alusión a que considera insuficientes la excarcelación de presos contrarrevolucionarios y las medidas económicas adoptadas por la Isla, de las que sólo le importan las relacionadas con el incremento de la propiedad privada o las que constituyan “una brecha” para instaurar en la Isla el capitalismo, por supuesto salvaje.
Realmente sus declaraciones demuestran falta de información, al ignorar que la actualización de nuestro modelo económico se ceñirá al sistema socialista, escogido por el pueblo cubano y sus dirigentes desde hace medio siglo, y no al mercado.
Recordemos que el tres de septiembre pasado el propio mandatario prorrogó un año más, la prohibición a las empresas estadounidenses de hacer negocios con la mayor de Las Antillas, hecho ya rutinario para los inquilinos de la Casa Blanca, en contubernio con la mafia cubana-americana.
En reiteradas ocasiones las autoridades de la Isla han manifestado que aunque el imperialismo yanqui y los medios de comunicación a su servicio pretenden ofrecer al mundo la imagen de que el gobierno de Barack Obama ha flexibilizado el bloqueo, lo cierto es que sigue estando intacta y su esencia criminal no ha cambiado.
Casi a diario, y particularmente de manera creciente en las últimas semanas, tanto en Cuba como en el resto del planeta se conoce de las innumerables acciones solidarias de condena a ese cerco, que si bien son espeluznantes los daños materiales ocasionados al país, mucho más preocupantes e incontables resultan las pérdidas de vidas humanas y lesiones derivadas de su impacto en la salud, en la calidad de vida de la población.
Amén del aislamiento en que de nuevo queden sumidos los EEUU e Israel ante la Asamblea General de la ONU, continuará la batalla por el cese de esa guerra económica hasta que algún día la Casa Blanca comprenda que derrota tras derrota, como la pronosticada para este martes 26, aconsejan cumplir el justo reclamo de la comunidad mundial y respetar las normas y principios del Derecho Internacional.




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